Tribuna

La antivedette más lista

21.08.2015 | 04:42

Lina fue capaz de crear su personaje, cual Charlot pero con lentejuelas y plumas, igual sin quererlo, ni pretenderlo.Desde los trece años subida a los escenarios , fue como parte de nuestro paisaje musical de aquellos lejanos años donde formó parte de la compañía Los chavalillos de España. A Lina quizás le faltó ser mas ambiciosa intelectualmente hablando, más audaz, y eso que genio y talento tenía de sobra y, mas tarde, capacidad económica. Pero era consciente y lista -que no tonta- como para no cargarse de un plumazo, nunca mejor dicho, al personaje que ella misma había creado durante tantos años recorriendo toda la piel de España. Éxitos como el suyo se explican cuando se ha apostado la propia vida. Lina Morgan tuvo que sobrevivir a un entorno extremadamente humilde, que nunca negó, a la posguerra pura y dura, a una falta total de preparación y un ambiente que valorara sus aptitudes. En sus últimos tiempos de actriz tuvo la oportunidad de cambiar de registro con un monólogo pero se echó para atrás, pues Lina, al igual que Sara, no quiso dejar de ser diosa para convertirse en mujer.


Comienza en teatro con Alfonso del Real y su mujer Maruja Torres. Luego es contratada por Colsada y forma pareja con Juanito Navarro haciendo siempre de padre e hija, y se va transformando en esa vedette cómica que a la postre fue esculpiendo a golpe de risas.


Pero el cine español no fue justo con Lina Morgan o Lina tampoco se dejó querer en exceso por la gran pantalla. Le faltó esa gran película, ese título, y eso que tenía capacidad de sobra, o ese director que se hubiera tirado a la piscina con ella de la mano. Tras ser una secundaria más, en 1969 debuta como protagonista en Soltera y madre en la vida, de Javier Aguirre y La tonta del bote, de Juan de Orduña. Luego vino una serie de títulos, la mayoría dirigidos por Mariano Ozores, para mayor honra y gloria de la actriz pero siempre en un tono menor. Hubo una incursión curiosa con Una pareja distinta, de Forqué con López Vázquez, un matrimonio de una mujer barbuda y un travesti que no obtuvo éxito.


Y tras ese ciclo de cine cómico vuelve a la revista musical española exclusivamente, creando compañía propia, primero en el teatro Barceló y luego en La Latina, que más tarde adquiriría. Son los años de la muerte de Franco y la revista, como en todo, pasa por su destape, pero Lina, siempre lista, tiene un público fiel y mantiene su tono blanco de revista con puestas en escena justas y brillando por encima de todo la vedette cómica a modo de antivedette, pero que funciona dejando las plumas por las pieles y joyas y luciendo palmito en esas eternas escaleras de apoteosis final con los más bonitos empeines de la revista española. Y ahí comienza su éxito descomunal estando dos o tres temporadas seguidas en cartel sus obras sin a penas salir de Madrid y a teatro lleno. La Marina te llama, Sí al amor, Casta ella,casto él, Vaya par de gemelas, El último tranvía... El éxito es tremendo y, aunque las obras tengan el mismo planteamiento, son un caso especial de poder de convocatoria a través de los años y hacen de ella uno de los mayores fenómenos sociológicos jamás alumbrados por el espectáculo en España, acentuado por sus protagonismos televisivos en los 90.


La muerte de su hermano y productor José Luis, así como la de su hermana, hizo que se apartara del mundo del espectáculo. Luego vendría su enfermedad, siempre rodeada con la privacidad que ella tanto mimó y protegió. Y esto, como en otras divas, la fue conviriendo en leyenda. Amasó una gran fortuna, sobre todo en joyas, pero es justo reseñar que fue de una generación de grandes actrices trabajadoras de origen humilde que comenzaron de la nada. En sus revistas era la supervedette, la cómica, la estrella, casi todo con sus posturas y ese cruzado de piernas imposible. No se decía vamos a ver tal revista, sino vamos a ver a Lina. Con eso bastaba. En la Casa del Libro de Alicante se presentó el libro Lina Morgan: De Angelines a Excelentísima Señora" (Editorial ECU), del alicantino Jesús García Orts, y en Las 1001 piernas (Editorial CulBuks), de Juan José Montijano y prologado por Esperanza Roy, la figura de Lina es analizada en profundidad como fenómeno social y artístico.


Ganó premios y honores, se nos marcha en el misterio y soledad que eligió. De gran vís cómica en los escenarios y en la pantalla pero poco dada a airear miserias, relaciones sentimentales o problemas familiares. El público fue su mejor director. Emprendedora en una época en que las mujeres no lo eran. Querida y desconocida a la vez. Nosotros solo le podemos decir ahora lo que ella tanto nos dijo: ¡Gracias por venir !

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