21 de septiembre de 2015
21.09.2015
Aprendamos a vivir mejor

En el día del Alzheimer

21.09.2015 | 00:58
La demencia más frecuente es la enfermedad de Alzheimer.

¿Qué son las demencias? Son enfermedades degenerativas del sistema nervioso en las que se deterioran de forma progresiva las capacidades cognitivas: memoria, hablar o entender, cálculo, pensamiento abstracto, resolución de problemas, juicio, reconocer e identificar objetos o personas, etc. Ello entorpece las actividades de la vida diaria, altera el comportamiento con agitación, agresividad, delirios, alucinaciones o depresión, etc. Son cada vez más frecuentes, entre otras cosas porque afectan a los mayores en una sociedad que envejece. Usted las conoce ya que se relaciona con demenciados y la han padecido Reagan o Suárez; empiezan olvidando nombres, cifras, caras? luego pueden ser problemáticos para ellos o los demás: por ejemplo si no apagan fuegos y se extravian en su calle. Probablemente recuerden a Henry Fonda extraviado en un bosque en la película El estanque dorado.

¿Una o varias? ¿Y son iguales todas? Hay muchos tipos de demencias según sus causas y localización lesional. La más frecuente es la enfermedad de Alzheimer (60-80% de ellas). Su causa se desconoce, pero los afectos acumulan en las células del cerebro (neuronas) sustancias de desecho (proteína tau que se deposita formando placas neurales y ovillos de neurofibrillas en su interior, lo que daña sus funciones y las mata). Otras demencias frecuentes son las de tipo vascular, (10-20% de todas), se relacionan con la existencia de lesión en muchos pequeños vasos del cerebro, que se ocluyen y dejan sin riego a muchas zonas de este órgano. Son como ratones que van haciendo agujeros en el queso hasta destruirlo. Otras demencias combinan ambas situaciones, o se asocian al Parkinson. Más raras son la demencia de cuerpos de Lewy o frontotemporal, pero frecuente en jóvenes.

En ocasiones precediendo a la demencia hay una fase de deterioro cognitivo leve. Para saber si acabará en demencia se han identificado biomarcadores en líquido que baña el cerebro (cerebroraquideo) o de neuroimagen; parece relacionarse con la edad del sujeto, los valores encontrados en los tests y los niveles de apo proteína E.

Las demencias son frecuentes en los ancianos. Hay un efecto por cada 100 personas a los 60 años, y de 30 o 40 a los 85 años. Afectan más a mujeres y más si hay en la familia del afecto otros demenciados. Son más frecuentes si el nivel educativo de la persona es bajo. Pueden afectar a jóvenes y en este caso puede haber un defecto en un gen que regula la formación de una proteína transportadora de lípidos (la apoproteína E).

Pocas veces las demencias pueden ser reversibles: si aparecen porque hay en el enfermo un déficit de hormona tiroidea, de vitamina B 12 o ácido fólico, padece sífilis, o sida, etc...

No toda pérdida de memoria es Alzheimer. Muchos ancianos tienen una pérdida de memoria o distracción benigna del anciano por depósito de la proteína beta-amiloide en los vasos cerebrales y no predispone a la demencia sino a hemorragias cerebrales. Procesan lentamente la información, se olvidan de los nombres, se les altera más la memoria inmediata, y es más evidente si el afecto no presta atención o lo que se solicita es complejo o difícil. Se diagnostica por tests. Suelen ser conscientes de sus deficiencias y con frecuencia asocian depresión o irritabilidad.

¿Y cómo evoluciona? La demencia suele ser un proceso largo, progresivo y con complicaciones: infecciones en la orina o el pulmón o dificultad para alimentarse porque los enfermos no tienen apetito o se atragantan. Si progresan hay más deficiencias: se pierde el control de la orina (requieren pañales) y el de las heces. El enfermo necesita ayuda para ducharse, vestirse o caminar. Se desorientan y se pierden. En otras se limita su movilidad y requieren un andador. Se limita su habla o repiten frases o palabras, se vuelven agresivos, y pueden no reconocer a familiares o amigos. Más tarde puede quedar inmovilizados e incluso, al descansar el peso de su cuerpo inmóvil sobre la cama, pillan la piel y hacen úlceras por presión en los talones o por encima del ano(sacro).

¿Cómo se diagnostican? Su diagnóstico se hace con mucho retraso. No hay un análisis que las defina. Habitualmente se hacen pruebas o tests que valoran el deterioro de las funciones superiores. La ciencia se esmera en asegurar antes los diagnósticos: por imágenes del cráneo que permiten detectar la proteína que acumulan o en el líquido cefaloraquideo. Son técnicas de uso limitado.

¿Se contagian? Hace pocos días se planteó que la sangre o los órganos de un enfermo de Alzheimer podía transmitir a otro la enfermedad. Luego se ha desmentido.

¿Se transmiten? Algunas demencias, aunque se expresen en la madurez-senectud tienen una base genética importante, y se hacen presentes en varios miembros de una familia.

¿Podemos prevenirlas? Parece que ayuda a no tener Alzheimer el mantener una vida intelectual y social activa, vivir en pareja, haber recibido la terapia hormonal que evita los síntomas de la menopausia, o la toma regular de antiinflamatorios no esteroideos, mantener el colesterol en valores normales con estatinas e incluso algún estudio dice que las previene tomar alcohol a dosis bajas.

¿Cómo se tratan? Hay que saber que las demencias hoy no se curan, pero también que no todos los enfermos presentan todas las manifestaciones. Es posible mantenerlos con calidad de vida durante cierto tiempo, y conviene un manejo multidisciplinario. Se precisa una supervisión estrecha del enfermo, vigilarle por su seguridad, evitarle caídas, controlar la automedicación, plantearse en qué momentos debe dejar de conducir o realizar actividades regulares en la vida diaria como cocinar. Conviene plantearse pronto los aspectos legales: testamentos, anticipo de voluntades, etc.

Les favorece tener estímulos cognitivos y motores como caminar, que oigan música, preservar en ellos las rutinas diarias y las actividades de la vida, usar con ellos recordatorios y practicar ejercicios mentales: crucigramas, etc.. No se les deben confrontar en sus déficits. Es dependiente para muchas actividades y más a medida que la enfermedad progresa. Se precisa un cuidador que soporte la dureza de la situación. En ellos es frecuente la ansiedad, depresión y quemarse. Es imprescindible ayudarle para que no desfallezca, tenerle informado de las posibles complicaciones que pueden aparecer, liberarle de su trabajo períodos de tiempo, favorecer que cambie de actividad, y si es posible que sean más de uno. Otras veces el enfermo se interna en una residencia, donde le ofrecen esos cuidados, y son útiles los centros de día, grupos de apoyo, educadores, etc. En este momento existen muchos estudios en marcha que pueden cambiar el futuro de la enfermedad: fármacos que disminuyen la producción de la proteína beta amiloide, o vacunas contra ella, neuroprotectores, e incluso el uso de células madre.

Para tratarla se disponen de algunos medicamentos que en las fases iniciales retrasan la progresión pero consiguen menos en las formas avanzadas. El tratamiento se orienta tanto a la demencia como a sus complicaciones. En los trastornos del sueño suelen ser útiles las benzodiacepinas. Los antioxidantes, el alfa tocoferol, la terapia hormonal o la vitamina E no parecen detener la enfermedad. No conviene realizar cambios terapéuticos bruscos. En cada fase hay que ofrecer identificar sus necesidades, plantear los fármacos eficaces y posibles efectos secundarios.

Luego: ¿Cantidad de vida o calidad de vida? Más tarde suele aparecer alguna complicación aguda que pone en peligro sus vidas. Ya están en fase vegetativa y han perdido su conexión con la realidad. Suele ser una infección o dificultades en su alimentación. Conviene cuidar la comida: si tiene dificultad en tragar pensar en dietas trituradas, y si se atraganta usar espesantes. Dar de comer con el enfermo incorporado /sentado y con paciencia. También importan los cambios posturales frecuentes para evitar las heridas por la inmovilidad. Hay que decidir hasta qué punto se es agresivo en las medidas a tomar. El confort del enfermo es fundamental y según la doctrina católica no es imprescindible tomar iniciativas más allá de lo razonable; sería alargar una lenta y larga agonía. Como no sabemos cuál será nuestro futuro, conviene no dejar a los demás una pesada herencia: qué hacer con nosotros si no podemos decidir, y llevamos una vida casi vegetal llena de complicaciones. ¿Hasta donde llegar con tratamientos activos, o importa la cantidad o la calidad de vida? Supone dejar escrito el testamento vital o voluntades anticipadas. Puede rellenarse en cualquier centro hospitalario, es sencillo, gratis, se puede cambiar tantas veces como se quiera, y allí se expresa todo lo antedicho e incluso si se quiere donar alguno de nuestros órganos (en el momento que ya no los necesitemos).

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