Tribuna

UN NUEVO URBANISMO PARA UNA NUEVA CIUDADANÍA

27.09.2015 | 02:34
UN NUEVO URBANISMO PARA UNA NUEVA CIUDADANÍA

Más que una reivindicación, la participación es una práctica creativa en la que el ciudadano no es un cliente del Ayuntamiento, sino un actor que decide sobre su vida

La próxima revisión del PGOU de Alicante adquiere una relevancia especial, no solo como consecuencia de las circunstancias de todo tipo que han confluido en el proceso que se inició hace quince años y que terminó con su suspensión, sino porque la revisión del plan se propone ahora en un nuevo escenario y con nuevas exigencias, a la luz de las cuales habrá que encauzar el camino a recorrer. Entre ellas, destacan las siguientes:

1. La primacía de la gestión de la escasez sobre la ordenación del crecimiento, consecuencia de la crisis económica y sus secuelas.

2. El nuevo escenario político, local y autonómico, surgido de las elecciones de mayo, en el que la recuperación de la dimensión pública y el papel activo de la ciudadanía aparecen como los ejes rectores en la construcción de la ciudad.

3. La exigencia de un nuevo compromiso profesional con la urbanística, que en los años de la «burbuja» estuvo dominado por una teoría y una práctica instrumental dirigida hacia un urbanismo puramente normativo destinado a delimitar los derechos, e intereses en muchas ocasiones, de los promotores antes que a la transformación de la ciudad.

4. El plan general deberá de afrontar la nueva realidad territorial que exige la interdependencia y cooperación entre ciudades que comparten un territorio común.

5. Un nuevo marco jurídico como el dictado por la nueva ley urbanística comunitaria (LOTUP) que apenas ha cumplido un año de vida.

Responder adecuadamente a estos retos definirá el carácter innovador del nuevo PGOU. Una de las exigencias determinantes de ese carácter será la participación pública. La «participación» se ha convertido en una especie de «mantra» que se utiliza para todo, pero hay que preguntarse si se tiene claro de lo que se está hablando. En este artículo se expone una reflexión sobre esta práctica social y su aplicación al planeamiento urbano.

La participación pública en el urbanismo es el derecho y el deber ciudadano a intervenir en la construcción y gestión de la ciudad, desde el planeamiento a la calidad de los servicios, de la vivienda y del espacio público. Más que una práctica social reivindicativa, es una práctica creativa en la medida que el ciudadano no es un cliente del Ayuntamiento, sino un actor que decide sobre su vida y que demanda que esta se desarrolle en un espacio urbano de calidad ambiental, material, social y democrática. Alguno de los objetivos, muy resumidos, de la participación pública, no solo para el planeamiento sino para otros proyectos urbanos, serían los siguientes:

1. La participación debe de tener una finalidad pedagógica: para cambiar la ciudad hay que conocerla, no solo en el plano de la experiencia, sino aproximándose al conocimiento y nociones básicas de su organización, gestión, planeamiento y construcción.

2. La participación esun medio para incrementar y consolidar la cohesión social en la ciudad.

3. La participación será reflexiva, crítica y deliberativa; debe de estar dirigida a promover la conciencia cívica, y a desarrollar las capacidades autónomas de los ciudadanos: nadie puede decidir en nombre de otras personas lo que es mejor para ellas sin contar con ellas.

4. La participación constituye un instrumento social motivador y canalizador de iniciativas y propuestas de la ciudadanía.

5. Mediante la participación, los vecinos tienen que tomar conciencia de que la ciudad no termina en su calle ni en su barrio. Crear una conciencia de ciudad no solo es una exigencia de solidaridad sino una forma de favorecer la comprensión, la interpretación y la transformación de la ciudad como tarea colectiva.

6. Los programas de participación pública en el planeamiento urbano deben de ser, por razones obvias, competencia del Ayuntamiento y no solo del equipo redactor como le atribuye la legislación autonómica.

Algunas de las dificultades para desarrollar con éxito un programa de participación pública durante la redacción de un PGOU giran en torno a varias cuestiones. En primer lugar, el proceso de redacción de un plan general se concibe como un proceso político y técnico muy centralizado y desarrollado de arriba-abajo. Por tanto, para poder poner en práctica los objetivos de la participación expuestos más arriba, sería necesario invertir ese modelo jerárquico hacia otro más horizontal. En segundo lugar, el tamaño de la ciudad y la extensión de su territorio son factores que pueden afectar negativamente a la participación, por la dificultad que tienen los ciudadanos de percibir la ciudad tal como se configura en la actualidad. En tercer lugar, la experiencia nos muestra que los documentos de planeamiento suelen ser muy abstractos y difíciles de interpretar por el ciudadano de a pie, lo que exigirá un esfuerzo para introducir un lenguaje apropiado, escrito y gráfico, en los documentos que circulen entre los ciudadanos. Y finalmente , el largo periodo de duración de los trabajos de redacción y tramitación del plan son factores que pueden afectar a la motivación, interés y dedicación de la gente hacia la participación. Lo que se quiere decir con estos comentarios es que el programa de participación pública en el PGOU no se puede improvisar si se quiere alcanzar sus objetivos sin quedar en un voluntarismo estéril.

De las cuatro grandes dimensiones estructurales de una ciudad: ambiental, social, económica, y espacial, el PGOU sólo tiene competencias directas sobre la última de ellas. La limitada capacidad transformadora que tiene el plan general, requiere que sus contenidos y objetivos estén vinculados a un proyecto estratégica de ciudad que contemple todas sus dimensiones estructurales a las que el planeamiento debe de contribuir a impulsar y materializar. Por ello, sería conveniente, y clarificador, que el gobierno municipal, previamente al inicio de los trabajos de revisión del PGOU, elabore un documento donde se recojan los criterios y objetivos que regirán el desarrollo del mismo de acuerdo con el proyecto de ciudad que proponen.

Es en este documento de objetivos donde deberá fijarse el programa de participación pública a lo largo de la redacción del plan, recogiendo su finalidad, metodología, fases y calendario.

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