El túnel

30.09.2015 | 03:59
El túnel

La personalidad neurótica, que según los estudios, se presenta en un porcentaje de entre el 5 y el 15 por ciento de la población, se caracteriza, entre otras cosas, por la negación como mecanismo habitual para hacer frente a una vida que le duele o le desagrada. El neurótico evita afrontar los problemas que se le presentan, y por eso, su existencia trata de pasar «de puntillas» por ciertas regiones demasiado dolorosas. De este modo, su existencia se limita enormemente.
En este sentido, el escritor argentino Ernesto Sábato, fallecido hace cuatro años, describió con minuciosa exactitud, y hasta sus últimas consecuencias, la personalidad neurótica, en su novela El túnel, a través de un personaje protagonista quien, en un momento de la narración comprende el origen de su angustia: «?en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles».
Convivir con hombre o mujer neuróticos puede no ser fácil, especialmente si se desconocen estas características de su personalidad. El neurótico se distancia de todo aquello que supone que puede dañarle, para observarlo con precisión, para protegerse, para estar prevenido. Analiza cada detalle con el rigor de un científico o un matemático, aunque dicha actitud temerosa hace que él mismo se salga de la ecuación, y por eso, le cuesta comprender que quizá, es él quien genera los problemas en la relación, o causa la indiferencia del otro.
Este distanciamiento y la negación anteriormente mencionada, le llevan a experimentar una sensación intensa de vacío y soledad, una angustiosa incertidumbre ante todo lo que no puede controlar. En suma, una confusa oscuridad al prohibirse a sí mismo salir de ese túnel estrecho donde se mantiene a salvo, pero sin poder acercarse realmente a otro ser humano. Además, cada desengaño, cada herida emocional, reafirman su creencia de que el mundo es un lugar hostil. Por ello, una estrategia de afrontamiento para todos estos síntomas es la de obligarse a exponerse. Caminar nuevos senderos, aunque desconozca su destino, encontrar la felicidad en el único lugar donde realmente habita: las inciertas regiones de lo incontrolable.

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