15 de agosto de 2015
15.08.2015
El crisol

El despido que viene

15.08.2015 | 04:30
El despido que viene

Siendo justos hay que reconocer que no todos los empresarios piensan como ciertos directivos de la CEOE y tratan con mayor respeto y dignidad a aquellos que colaboran con ellos para mantener sus empresas con un óptimo rendimiento

Hace unos días tuvo lugar en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo la jornada inaugural del curso «El nuevo modelo económico. Lecciones de la crisis» y en ella intervino el vicepresidente de la CEOE, Antonio Garamendi, que a lo largo de su intervención apostó por caminar hacia el «despido libre» tanto en la entrada como en la salida de la empresa, en este sentido dijo: «No hablo de despido gratuito, sino de flexibilidad en la entrada y salida de la empresa». Según lo veo o lo entiendo yo, quiso decir que «por una puerta se entra y por la otra, o por la misma, se sale». Aunque la verdad es que no lo entiendo muy bien ya que por una parte pide el despido libre y por otro dijo que «hoy en día hay despido libre, ya que cuando una empresa quiere prescindir de un trabajador, prescinde». Por lo visto al vicepresidente de la más importante organización empresarial de España le sabe a poco lo que al respecto y en lo que se refiere a la indemnización por despido señalan las distintas reformas laborales de Rajoy y aboga por rebajar el costo del despido para los trabajadores más antiguos, normalmente los de mayor edad, argumentando que «hay personas que sería mejor que el despido fuese más barato». O sea, que es una forma de no tener que levantarse todas las mañanas para irse a trabajar con lo bien que se está en la cama, se nota que este personaje lo único que desea es el «bienestar» de los trabajadores. Aunque para mí eso de que «sería mejor que el despido fuese más barato» lo único que deja es la sensación real de quedar «jodidos y agradecidos».

Siendo justos hay que reconocer que no todos los empresarios piensan como ciertos directivos de la CEOE y tratan con mayor respeto y dignidad a aquellos que colaboran con ellos para mantener sus empresas con un óptimo rendimiento, tanto en el aspecto comercial como en el económico, pero es que yo no sé qué pasa que se da el caso de que en todos los máximos dirigentes que en estas últimas décadas han pasado por esta organización patronal se observa una animosidad más que notoria hacia los trabajadores. No es que pidan el despido libre, que como bien dice el representante de la CEOE ya existe, por lo visto quieren ir más allá de los límites de la libertad y abogan por el futuro «despido anárquico y libertario». Hubo en España un ministro que apuntó la posibilidad de entrar en un domicilio particular dando una patada en la puerta del mismo y por lo visto, estos dirigentes empresariales abogan por la patada en las partes blandas para despedir, mejor dicho poner en la calle, a un obrero.

En su «brillante» disertación el vicepresidente de la CEOE dejó caer que la presión fiscal es «una multa que se impone a las empresas» y pidió a Montoro una bajada de impuestos para las industrias. La verdad es que los empresarios no tienen, según se desprende de las manifestaciones de algunos de ellos, la obligación de mantener a este país, para eso ya está la gran masa de ciudadanos. La verdad es que no sé por qué se niegan a mantener económicamente las estructuras sociales cuando nunca lo han hecho. Han contribuido en la medida de los beneficios que han obtenido, como cualquier hijo de vecino, y ni un céntimo más. Este no es un hecho aislado, es una ofensiva lanzada en todos los frentes. También el presidente del comité del Círculo de Empresarios, Miguel Canalejo, pide profundizar, por considerarlo necesario, en la reforma laboral y propone para ello medidas como «reducir el salario mínimo interprofesional de los jóvenes sin formación» obviando el hecho de que esto ya existe y además con jóvenes con formación, los becarios, que cobran salarios de esclavitud, o nada, y que a pesar de tener contratos por un número reducido de horas trabajan el doble o el triple de horas y no les remuneran esta prolongación de la jornada estipulada.

En fin, está claro que hay prisas. Se trata de que el gobierno de Rajoy deje las cosas atadas y bien atadas por si en las próximas elecciones generales a celebrar en el mes de noviembre se produce un cambio de color en el Ejecutivo. Saben que este Gobierno es, demostrado está, muy proclive a complacerles.

No quiero finalizar sin citar lo que sobre riqueza y pobreza dijo el dirigente de la CEOE: «Creemos en creación de riqueza y no en el reparto de la pobreza». A esto se puede responder diciendo: La riqueza no se reparte, nunca se ha hecho, la riqueza se acapara y lo que en mayor medida se reparte, no hay más que echar un vistazo a este perro mundo, es la pobreza.

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