Vida y Obras

Por la gracia de Dios, Montoro, embolado

30.08.2015 | 02:02
Por la gracia de Dios, Montoro, embolado

POR LA GRACIA DE DIOS.- Es una cuestión teológicamente elucidada que los ángeles se ríen siempre, hasta parecer bobos, de la Gracia de Dios. Por eso me ha sorprendido que este verano Él, Ella, o Quien Sea, se haya llevado a Javier Krahe, Sazatornil y Daniel Rabinovich, de Les Luthiers. Muy mal deben estar las cosas por allá arriba. Quizá sea culpa del cambio climático, o de otra rebelión angélica, que buenos son ellos cuando se ponen. Pero nosotros, humildes mortales, no tenemos más remedio que proclamar que no hay derecho, que estas cosas no se hacen, porque pillamos un disgusto de muerte. En fin: el verano es así. Y aún queda. Lo que redunda negativamente en la acción de gobierno: no es que mi Conselleria tenga nada que ver con la difusión del mosquito tigre, pero ya verá usted cómo acaba alcanzándome el asunto. Cuando uno está aquí, en eso que se llama el poder, todo te afecta. Todo se trasvasa. El PP, por lo demás, va acumulando pruebas fehacientes de que el mentado bicho, y el virus de nombre impronunciable que propaga, son catalanes. Yo, por si acaso, he encargado una Novena a la Mare de Déu dels Desamparats, cuya Basílica veo desde mi despacho, a poco que me asome, detrás de la Puerta de los Apóstoles de la Catedral, siempre y cuando aparte un poco las banderas de ordenanza. Otros estarán en lo mismo con la de Montserrat, aunque con menos banderas que ondean en mi balcón. Uff, qué cansancio. Pero es lo que hay, que de aquí a poco, y conforme se acerque el 9 d'octubre habrá más: banderas y cansancio. La fatiga es grande porque esto de la identidad desmedida y desmentida es como una niebla pegajosa que contamina todo. Así, si tú dices, es un suponer: «Voy a invitar a un abogado peruano para que dé una conferencia sobre corrupción», pues uno del PP te responde: «Lo que pasa es que eres un separatista». O si pides una línea presupuestaria para comprar bolígrafos, pues andamos necesitados de todo, otro del PP se niega con un potente argumento: «¡No! Que seguro que son para firmar manifiestos a favor dels Països Catalans». A mí lo de la independencia me da pereza y lo de los Països Catalans me parece algo exótico, impropio ya de mi edad. Yo, lo que de verdad quiero es ser suizo. En esto me ha convencido la derecha española. Me faltan fondos y práctica, pero voy a hablar con algunos dirigentes conservadores de aquí a ver si me dicen cómo hay que hacerse helvético. No sé si saben que en esa tierra hay muchos protestantes y que se hablan cuatro lenguas, pero el capitalismo bien temperado todo lo cura. Se ve que Catalunya es poco capitalista. Ese es el problema. Así que me voy a poner un disco de Krahe, otro de Les Luthiers y a ver por enésima vez «Amanece que no es poco», título que queda proclamado como lema y emblema de mi Conselleria. Por la Gracia de Dios.

MONTORO.- Me quita el sueño la Tomatina de Bunyol, esa fiesta de peaje en la que la gente se arroja tomates maduros hasta acabar toda convertida en alegre revoltijo rojo-revolución. Me quita el sueño literalmente. Y es que la asistencia a tremebundo sarao se ha convertido en una moda internacional, que ahí se ve que nuestros esfuerzos en I+D+i van dando sus frutos, y nunca mejor dicho. A lo que voy: la tremenda asistencia ha provocado que abundantes jóvenes dieran, en víspera, en trasnochar por las calles de València, incluyendo aquella en la que habito. A eso de las dos, o las tres de la mañana, cantaba y vociferaba bajo mi ventana una muchachada australiana. Tal ataque sobrevenido de insomnio me llevó a hondas reflexiones. Sea la primera en destacar que la Tomatina se pasa, pero Montoro, por ahora, se queda. Y él sí que nos quita el sueño a consellers y conselleres y, en realidad, a todo el pueblo valenciano. La deuda y déficit van por unos 12.400 millones de euros: 5 millones de españoles postergados, castigados por vicios desconocidos. ¿Ve usted como no me faltan razones para querer ser suizo? Montoro se erige así en un símbolo de carne y hueso e ironía privada de gracia de ensueño interrumpido, de ilusión perpleja, de despertar en párpados caídos, de incitación valleinclanesca al consumo exagerado de espejos averiados y cafeína en sobredosis. Me tengo que acordar de recordarle a los dirigentes del PP este asunto porque, al parecer, no se han dado cuenta, mirando como están los textos antiguos de algún Conseller, no vaya a ser cosa que una vez hablara bien del Pantocrátor de Taüll o veraneara en Vilanova i la Geltrú. Que una cosa es predicar y otra dar trigo. Sobre todo si se predica en catalán normativo y el trigo no lo da eso que se llama Gobierno del Estado. Por mi parte, confieso, me encanta el Vichy Catalán. Quiera Dios que Montoro no me lo castigue. Amén.

EMBOLADO.- Y ahora a lo que vamos: ¿tienen vacaciones los Consellers? Pues sí. Unos más, otros menos y otras, como Mónica Oltra, a quien he afeado su conducta, muchas menos. Yo he tenido quince días y la verdad es que las necesitaba, con perdón de los debeladores de cualquier comportamiento humano de los políticos. Así que durante cinco días estuve en Gredos, triscando por los montes y calculando el colesterol que cabe en una cena rica en carnes. También me acerqué a Alba de Tormes y a Ávila, a ver la muestra de las Edades del Hombre, dedicada esta vez a Santa Teresa, que me cae muy simpática. A la vuelta me detuve en Madrid, en la exposición de Zurbarán, algo decepcionante. También he leído: una mezcla de historia, filosofía y best sellers. Pero eso lo hice sobre todo en la parte de vacaciones en que estuve por la provincia. Lo que no hice es acudir a ningún encierro, becerrada, corrida o celebración astada. Y eso que según la aún vigente Ley de Señas de Identidad del pueblo valenciano tales adoraciones místicas de la poesía intrínseca del amor entre la fiera y el humano, son cosa muy nuestra. Incluso entre los papeles de mi Conselleria aparecieron unas anotaciones que indican que algún antecesor tuvo a bien considerar que otorgar 150.000 euros a la promoción de bous al carrer era un gasto legítimo imputable a una partida dedicada, en su contexto, a la promoción del Derecho Histórico valenciano. Por más vueltas que le he dado a la idea no le saco agua. Lejos de mi alma, en mis actuales circunstancias, pronunciarme contra cualquier tradición. Así que asumiré que es propio de nuestro estilo de vida admitir que cada verano mueran despanzurrados o desnucados un número creciente de ciudadanos. O que se le hace un favor a un animal al atarlo, acosarlo, embolarlo o cualquier otra distracción similar. Los hay que van de pueblo en pueblo, en pos de la emoción de un minuto de gloria, de un recorte mágico, del aliento de la bestia en el cogote del animal racional. Alabados sean ellos que así salvan nuestra historia, animan nuestras noches, ofrendan nuevas glorias a la sangre y honran a nuestros antepasados. ¿Y si soltáramos un bou embolat en los venerables pasillos del Ministerio de Hacienda? Hipotéticamente lo digo. En serio no. En serio, algunos, lo soltarían, sólo, en la Plaça de Sant Jaume de Barcelona. Creo que en Suiza las vacas se limitan a dar leche para queso y chocolate. ¿No me podrían trasvasar?

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