20 de septiembre de 2015
20.09.2015
Sol y Sombra

Liturgia británica

20.09.2015 | 14:38
Jeremy Corbyn habla tras su anuncio como nuevo líder laborista.

Para quienes están dispuestos a extraer conclusiones definitivas de la liturgia patriótica británica, Jeremy Corbyn jamás será primer ministro del Reino Unido por no entonar «God save The Queen» en el 75º aniversario de la Batalla de Inglaterra. ¿Quién sabe? Hay ciertos mecanismos que operan en las conciencias de los electores capaces de anticipar cualquier descalabro, y las conciencias inglesas son especialmente sensibles hacia el desprecio de sus símbolos nacionales.

Corbyn, la gran esperanza de la izquierda, ha sufrido supuestamente su primer revés por desairar a la Reina en la catedral de San Pablo, desabrocharse el cuello de la camisa y llevar la corbata suelta, y tras haber elegido como número dos al hombre que dijo públicamente que las bombas y las balas del IRA habían obligado al Gobierno a negociar una salida para el Ulster. Probablemente cada una de estas cosas debería medirse con distinta vara y, sin embargo, todas ellas juntas han significado para el líder laborista su primer naufragio ante la opinión pública.

El laborismo respetuoso con el establishment se asustó tras la victoria de Corbyn. Ahora sabe que sus temores no eran infundados. Los tories se frotan las manos. Hasta ahora no han hecho otra cosa que aprovecharse de la empanada de sus adversarios políticos. La tercera vía de Blair resultó ser imperceptible en parámetros de la izquierda.

Attlee, que procedía de la clase alta, se impuso en la paz a Churchill, el hombre que había ganado la guerra. Los laboristas sentaron las bases del estado del bienestar hasta que la economía se hundió. Cuando los británicos se dieron cuenta de ello era demasiado tarde y acabaron eligiendo una receta que, como luego se demostró en ciertos aspectos sociales, consistía en matar moscas a cañonazos.

Corbyn ha dicho que las cosas pueden y van a cambiar, y ha empezado por perderle el respeto a la elemental liturgia británica. Nadie hasta ahora, con aspiración de llegar a primer ministro, lo había hecho. Attlee hubiera preferido tragarse su pipa.

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