19 de agosto de 2015
19.08.2015
El ojo crítico

Un crecimiento frágil e inestable

19.08.2015 | 04:02
Un crecimiento frágil e inestable

Cuando nuestro país entró, allá por el año 2008, en recesión y en crisis económica muy pocos aventuraban que siete años después saldríamos con unas condiciones salariales, de empleo y de derechos laborales tan precarias, tan frágiles y donde el patrono hace y deshace a su antojo; eso sí, con el plácet de una reforma laboral aprobada, en febrero de 2012, por el Gobierno del PP y que ha posibilitado una disminución sin precedentes de los salarios de los trabajadores y la práctica eliminación de derechos para aquellos que tienen la suerte de encontrar un empleo. Por cierto, según un informe de UGT, el 42% de los nuevos empleos que se crean en la provincia de Alicante son «minijobs», donde uno de cada cinco nuevos trabajos tiene una duración inferior a una semana, tal y como publicó este fin de semana el diario INFORMACIÓN. A nivel nacional, según los sindicatos, entre enero y julio de 2015, se han firmado 2.600.000 contratos de una semana o menos, lo que significa un 25%. Y a esto algunos lo llaman «crecimiento económico», «salida de la crisis» o «estamos creando empleo». Como dijo un insigne dirigente del PP: manda huevos (con perdón). La globalización económica no debería servir únicamente para que las multinacionales pudieran tener un comercio y un mercado más favorable para sus intereses sino también para que los trabajadores mantengan sus condiciones salariales y laborales, y no hacer recortes drásticos como los que hoy se están haciendo. La precariedad laboral sobre la que se está asentando el frágil crecimiento de nuestra economía incide negativamente en el bienestar de las personas; de ahí el empobrecimiento global existente en nuestro país.

El nuevo modelo sobre el que se está estableciendo el sistema capitalista, desde la entrada en vigor de la «maldita» globalización económica, fortalece la capacidad de decisión de las transnacionales en los distintos países en detrimento de los poderes públicos elegidos, de manera democrática, por los ciudadanos. Cuando se habla de que en España ha habido un trasvase de soberanía hacia la Unión Europea, por ser miembro de este club, no es del todo exacto; lo que ha habido es un traslado de nuestra soberanía hacia los mercados financieros y punto. Son ellos los que mandan, deciden e imponen sus políticas económicas al conjunto de los Estados, cuando los que deberían mandar y articular lo mejor para sus ciudadanos son los gobiernos legítimamente elegidos. Nuestro país ha retrocedido décadas en derechos laborales, sociales, individuales y colectivos, y en esto tanta responsabilidad tienen el PP como el PSOE. Son gobiernos, unos y otros, que han dado muestras de gobernar a espaldas de las personas, beneficiando intereses venidos de la troika y de los mercados financieros.

En definitiva, lo que hoy está ocurriendo en el sur de Europa es un reparto desigual de las horas de trabajo. Quiero decir, donde antes había un contrato a tiempo completo, con un salario por ejemplo de 1.500 euros y con derechos sociales ahora se contrata a dos personas a tiempo parcial con un salario de 500 euros y sin ningún tipo de derechos. Y lo que es peor: al ser más bajos los salarios percibidos por los trabajadores hay un menor aporte a la caja de la Seguridad Social lo que, si no cambia el rumbo, incidirá negativamente sobre las pensiones públicas de futuro. Por eso, es importante modificar la política económica y de contratación laboral en nuestro país. Por cierto, y en contra de lo que estima el Gobiermo español, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ya ha manifestado que el ritmo de expansión de nuestra economía podría haber tocado techo. Ahí lo dejo.

Esto es lo realmente importante, ya que el bienestar de millones de personas depende de conseguir modificar una política económica y unas decisiones perjudiciales e injustas. El modelo de sociedad para generaciones futuras dependerá de las decisiones a tomar y de la capacidad que todos tengamos para hacer de este país un país más justo, solidario y democrático, donde haya más transparencia en las reuniones que ministros del gobierno de España tengan o no con imputados y en fase de investigación y donde prevalezca la verdad sobre el interés de partido. El PP de Rajoy exigió y consiguió la dimisión, en 2009, del ministro de Justicia por el PSOE, Mariano Bermejo, tras la polémica por una cacería con el juez que investigaba el caso Gürtel. ¿Se acuerdan? ¿Cuál es la diferencia? Pues eso, ni más ni menos.

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