Tribuna

Violencia de género, ¿empezamos por cumplir las leyes?

18.08.2015 | 03:21
Violencia de género, ¿empezamos por cumplir las leyes?

Pocos temas suscitan tanto consenso social como el profundo rechazo a la violencia que se ejerce contra las mujeres. La terrible sucesión de asesinatos machistas que se ha producido durante los meses de verano ha elevado la alarma social hasta niveles que no recordábamos, pues se suma, en estos casos, un elemento nuevo que añade dramatismo: el asesinato de hijos y de hijas de las mujeres a las que el varón desea destruir, una vez asumido que ya no puede ejercer su control sobre ellas.

Sin embargo, al consenso en la condena se suma otro que no se expresa, tácito, pero de una potencia devastadora: la generalizada convicción de que nada se puede hacer, en realidad, para acabar con este horror. Solo así se explica que, en gran medida, la política contra la violencia de género se haya reducido a la escenificación de gestos, a coste cero: minutos de silencio, condenas institucionales y a otra cosa.

España dispone de una legislación muy avanzada en materia de igualdad que es modelo y referente para otros países de Europa; sin embargo, seguimos bajando en el ranking que establece Naciones Unidas sobre el nivel de desarrollo en igualdad de género de los países del mundo. Sirva este dato para ilustrar la enorme complejidad del asunto. Lo complejo asusta y desalienta, nos invita a centrarnos en otros objetivos para los cuales existe un horizonte real de éxito. Pensemos, por ejemplo, en el reto que representa cambiar nuestro sistema educativo (otra montaña): intuimos una ardua tarea, pero nos tranquiliza pensar que, en definitiva, se trata de aumentar el presupuesto en educación y, quizá, imitar a Finlandia, es decir, al final de la «utopía» existe un referente. Pero, ¿qué país queremos ser en cuanto a violencia de género? ¿Dónde está el lugar donde las mujeres no están sometidas, en mayor o menor medida a la violencia masculina en cualquiera de sus variantes, sexual, psicológica, económica? Este es el marco en el que nos movemos. Un marco en el que la ausencia de garantía de resultados provoca que la inversión en igualdad sea la primera en caer del presupuesto (dinero malgastado) como ha puesto en evidencia el Gobierno del PP y sus recortes en materia de sensibilización y prevención.

No se hace, seriamente, nada porque no se confía en que nada cambie, y nada cambia realmente porque no hacemos, en serio, nada. Hay que romper esta inercia y desplegar todo el potencial para la sensibilización que contiene la Ley de Igualdad Efectiva de 2007 y la Ley Integral contra la Violencia de Género de 2004, asumiendo que la violencia de género y el feminicidio es la más extrema manifestación de la desigualdad entre mujeres y hombres, y que trabajando por erradicar los elementos de discriminación que son estructurales en nuestra sociedad estamos contribuyendo a prevenir la violencia contra las mujeres.

El mapa político ha cambiado sustancialmente a partir de las elecciones autonómicas y municipales. Inauguramos un nuevo tiempo también en materia de políticas de igualdad: se crean concejalías para desarrollar políticas en ayuntamientos (como el de Alicante, donde el esfuerzo institucional para erradicar la desigualdad entre mujeres y hombres ha sido ínfimo durante el largo periodo de gobierno popular); se crearán unidades de igualdad en las consellerias (así lo ha anunciado la vicepresidenta de la Generalitat, Mónica Oltra), para garantizar que la perspectiva de género estará presente en las decisiones que afecten a la vida de las personas, y que el avance económico, educativo, cultural, democrático que promete el nuevo gobierno autonómico llevará aparejado el avance hacia una sociedad con menores tasas de desigualdad entre hombres y mujeres.

Estamos en disposición de tomar, con firmeza y decisión, el camino de la prevención y la sensibilización desarrollando acciones que, en algunos casos, requieren más voluntad que presupuesto (sin que ello signifique no aportar el presupuesto que, en otros casos, se requiera). Se trata, en definitiva, de cumplir y hacer cumplir la legislación sobre igualdad, unas leyes que se vienen incumpliendo sistemáticamente y sin mayores consecuencias.

No abandonar las políticas de igualdad. Ese es el Pacto de Estado que urge para que no se repitan retrocesos como el que se ha producido en el contexto de la crisis económica, y su nefasta gestión por parte del Gobierno del PP. Sólo si somos capaces de adoptar con serenidad el enfoque realista de las acciones «pequeñas» encontraremos la energía necesaria para sobreponernos a esta sobredosis de horror y de indignación, y seguir trabajando desde la convicción de que el momento político en que nos encontramos puede ser el propicio para, por fin, hacer lo que hay que hacer.

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