03 de octubre de 2015
03.10.2015
El mundo por de dentro

Más provisional

03.10.2015 | 03:58
Más provisional

Si la polarización entre secesionistas versus unionistas divide al electorado, la división izquierda derecha también, y hace en mi opinión inviable un gobierno catalanista

Cada vez que habla sube el pan, suele decirse de los que desperdician las ocasiones de callarse. Mariano Rajoy dio pruebas en la campaña catalana de la capacidad que tiene para hacer subir el pan, en particular con la reforma del Tribunal Constitucional o cuando se refirió a la pérdida de la nacionalidad española; justificó, además, porque es el político más conocido y el menos valorado. Lo suyo no es tender puentes. Y ahora, tras las elecciones, ha salido para repetir lo del respeto a la ley y la Constitución, ¿pero la política no está para cambiar la ley y adaptarla a las necesidades de los ciudadanos? El Partido Popular tiene un serio problema con el candidato de las generales, pero nadie se va a atrever a decirle al rey Rajoy que va desnudo. Para terminar de arreglarlo ahora empapelan a Artur Mas, y el ministro de Justicia explica lo que no le corresponde: por qué lo han imputado ahora y no antes; la fiscalía, claro. Lo que no explica es por qué el fiscal general anterior dimitió en su día para manifestar su desacuerdo. Van a conseguir hacer de un muerto viviente un mártir. Eso es visión política para mejorar la situación.

Hace unas semanas me preguntaba en voz alta ¿y ahora qué? Ya ha pasado una semana desde el día 28 y estamos en la misma situación o peor. Para desentrañar el puzzle hay que tener en cuenta algo que apenas se ha dicho: Los 62 de Junts pel Sí no son, ni de lejos, un grupo homogéneo: hay 30 diputados de Convergencia, el partido de Mas; 21 son de Esquerra Republicana de Catalunya y 11 son «independientes» de diversas entidades sociales. Pueden ponerse de acuerdo en el tema de la independencia; pero es muy dudoso que puedan estar o llegar a un acuerdo estable en cualquier otro programa o actuación (igual con la ayuda de Rajoy). Ahora, añádale los 10 diputados de la CUP y agítese con cuidado. Sólo se unirían en lo que han llamado «el procés», como la novela inacabada de Kafka, todo muy propio.

Con ese panorama si la CUP no vota a Mas, como parece lo más probable, Mas no será reelegido presidente; pero es difícil que lo sea cualquier otro –Raül Romeva u Oriol Junqueras– porque los 30 diputados de Convergencia no darán la Presidencia a candidatos de izquierda o anticapitalistas. El 26 del mes que viene se debe constituir el Parlament, y el 9 de noviembre celebrar la primera votación; si en las sucesivas no hay mayoría de síes, antes del 26 de diciembre, deberán convocarse de nuevo elecciones autonómicas. Irían cuatro elecciones en tres años.

Aunque eligieran a Mas es difícil que puedan ponerse de acuerdo en un programa. En un cuadro de doble entrada derecha izquierda, unionistas secesionistas. Sólo estos últimos pueden alcanzar una mayoría suficiente que tendría que pasar por la presidencia de Artur Mas; en cualquier otra alternativa la clave la tendrían los 11 independientes de la candidatura de Junts pel Sí que nunca gobernarían con el PP. De la misma forma que la propuesta que ha hecho la portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas, necesitaría el apoyo de esos mismos 11 independientes. O la propuesta de Pablo Iglesias de convocar un plebiscito oficialmente, ahora ya ha sido rechazada por ERC. Si la polarización entre secesionistas versus unionistas divide al electorado; la división izquierda derecha también, y hace en mi opinión inviable un gobierno catalanista. El resultado, difícilmente evitable, es que se solapen la campaña de las generales, las dos primeras semanas de diciembre, con las votaciones para elegir president o con las autonómicas. O si se agotan los plazos, el 26 de diciembre se convocarían de nuevo elecciones autonómicas en Cataluña durante el mes de enero, ya con un nuevo gobierno en Madrid, que no tendría en esos momentos interlocutor válido en el gobierno en funciones de Cataluña, hasta después de las autonómicas.

¿Y ahora qué? ¿Quién resuelve los temas pendientes en Cataluña –se me ocurre lo de Seat– los próximos tres o cuatro meses? La interinidad del gobierno catalán está servida. Aun poniéndose de acuerdo en la elección de president, luego hay que gobernar el día a día, y los gobiernos de Mas están especializados en campañas y elecciones.

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