28 de agosto de 2015
28.08.2015
Tribuna

Charlie y la fábrica de chocolate

28.08.2015 | 03:07

Esta ciudad, mi ciudad, siempre me ha recordado un poco a Johnny Deep. Diferente, histriónica, atrevida, al tiempo que previsible en sus actuaciones y con una falta clara de definición de lo que quiere ser de mayor. Mejor dicho, casi estoy convencido de que llevamos años sin tener claro si alguna vez Alicante querrá hacerse mayor. 


Alicante, nuestra Alicante, lleva años soportando discursos continuos de un futuro en el que palabras como industria, tecnología? incluso business angel, suenan como un sueño permanente en la búsqueda de un objetivo, que todo el mundo señala pero que nadie explica cómo conseguir.


Al igual que Charlie y sus compañeros de aventura actuaban como cualquier niño ante una montaña de gominolas o ríos de chocolate, y cegados por el deseo de conseguir su sueño acabaron expulsados por el sr moka, algunos llevan años viviendo de grandes palabras y no son capaces de dar una sola aportación para conseguir llegar al objetivo.  Éstos,  lejos de poner encima de la mesa una sola alternativa para la ciudad, siguen demostrando no sólo que desconocen nuestra fábrica, sino que además no les importa ni les ocupa. 


Esta semana hemos vuelto a tener el quincuagésimo debate del proyecto de ciudad. Ciertamente suena bien la música y, como a los niños de nuestra historia les encantaban los caramelos, no conozco un solo alicantino al que no le gustaría contar con industrias, empresas tecnológicas o Startup como fuente de ingresos y de empleo para nuestra ciudad.


Francamente si encuentran un solo ciudadano al que no le gustaría conseguir este sueño, preséntenmelo para que le demos el carné de tonto oficial del año 2015. Nadie en su sano juicio despreciaría semejante futuro para la ciudad en la que vive, y en la que dentro de uno años sus hijos tendrán que buscarse un futuro.


Pero lejos de los planes estratégicos (de los que por cierto Alicante va sobrada), maquetas (seguro que recuerdan algunas sin citarlas) y consejos de avezados sabios en su colina de oro, el alicantino de a pie, el que compra el pan cada mañana y paga la luz, con la que escucha estas cosas en la tele local, necesita un presente con el que transitar hasta su amado y esperado sueño.


He escuchado con la atención necesaria y en repetidas ocasiones que Alicante no puede vivir del turismo, incluso en la reunión mantenida con el concejal de ocupación de vía pública y sus técnicos, alguno nos largó el monodiscurso de «aquí se está hablando del proyecto de ciudad, no vaya a ser que terminemos como Benidorm».


Claro, cuando se escucha cómo se menosprecia a la ciudad con más pernoctaciones hoteleras del país y que lleva décadas reinventando su producto, y pasando del festival de Benidorm de Julio Iglesias al Low de Mika y Supersubmarina, uno se pregunta si de verdad queremos ser mayores algún día. 


Alicante cuenta con una gran universidad en San Vicente del Raspeig, cuyas residencias y estudiantes han acabado en un polígono industrial fuera de nuestro catastro, y con un proyecto de parque científico que cuando sea una realidad llevará años de retraso con otros puntos del país. Si miramos hacia el campo de la empresa y la industria, a la que deberíamos unir ese futuro parque científico, nos encontramos con una pregunta fácil de responder a todos aquellos que siguen hablando de la necesidad de contar con industrias como futuro de nuestra ciudad. La pregunta que se haría cualquier empresa importante antes de venir a nuestra ciudad seria: ¿nos instalamos en el Polígono de las Atalayas (en el que con suerte funcionan las farolas los martes), junto a Neumáticos García, o nos colocamos en el parque empresarial de Elche e intentamos crear sinergias con empresas como Inditex a pocos metros de nuestro despacho? No hace falta responder.


El camino es largo, y para saber dónde llegar, es fundamental estar dispuestos a competir.


Una ciudad no es una ficha del monopoli, o un PowerPoint lleno de colorines con el que poder lucirnos en una presentación. Aquí hace falta más trabajo y menos titulares como el estrés de los peces de la Plaza Nueva.


¿De verdad la ciudad está en este debate? De verdad con una tasa de paro por encima de la media nacional y con uno de cada dos jóvenes intentando buscar su primer empleo estamos en éstas?


La solución a nuestra ciudad puede pasar por muchas cosas, pero si para construir un futuro incierto la única solución que aportan algunos es destruir un presente del que comen muchas familias cada día y que le pese a quien le pese es la realidad de una ciudad en la que hostelería y ocio son uno de los pilares sobre los que se sustenta nuestra economía, estamos peor de lo que pensábamos algunos antes de conseguir nuestro sueño con un nuevo equipo de gobierno al frente del Ayuntamiento.


Charlie consiguió su deseo gracias a que fue capaz de entender que sumando y trabajando sin desear sueños imposibles, o sin destruir y criticar lo que otros son capaces de hacer, los sueños pueden hacerse realidad. 


Y termino: se ve que para algunos es muy poco ser camarero o cocinero, y que dedicarse a atender a la gente cuando sale a divertirse es poco menos que una profesión menor o que es menos importante que ser profesor asociado, asesor o concejal de un ayuntamiento. Algunos estamos cansados de escuchar la frase «al final terminaremos sirviendo mesas» en un tono despectivo, y estamos hartos de soportarla, además provenientes de mediocres e infelices, que no entienden que jamás estarán capacitados para hacer feliz a nadie.


Para eso no solo hay que valer, sino que además hay que estar dispuesto a trabajar muy duro todos los días. Y claro, eso no es igual que seguir viviendo de los sueños de los demás, lanzando estrofas de una canción que todos sabemos tararear, pero que hasta la fecha nadie ha sabido interpretar para que la gente normal disfrute de una realidad y no de un sueño en el que se ve que algunos no tenemos cabida.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine