04 de octubre de 2015
04.10.2015
El Punki

Ponga una CUP en su vida

04.10.2015 | 05:05
Ponga una CUP en su vida

Veinticinco años después de la caída del Muro de Berlín sigue habiendo mentes atrapadas en la sinrazón comunista. Una multitud, demasiada numerosa, apoyó en Cataluña a unos personajes que se declaran anticapitalistas, feministas y otras pendejadas. Porque si son feministas, que está bien, ¿por qué no han puesto a una mujer al frente del colectivo? Mucho hablar, y poco hacer.

Dicen en su página, y traduzco que soy de Elda, valenciano y castellano hablante: «La CUP es una organización política asamblearia de ámbito nacional, que está detrás de los Países Catalanes y que trabaja por un país independiente, socialista, ecológicamente sostenible, territorialmente equilibrado y desligado de las formas de dominación patriarcales [?] Con voluntad transformadora que luche por la libertad de nuestro "poble", en la lucha por la liberación nacional y social de los Países Catalanes».

¡Toma del frasco Carrasco! O sea, que el pueblo, que resulta ser una conjunción planetaria de Países Catalanes, entre los que supongo está mi Elda querida, está oprimido. Ese lenguaje maltrecho y mentiroso sólo lo pueden utilizar personas empeñadas en imponer un modelo de sociedad que impone sus valores eliminando al individuo. Porque la persona, para el modelo de CUP, es un mero elemento de engranaje en un «bien» superior que siempre supone su utilización. Cuando no su supeditación al modelo de sociedad elegido por una asamblea.

Cualquiera que escuchase las diatribas de esta gente se colocaba en una lucha de clases de un par de siglos atrás. Hay que ser bastante poco leído para seguir unos mensajes que protagonizan gobiernos «corales» o «rotatorios», o que imponen el sistema económico que ya ha fracasado en países tan dispares como Cuba y Corea del Norte. Este anticapitalismo maltrecho siempre es la excusa para arremolinar a todos los parias que no tienen nada. Ese populismo baratero y antisistema siempre trae consigo más pobreza. Ya está probado y que le pregunten a esos pueblos, donde, por cierto, la gente no puede votar, qué les parece el sistema colectivo económico.

Uno de ellos le sacó una zapatilla al corrupto Rato como gesto anticapitalista y de camiseta barata. En la misma estancia, acompañó al también corrupto Pujol, pero esta vez lo hizo amablemente, era un ladrón de los suyos. Esto tiene este colectivo de camisetas y puños en alto. Que su enfermedad es defender a los suyos, aunque roben, y pronosticar el fin del «Imperio Español» porque les roba. Yo pago más impuestos porque gano más y eso está muy bien. Y Cataluña aporta más al fondo común porque es más rica. Eso es la solidaridad. ¿No? Porque estos socialistas de puño en alto de la CUP son los más insolidarios. Hablan de territorios, por eso lo de los Paisos Catalans, cuando la gente no llega a fin de mes. Su modelo es simplemente aniquilante con los que no piensan como ellos. Fueron capaces de justificar la presencia de ETA. Y de Terra Lliure. Hablan del estado represor como si pegarle un tiro a un guardia civil, a un policía nacional o a un periodista fuese parte de su estrategia política. A lo peor lo es.

Demasiada gente les ha votado, pero no tantos como para tener preocupación. Los que no creemos en esa manera de hacer política lucharemos, sin tiros en la nuca, para hacer posible otra forma de sociedad. Claro que hay más gente que no es anti sistema. Y eso lo saben ellos que agitan las banderolas de la independencia y grita «Adeu Espanya». En el pecado llevan la penitencia. Unas soflamas de pacotilla para decir que Cataluña no debe de compartir su riqueza con el resto de España. Pero, ¿estos no eran socialistas por el bien común? La pela es la pela, debería haber sido su mensaje.

Podrán sumar los votos que quieran, que siempre me tendrán enfrente. No quiero una sociedad controlada por gente que piensa que el colectivismo económico es la solución. Menos zapatillas y más curro. Que lo que este país necesita es que se apoyen a los pequeños y medianos empresarios que levantan las persianas cada mañana y se esfuerzan con su familia y dinero. Supongo que a eso lo llaman capitalismo. Porque no saben lo que es arriesgar y sufrir. Son anti de todo. Pero no me convencen ni un ratito. Para ellos toda esa parafernalia colorista.

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