¿Y ahora qué?

29.09.2015 | 04:10
¿Y ahora qué?

Victoria en número de escaños de la formación que promueve la secesión en Cataluña, aunque no han conseguido ganar en porcentaje de votos. Se abrieron las urnas y los ciudadanos que se sienten sólo catalanes, también los que se consideran catalanes y españoles o sólo los que tienen un sentimiento español pero residen en Cataluña han hablado y han ejercido su derecho democrático. Todos aquellos que han querido lo han hecho. Y la mayoría ha sido para Junts pel Sí, que aglutina a los soberanistas, mientras el PP se hunde y el PSC aguanta como puede. Por cierto, ¿las eleciones del domingo no eran para elegir un nuevo Parlament de Cataluña y un nuevo president de la Generalitat? Lo digo porque unos y otros, los de allí y los del centro del Estado, han estado durante toda la campaña haciéndole el juego a Mas hablando de si es mejor o no salir de España y de la Unión Europea. Hasta un ministro de España, el señor Margallo, estuvo en un debate televisivo con el líder de Ezquerra Republicana, señor Junqueras. Es evidente, en esto de la propaganda ha ganado Mas, llevando unas elecciones autonómicas al estatus de plebiscitarias y tapando el verdadero debate importante que tras las elecciones sigue afectando a los ciudadanos en Cataluña: los déficits que tiene la sociedad catalana, los recortes que el Gobierno catalán ha realizado en la sanidad y en la educación pública o en Dependencia, el número de pobres existentes que sobreviven por la caridad y los comedores sociales o la carga fiscal de la sociedad catalana. Y en cualquier plebiscito se recuenta el número de votos. Pues bien, ahí Mas y Junqueras no han ganado.
Ya están donde cada uno de los actores principales querían. El diálogo de sordos entre Rajoy y Mas sobre el devenir de todo un pueblo, de todo un país, estaba en el cálculo de lo posible. Y los dos lo han conseguido. El choque de trenes está a punto y tanto a uno como a otro, en el fondo, les beneficia. A Mas porque sale fortalecido, no se sabe para qué, y a Rajoy porque cualquier acción que haga para mantener la soberanía nacional (suspensión de la autonomía, etcétera) y la negación para dialogar le fortalece ante el público conservador y fundamentalista de la ultra derecha –que los hay–, lo que le auguraría un buen resultado en las próximas elecciones generales. Supongo que esto es lo que don Mariano tiene en su estrategia cortoplacista. Lleva toda una legislatura negándolo todo, y a todos. Prefiere dejar pudrir cualquier situación incómoda antes que ejercer de «estadista» y solucionarlo, desde la palabra y con diálogo. ¿Y ahora qué? Es la pregunta del millón. ¿Se atreverá el señor Mas a realizar una declaración unilateral de independencia? ¿Será Rajoy, al final de su legislatura, el presidente que todos hubiéramos querido para nuestro país, abriendo vías de diálogo y propugnando un cambio en nuestra Carta Magna que encaje la singularidad catalana? Lo veremos. Y mientras, la sociedad sufriendo los recortes en un lado y en el otro, y con el paro como asignatura pendiente tanto para Mas como para el presidente Rajoy.
Y en ese desesperante camino por el desempleo hay un colectivo que está siendo la diana del paro: los jóvenes. Pues sí, desesperante y tortuoso. Así definiría yo el camino que tienen que recorrer nuestros jóvenes para acceder al mercado laboral. Pero no lo digo yo sólo sino que también lo indica el último informe de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Nuestros jóvenes tardan una media de seis años en encontrar su primer empleo mientras en otros países como Dinamarca lo consiguen en sólo dos. Los jóvenes españoles escogen empleos por horas por obligación, y uno de cada cuatro trabajan a tiempo parcial. Otro dato espeluznante recogido en el informe de la OCDE es el que refleja que el 71% de los empleados entre los 15 a 24 años lo hacen con contratos temporales. Esto es lo que importa a la ciudadanía en nuestro país, más allá de las señas de identidad y de los sentimientos de cada cual. ¿No les parece?
En nuestro país se han perdido derechos individuales y colectivos, hemos retrocedido décadas en las conquistas sociales, los ciudadanos han sufrido recortes salariales, y hasta las condiciones de vida se han visto negativamente modificadas. Y ningún gobernante ha tenido el detalle de preguntárselo a la gente. Ahora es el momento de hacer de esta democracia «sedada» una democracia más real y participativa, donde los hombres y mujeres de este país decidan, decidamos, el destino de las cosas importantes. Y una petición para los políticos y gobernantes mediocres: váyanse por el bien de España y los españoles. Ni más ni menos.

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