Tribuna

Reacciones inesperadas

29.08.2015 | 03:29
Reacciones inesperadas

Ha causado estupor, perplejidad y no sé cuántos adjetivos calificativos más acerca de cómo hemos reaccionado ante el asesinato perpetrado en EE UU por una persona que mató a dos compañeros de trabajo por motivos laborales, y con la circunstancia agravante de grabarlo mientras lo hacía y subirlo a las redes sociales, para que todo el mundo pudiera contemplar hasta dónde puede llegar el ser humano por recelos, despecho o venganza. No sabemos qué factores pueden desencadenar en el cerebro de una persona tomar la decisión de acercarse al lugar donde los compañeros se encontraban trabajando y ejecutar una idea que hasta podría pasársele por la cabeza, pero nunca llegar a ejecutarla. Porque en las mentes de los fallecidos nunca podría pasar que esto pudiera ocurrir cuando se quejaron del comportamiento laboral del compañero. Es decir, no había un factor de riesgo que hiciera previsible esta conducta, sino que la queja podría haber generado entre ellos animadversión o cualquier otro enfrentamiento, pero que no pasara de las miles de situaciones que en la vida se dan en el trabajo o en las relaciones humanas. Y es ante la falta de previsibilidad de esta reacción inesperada por la que los fallecidos no adoptaron ningún tipo de precaución, porque era inimaginable que un problema laboral concluyera con dos asesinatos y un suicidio, una desproporción absoluta.

Pues bien, ante este tipo de casos que acaban de forma trágica uno de los elementos que hay que tener en cuenta es el del factor de la valoración del riesgo que se analiza, sobre todo, en casos de violencia de género y doméstica. Esta semana, precisamente, se acaba de presentar por el ejecutivo un nuevo protocolo de mejora en la detección del riesgo ante casos de violencia familiar, ante la proliferación de casos que se están dando de crímenes de padres que matan a sus hijos o las continuas cifras de crímenes de violencia de género, como los gravísimos hechos ocurridos en Cuenca. Porque si se puede detectar este riesgo con signos externos de amenazas previas, episodios violentos previos de los que se perciba algún riesgo de que puedan ocurrir estas circunstancias hay que activar todos los mecanismos de prevención para evitar que estos hechos se produzcan. Precisamente, la mejora en la potenciación de los mecanismos de detección del riesgo, tanto por las fuerzas de seguridad del Estado como por los responsables médicos de atención primaria o los médicos forenses, es fundamental para incrementar la protección de las víctimas.

El problema lo encontramos en las situaciones inesperadas, como la de los periodistas fallecidos, o en otras en las que la previsibilidad de los acontecimientos no existía. Y ello, porque no se habían dado hechos previos que hicieran prever estas conductas desproporcionadas. Pero si somos capaces de detectarlas y aplicamos protocolos de evitación de las mismas mediante la detección del riesgo podremos dar un importante salto cualitativo en la detención de este tipo de hechos. Por ejemplo, nadie piensa que un padre o una madre pueda acabar con la vida de sus hijos por despecho a su pareja o ex pareja, para que no esté más con ellos. Es anti natura pensar que un padre o una madre puedan acabar con sus hijos. Los animales son incapaces de ejecutar tales actos, pero los humanos parece que no descartan que esta sea una conducta posible con tal de hacer mal a otra persona, sobre todo para que sufra. Piensa el autor de estos hechos que sufrirá más la persona que odia si acaba con sus seres queridos que si lo hace con ella misma, lo que es una prueba evidente de la maldad que puede existir en estas personas. Porque los animales protegen con su propia vida a sus crías pase lo que pase, pero parece que los seres humanos no tenemos ese instinto de protección tan acentuado. Los animales no saben odiar, pero el ser humano sabe hacerlo a la perfección y algunos lo dominan en la mejor manera de hacer daño matando hasta a sus hijos y mujeres.

En la Audiencia Provincial de Alicante pusimos en marcha hace años un programa denominado «Preventia» para trabajar en la detección de este tipo de hechos y tratar a las personas con conductas violentas de las que se pudiera derivar este tipo de hechos, y es sobre este tipo de programas con los que se debe trabajar para evitar que se den sucesos como los que estamos presenciando. Cierto y verdad es que algunos son imprevisibles y que no había ningún factor que pudiera hacer pensar ese desenlace, pero si somos capaces de detectar el más mínimo detalle de que el peligro exista estamos obligados a poner los medios que hagan falta en trabajar en la valoración del riesgo, porque desde este punto de vista sí que obtendremos más resultados que con otras políticas. Ahí sí que seremos eficaces en la evitación de las muertes. Porque aunque matar parece que sea fácil, al menos no debemos ponérselo fácil al cruel que tiene esa idea e instinto criminal y la acaba ejecutando.

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