Opinión

Nuevo paradigma del fútbol. Del césped del estadio al parqué de las bolsas de valores

28.08.2015 | 03:08

El Astro Rey del deporte, el fútbol, se ha convertido, solo por detrás del Turismo, en la mayor industria del planeta: el entretenimiento. Las cifras hablan por sí solas. El fútbol sería la 17ª economía del mundo, por encima de la de países como Suiza, Bélgica o Taiwan. Implica a más de 270 millones de personas. 240 millones lo practican en más de 1.5 millones de equipos según la FIFA y su PIB se sitúa por encima de los 500 millones de dólares.

En agosto de 2013 los directivos del Manchester United hacían sonar la campana que, simbólicamente, apertura la sesión de la Bolsa de Nueva York en el distrito financiero de Wall Street. Para llegar hasta aquí, ha habido una modélica gestión de éste centenario club de fútbol desde que alguien identificó el potencial que su equipo albergaba cada fin de semana bajo los focos del mítico «Teatro de los sueños» (Old Trafford) transformando una asociación deportiva que ganaba títulos en una empresa que gana (mucho) dinero. Éste es el nuevo paradigma del fútbol mundial donde el campo de juego ahora se ha trasladado desde el «pitch» de los estadios al parqué de las bolsas de valores. El camino hasta aquí recorrido ha sido el de la innovación estratégica.

La innovación puede ir ligada a cualesquiera actividades y procesos de la vida, lo que trasladado al mundo de los negocios y/o la empresa se traduce en la mejora de aspectos tan dispares que van desde los procesos productivos, el diseño o la generación de valor, hasta los propios modelos de negocio. Por ejemplo, la visión acerca de lo que una actividad, industria o negocio puede llegar a ser es patrimonio de muy pocos y, normalmente, suele residir en aquellos que han sido pioneros en adoptar procesos innovadores en tales actividades, como la innovación estratégica. Preguntarse de dónde vengo, dónde estoy y a dónde quiero llegar es un proceso de reflexión estratégica que resulta innovador per se y que ha catapultado a personas, empresas, organizaciones y artistas a las cumbres del éxito. En el caso del fútbol tal y como hoy lo conocemos un club podría erigirse en el símbolo de este proceso de innovación estratégica de éxito: el Manchester United, un club de fútbol que tras este proceso innovador se ha convertido en una compañía cuyo sector, la competición deportiva, se enmarca en la mayor industria del mundo: el entretenimiento.

Entretenimiento en el que a partir de un contenido -básicamente los partidos de fútbol- y unos personajes -jugadores, entrenadores, etcétera- se realizan espectáculos de masas a los que se puede asistir en vivo, se producen y comercializan contenidos audiovisuales, y se generan actividades de marketing. Disney utiliza a sus personajes (Mickey Mouse, por ejemplo) para producir contenidos audiovisuales, vender camisetas o parques temáticos. El Manchester United tenía a David Beckham, con el que vendió muchos programas de televisión (partidos), camisetas, gorras, y convirtió el estadio de Old Trafford en un lucrativo parque temático (Soriano, 2010). Y lo mismo podríamos decir de los grandes clubes como el Real Madrid o el FC Barcelona con sus personajes mediáticos Ronaldo y Messi, etcétera.

En este nuevo paradigma del fútbol, nos encontramos con organizaciones que lideran el sector o industria y aquellas otras que simplemente tratan de sobrevivir. Durante mi estancia en el Manchester City, hace un par de años ahora, tuve la ocasión de trabajar con «otro equipo» que no salía al césped los domingos: el equipo directivo de una organización global City Football Group que lidera la estrategia global de esta industria llamada fútbol llenando estadios a lo largo de todo el planeta en un ambicioso plan estratégico y cuyo buque insignia es el Manchester City.

Como conclusión de todo ello es que, una vez convertidos en organizaciones empresariales llamadas a competir no solo en el césped cada fin de semana, sino en la industria del ocio y entretenimiento a la que pertenecen, los clubes de fútbol no pueden ser gestionados como meras asociaciones deportivas y la innovación en la gestión de los mismos pasa, necesariamente, por la profesionalización de los equipos directivos de los mismos, algo, por desgracia, no estamos acostumbrados a ver en la mayoría de los clubes profesionales de nuestras ligas a excepción de aquellos que podemos denominar grandes clubes: Real Madrid, Barcelona, Atlético Madrid, Valencia, Sevilla, etcétera, y que más temprano que tarde impedirá el desarrollo de estas organizaciones más allá de lo que hasta ahora venían siendo. El reto de la profesionalización es el primer paso para la innovación estratégica de este sector y en el caso de nuestra querida Alicante, necesitamos que desde lo público y lo privado se consensúe un equipo profesional que pueda iniciar este proceso innovador en la gestión del club más emblemático de la ciudad y lo encamine por la senda que ya han recorrido otros clubes con éxito probado el mercado del ocio y entretenimiento, cuyo público objetivo es exponencialmente mayor que los incondicionales socios y aficionados, convirtiendo, por ejemplo, un partido en vivo en un espectáculo que compita con otras alternativas de ocio (teatro, cine, museos, etcétera) como ocurre en muchas otras plazas.

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