Pisando charcos

Fin del verano. ¿Nos divorciamos?

05.09.2015 | 04:14
Fin del verano. ¿Nos divorciamos?

Crear una familia no es fácil. Se trata de construir una base fuerte, una unidad. Vivir en familia es salir al mundo sabiendo que existe un hogar donde te acogen, donde vuelves y sientes calor. Para hacer una familia es necesario el respeto, la comunicación, la responsabilidad, la generosidad así como crear unas tradiciones que supongan la complicidad de todos los miembros . Y sobre todo una gran dosis de paciencia. Por ello, salvo en los casos de maltrato, merece la pena luchar por esa bandera que hemos creado con el escudo de unos apellidos. ¿Acaso no merece la pena reflexionar antes de dar por finalizada una relación? La familia: la esencia de la vida.


Lo triste es que esto no es siempre así. La convivencia, a veces, se hace complicada y en ocasiones se comparte la vida con quien termina siendo un auténtico desconocido. El estrés y la vida contra reloj provoca que muchas parejas no tengan tiempo para el diálogo, uno de los pilares básicos en toda relación. Comidas a unas horas, llegadas a otras, cada uno por su lado, el cansancio tras asistir a los niños... en vez de recibir a la pareja cuando llega a casa con una sonrisa, se le recibe con cara de perro. Se acaba la pasión, el deseo, lo que había por compartir incluida la ilusión por los proyectos que un día dibujaron con tanta complicidad.


Esto se acentúa tras el verano. En vacaciones muchas parejas descubren que son dos auténticos desconocidos. Durante el invierno, cada uno va a su ritmo y pasa inadvertido la falta de complicidad, diálogo, etcétera... sin embargo, en verano la relación se tensa. Son muchas horas de convivencia y duras cuando se ha perdido la esencia de la relación, la chispa que mantiene la llama ardiendo. Empiezan las discusiones y el no te aguanto más, desembocando en conflictos, que muchas veces terminan con la visita al abogado para pedirle que prepare la demanda de divorcio.


Cuando la relación no tiene posibilidad de solución, cuando es la voluntad de una de las partes terminar con la unión, puede ser lo mejor: el divorcio. Aunque es aconsejable intentar salvar la situación antes de tomar decisiones precipitadas, es cierto que en los casos donde el conflicto reina, lo mejor es disolver la unidad familiar. Hoy es fácil con el divorcio exprés asesorado por un buen profesional.


Cuando nos conformamos con lo que estamos viviendo sin interés de ver más allá, lo que nos entusiasmaba antes ya es rutina. Cuando se deja de admirar a quien comparte la vida contigo, tu sonrisa es menos intensa y deja de soñar, ha llegado el momento de pensar que existe un problema y necesita solución.


Es momento de un cambio. Crecer con esa unión si ambas partes quieren, o disolverla si no hay solución con un divorcio o separación. Porque al cambio irá unida la liberación de toda la capacidad que está escondida tras los silencios y la falta de miradas. Si quieres progresar, desde el primer cambio se activarán los siguientes que son los que te ayudarán a desarrollar toda la capacidad para dar solución al problema.


El concepto de familia ha evolucionado. El matrimonio se basa en el amor y hace efectiva la entrega mutua entre los cónyuges. Se supone que deben disfrutar de unas sólidas relaciones interpersonales. La pena es que se rompe cada día con más facilidad dando paso a nuevas historias, nuevas familias que se constituyen en ocasiones con los compañeros que se encuentran en el camino.


Lo que nos preocupa, en ocasiones, no ser capaces de actuar con racionalidad a la hora de saber conservar la unidad familiar y la desatamos, presos de ira, sin ser capaces de dar. Solo se espera recibir. Cuando todo acaba, cuando se fue el amor de la pareja, quedan los hijos. Más de uno paga las consecuencias de las relaciones paternas enquistadas, sin culpa alguna, pasando a ser utilizados como medio de ataque hacia el otro progenitor. Y para eso se usan a los hijos, haciéndoles daño y marcándolos cuando realmente a quien se quiere dañar es al otro miembro de la pareja. Eso es inhumano. Deberíamos de actuar con sentido común.


Cuando encontramos ese sentido, vivimos en paz, felices. Si todo es aparente y no es una realidad viviremos inmersos de una tristeza y desmotivación. Parar un instante en nuestra vida para cuestionarnos cosas tan simples y tan importantes como : ¿Soy feliz con mi pareja? ¿Me gusta mi forma de vivir? ¿Cómo es mi relación con mi familia?


Muchas personas buscan el sentido a su vida con el dinero o la posición social o profesional, sin embargo la vida plena sólo se alcanza cuando uno desarrolla lo mejor de sí mismo viviéndola con la plenitud y la riqueza de los principios y valores, y sobre todo en la unidad de una familia.

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