No se come el turrón

06.10.2015 | 07:37
No se come el turrón

Esta frase típica del fútbol que indicaba que el entrenador, tras un comienzo liguero de resultados adversos, iba a ser puesto de patitas en la calle, hoy en día en la ciudad de Alicante, y concretamente en la persona del máximo accionista del club blanquiazul, es muy posible que tenga su versión institucional. Seguramente dentro de las noticias que se han generado durante la última semana en Alicante, la anunciada por el alcalde del tripartito que gobierna la ciudad, Gabriel Echávarri, sea la de más alcance tanto en el plano social como en el deportivo. El primer edil, tras entrevistarse con los mandatarios del Instituto Valenciano de Finanzas, el mismo que venía tratando con guante de seda a Ortiz durante décadas, ha comunicado a la ciudadanía que antes de que finalice el año, el Hércules saldrá a subasta.
No es que el IVF trate ahora al por el momento dueño del Hércules con manu militari, sino que tras sus chulescas posiciones ante la reclamación de la deuda contraída, ha decidido salir de la situación de impasse en la que Ortiz y sus asesores querían llevar a las obligaciones contraídas, que como sabe bien la gente no ha sido el fuerte del empresario del ladrillo. Lo suyo casi siempre ha consistido en acumular ganancias con fáciles plusvalías, terrenos que pasaban a ser urbanizables y contactos con políticos y funcionarios para planificar en amor y compañía cualquier plan de ordenación urbana que se pusiera a su alcance.
Los socialistas y su cabeza de lista llevaban en su programa, manifestado en entrevistas y mítines, la regeneración política e institucional de la ciudad, en la que se incluía también al Hércules, forzando el cambio de timón en la entidad herculana. Parece, y nos alegramos, que al menos cumplen una de sus promesas electorales. Nadie en el Ayuntamiento de hoy en día tiene feeling con Ortiz, nadie en la Generalitat de hoy en día tiene química con Ortiz, por primera vez en muchos años el señor del ladrillo y durante tres largos lustros amo y señor del Hércules, se encuentra perdido en las instituciones políticas, en la Administración Pública. Ni compra ni vende, y contempla con desesperación cómo el poderoso imán con el que antes atraía a los moradores de las instituciones públicas, se ha tornado en un desecho de hierro sin aplicación alguna.
De esta guisa, el señor Ortiz va a comprobar en sus carnes lo que quiere decir, en sentido figurado, no comerse el turrón. Para antes de esas fechas está previsto que suceda todo, que se lleve a cabo la subasta, que alguien se haga con el control de la entidad blanquiazul, a través del 70% del accionariado y el Rico Pérez como patrimonio puesto en almoneda, y claro está una vez depositados como mínimo los siete millones de euros en los que está estipulada la salida de la puja. El Hércules cambiará de manos, unas manos limpias de polvo y paja, que en el caso que nos ocupa no serán vistas según el refranero, «prefiero malo conocido que bueno por conocer», que como todo el mundo sabe no es aplicable a todas las situaciones. Aquí el malo de la película se va en hora buena, y el que venga va a ser muy difícil que lo haga peor, no ya solo por la pura gestión deportiva e institucional, sino también en el terreno personal, en el que el máximo accionista ha venido actuando despóticamente, con altanería y perdonando vidas a todo aquel que osaba contradecir sus órdenes y caprichos. La lista de malqueridos se haría interminable.
De concretarse todo, un alivio para el Hércules y una carga de ilusión y esperanza para la afición, le deseamos buen provecho al señor Ortiz y que se coma todo el turrón que pueda y quiera en las próximas Navidades, pero lejos, muy lejos del Hércules CF.

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