15 de septiembre de 2015
15.09.2015

La puerta dorada

15.09.2015 | 10:21
La puerta dorada

En la base de la Estatua de la Libertad se puede leer un canto de bienvenida y acogida a las muchedumbres de refugiados e inmigrantes que llegaban a Nueva York de otros países. La autora del poema, Emma Lazarus, llama a la estatua «Madre de los Exilados» como signo de una América libre y acogedora, ella que era judía, de descendencia portuguesa. El Nuevo Coloso (que así se llama el poema, rememorando al Coloso de Rodas), es un canto a la libertad, a la solidaridad y a la acogida, bajo cuya sombra encontraron amparo millones de inmigrantes que buscaban una nueva vida. No fue un encargo más, pues la propia Lazarus se trasladaba casi a diario a la isla de Ellis para recibir y brindar una cálida acogida a las multitudes que venían huyendo de persecuciones y de guerras, esperando ansiosas el permiso para desembarcar en Nueva York.
Este poema claramente entroncado con la libertad mundial, finaliza con estos sentidos versos: «Dadme a vuestros derrotados, a vuestros pobres, Vuestras masas gimiendo por respirar en libertad, los despreciados de vuestras hacinadas costas. Enviadme a estos, los desposeídos, sacudidos por las tempestades. ¡Yo levanto mi faro junto a la puerta dorada!». La puerta dorada€ quién sabe si la poetisa buscó la alegoría haciendo un guiño a la otra Puerta Dorada, la que sigue siendo la entrada más antigua amurallada de la Ciudad Vieja de Jerusalén, que también se le conoce como Puerta de la Misericordia o también Puerta de la Vida Eterna. Si no fue esa su intención, no está de más el paralelismo entre ambas frente a los muros, negros como tizones, de exclusión que llevamos tiempo levantando el Primer Mundo; allí, con sus muros físicos cerrando el paso de México para abajo; y aquí, porque nos ha sobresaltado la crisis humanitaria de los asilados descentrándonos del Ibex 35. Como si no hubiese noticias e indicadores suficientes de que esta avalancha humana iba a producirse.
Grande debe ser la ignominia de nuestros gobernantes cuando el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, se ha rasgado las vestiduras lanzando una declaración impensable hace unos días, a propósito de las cuotas de refugiados que Merkel advertía que tenemos que acoger. La desvergüenza de Lampedusa ni el cinismo horrible ante miles de refugiados que vagaron sin puerto de atraque durante semanas por el Mediterráneo, han sido suficientes para que nuestros gobernantes mostrasen un atisbo de humanidad. Las dichosas cuotas han logrado mostrar todas las miserias con el encendido discurso humanizado de Jean Claude Juncker quien ha denunciado y ha propuesto soluciones incluso dando cifras en euros, que es lo único que parece gustar a Rajoy y otros como él.
Juncker ha pedido la creación de un fondo fiduciario de emergencia de 1.800 millones de euros para ayudar a África y atajar la inestabilidad de la región y las causas de la inmigración ilegal de África. ¡Bravo! La pena es que él «espera que todos los Estados miembros de la UE participen en su financiación». O lo que es lo mismo, no puede imponerlo porque algunos Estados van a responderle que no, mientras que en los temas de recortes y finanzas, nadie puede ni chistar. Ha tenido que recordar que todos en Europa hemos sido refugiados en algún momento, haciendo hincapié en el bochorno de que los refugiados sólo representan el 0,11% de la población de la UE, mientras que en un país como el Líbano llegan al 25%.
El problema que ahora se llama Siria o Estado Islámico es el problema de las dos terceras partes de la humanidad. Nuestro modelo tiene muchas grietas inconfesables y cada vez más escandalosas. Aun así, es urgente que todos los Estados miembros de la UE pongan en marcha una responsabilidad ética común, basada en la solidaridad y la confianza. Si no queremos que vengan asilados e inmigrantes, no permitamos que se destrocen sus economías, no alimentemos sus guerras, no nos cerremos en una globalización financiera que les excluye del bienestar.
Se abre una escotilla a la esperanza. Emma Lazarus (1849-1887) seguro que estaría contenta escuchando a Juncker, sobre todo por el tono empleado. Nunca es tarde para aceptar la realidad y ser capaz de sentirse parte del problema y de la solución. El Papa Francisco, Jean Paul Juncker€ ¿Quiénes serán los siguientes que impulsen las soluciones para que un día, más pronto que tarde, una mayoría de personas pueda sentir que la puerta dorada forma parte de sus casas?

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