Tribuna

No hay guerra del agua, solo inconsciencia

30.08.2015 | 02:02
Una imagen reciente del pantano del Amadorio, en La Vila.

La gran paradoja es que culpemos al cielo y no a los que están obligados a tomar decisiones y disponer la ejecución de las obras hidráulicas que tenemos pendientes

Invariablemente, cuando amenaza la sequía se ponen en tela de juicio las obras hidráulicas que se han ejecutado a lo largo del tiempo para, entre otras cosas, mitigar estas épocas de crisis. Se difunde la idea de que los cedentes son comarcas despojadas de sus propios recursos, que no pueden compartir con nadie en orden a sus propias necesidades y, por otro lado, surge la idea de que los cesionarios son nuevos corsarios que desean desplazar el crecimiento económico y el bienestar y las rentas hasta sus propios hábitats. No hay duda que el momento más inadecuado para debatir la realidad hidráulica española y la particular de cada cuenca es precisamente cuando los juicios se convierten en prejuicios y los responsables políticos y sociales intentan sacar provecho con argumentos y posiciones que les granjeen las simpatías de los unos o de los otros, sin atender, curiosamente, y sin que nadie se lo demande a que estas situaciones tienen remedio mediante la ejecución ordenada y constante de las obras hidráulicas que siguen pendientes desde que fueron planificadas a principios del siglo XX. Preferimos sacar a los santos y a los zahoríes en procesión antes que abordar el gran acuerdo social y político de disponer el agua en toda España, al margen de donde haya caído para lograr el gran objetivo nacional de ser independientes de nuestro clima.

Es tal la falta de información elemental que se manifiesta en estos debates hidráulicos, es tan grande la ignorancia de las realidad hidráulica española y de los Planes que se redactaron para la resolución de este problema en España, (desde el primero del año 1902, 1909, 1916 de Gasset, y el gran Plan Hidrológico Nacional ordenado por Indalecio Prieto y redactado en 1933 por el ingeniero aragonés Lorenzo Pardo) que no podemos por menos que confirmar que nuestras élites políticas y sociales están poseídas por el mal de «la patología de la simplificación».

Pensemos y verán que no existe ningún motivo para abrir una guerra del agua entre Castilla-La Mancha y Levante por juicios inoportunos y, ante todo, por desconocimiento de la realidad hidráulica de España en su integridad. Para muchos, la sequía es la causa de nuestros males y siguen mirando al cielo en la creencia de que las cosas nos irían mejor si la Naturaleza se mostrara más generosa en sus precipitaciones, no saben que aunque la Naturaleza escuchara sus plegarias y nos arrojara el doble de agua dulce en los mismos sitios y épocas, España seguiría teniendo necesidad de disponibilidad del agua allí donde se requiere. En suma en España la sequía no pasa de ser un mero concepto estadístico que pone en evidencia nuestra dependencia climatológica y nuestra inveterada incapacidad para hacer cosas juntos.

A la Naturaleza no le podemos pedir más, ahora nos corresponde a nosotros darnos cuenta de que todos nuestros desmanes hidráulicos son el producto de no apreciar nuestras grandes posibilidades técnicas y también nuestras obligaciones sociales y políticas. Sólo si partimos de la base de que la sequía no es la culpable de la escasez de agua en España seremos capaces de abordar con inteligencia el problema. Vaya por delante que, aunque se multiplicaran por diez las precipitaciones anuales en España, seguiríamos padeciendo escasez de agua, entendiendo por escasez la disponibilidad de la cantidad que precisa cada ciudadano, todas las tierras de regadío y nuestras industrias. Francia e Inglaterra lo entendieron perfectamente y a principios del siglo XX, Francia conectó la mayoría de sus Cuencas, lo que ya había hecho Inglaterra en la época victoriana.

Los estudios realizados por los organismos especializados y en particular por el Centro de Estudios Hidrográficos han demostrado que el agua que cae en España es más que suficiente para cubrir la demanda de la sociedad con un futuro bastante amplio, es decir con un país de 60 millones de habitantes, el doble de hectáreas de regadío, o sea seis millones de hectáreas, y el doble de industrias existentes. En suma, España no es un país seco, es más, desde el punto de vista hidráulico España es un país muy rico en agua porque nuestra dotación por persona y año se evalúa en torno a 2.500 m?3; frente a países como Reino Unido que no llegan a 1.000 m3 o Alemania que está en 1.200 m?3;. ¿Por qué se pueden formular estos datos que a algunos parecerán insólitos? Se trata simplemente de conocer la realidad hidráulica del país y que año tras año, invariablemente, tiene escorrentías de agua que discurren por los diferentes lechos por un total de 100.000 millones de metros cúbicos. Ahora bien, el 70% de esas escorrentías discurren por las Cuencas del Norte, Duero, Ebro y Pirineo Oriental; el 15% por el Tajo y Guadiana; el 10% por el Guadalquivir y sólo el 5% para todo el Levante. Es decir, llueve mucho, pero muy concentrado en pocos puntos y desigual en el tiempo, lo que no constituye un motivo ni excusa para que la sociedad permanezca como una mera espectadora de la naturaleza.

España tiene más que probada una gran capacidad técnica para conectar sus cuencas por los puntos más favorables, tiene los estudios precisos para hacerlo desde el año 1902, que culmina en el gran Plan Hidrológico de 1931, dispone de suficiente capacidad económica para abordar estas conexiones y, desgraciadamente carece de la voluntad de hacerlo por falta de un gran acuerdo entre los españoles, que podrían ser independientes de su climatología, al margen de donde vivan y donde la Naturaleza envíe el agua dulce (normalmente coincide con grandes zonas despobladas de España con altura superior a 1.000 m?2; y situadas al noroeste).

En este sentido vaya por delante que el Trasvase Tajo-Segura es una pieza esencial dentro del conjunto de obras hidráulicas precisas para la conexión de las Cuencas en España. Recordemos que en España existen más de 500 trasvases actualmente, de diferentes dimensiones y cuantía en sus transferencias, pero la singularidad del Tajo-Segura radica en ser una de las piezas maestras de la política hidráulica general instaurada por el plan de Indalecio Prieto y Lorenzo Pardo en 1933 y posteriormente ratificada por el nonato Plan Hidrológico Nacional de 1992. Del trabajo del trasvase Tajo-Segura se puede discutir cualquier cosa respecto de su funcionamiento, pero en modo alguno se puede discutir su existencia en un país que aspire a tener un equilibrado balance hidráulico. En demasiadas ocasiones estamos confundiendo la política hidráulica con la de embalses y no es así, en la medida en que son piezas distintas de un mismo conjunto, aún más, un embalse puede retener agua pero si carece de infraestructuras hidráulicas que lleve el recurso a los sitios donde se necesita, se evapotranspirará y se acabará perdiendo (buen ejemplo, esos pueblos junto a Entrepeñas que están recibiendo cubas de agua, cuando sus autoridades llevan decenas de años sin construir los caminos hidráulicos que la conduzcan desde pocos metros hasta los sitios de su utilización. No es culpa de la sequía ni del Tajo-Segura, sino de unos responsables indolentes).

Nuestros hermanos de Castilla-La Mancha harán bien en exigir que se lleven a cabo las obras hidráulicas previstas en los planes de cuenca que les afectan, siempre y cuando no sean los objetivos magnificados por razones aldeanas, pero cada vez que pongan en entredicho el Trasvase Tajo-Segura deberán recordar que éste nació no solo para transferir agua al Levante, sino también para servir al Tajo en su función general, prevista en el PHN, de recibir las aguas del Norte, Duero y Ebro, y tras aprovechar al máximo sus recursos servir de plexo dorsal de las aguas recibidas y aprovechadas y lanzarlas hacia las Cuencas del Sur y Levante.

Es lamentable que cien años después de saber cómo y cuándo abordar la empresa de más envergadura que los poderes públicos han intentado en todos los tiempos (Indalecio Prieto) comarcas y comunidades españolas sigan enfrentadas entre sí por un recurso que en España es muy abundante: el agua. Y la gran paradoja es que culpemos al Cielo, a La Naturaleza o al Vecino y no a los que están obligados, en nombre de la sociedad, para tomar decisiones y disponer la ejecución de las obras hidráulicas que tenemos pendientes hasta interconectar todas las dependencias y habitaciones que conforman nuestro país.

Ya saben lo que Marías dijo respecto de algunos asuntos no resueltos a lo largo del tiempo por los españoles, que aquí todo el mundo se pregunta: ¿Qué va a pasar? Y casi nadie se hace esta otra pregunta: ¿Qué vamos a hacer?

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