Desde mi terraza

Civilizados

13.08.2015 | 04:11
Civilizados

Decía Gandhi que un país se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales. Y traigo esta frase a mi columna porque la semana pasada tuvo lugar la tradicional corrida de toros que se celebra en honor de la Virgen de los Remedios, Patrona de Alicante. Sin entrar en el debate a favor o en contra de los toros, me pregunto que cómo es posible que la Cofradía de la Patrona permite que utilicen su nombre para anunciar esa corrida. No tiene sentido y deberían cuidar el tema para otros años. La nueva y beligerante concejala de Protección Animal y Juventud Marisol Moreno, también conocida como «Marisol la roja», debería intervenir -con modales suaves y no a grito pelado- para que tal anuncio no vuelva a repetirse, los pequeños detalles también tienen su importancia para ir avanzando en la lucha contra actitudes incivilizadas; sin duda el maltrato animal no es ningún signo de progreso. En septiembre se volverá a celebrar la fiesta (sic) de origen medieval El torneo del toro de la Vega, también en honor de la patrona de la localidad de Tordesillas (Valladolid), la Virgen de la Peña, y de nuevo mezclando a la Virgen en semejante brutalidad cuya crueldad ahorro al lector por ser suficientemente conocida. «Pensando el territorio» es un portal digital especializado en temas ambientales y territoriales. Y dicho portal ha censado los cinco festejos españoles más crueles, teniendo siempre al toro como protagonista, a saber: 1º El Toro de la Vega. 2º Las corridas de toros. 3º El toro enmaromado (Benavente, Zamora, sogas uniendo las astas y arrastrado por todo el pueblo) 4º El toro júbilo (Medinaceli, Soria, con bolas de fuego en las astas).5º El toro de Coria (Cáceres), al que sacrifican haciéndolo diana de miles de dardos lanzados por los lugareños. A los citados ejemplos de civismo y humanidad puede añadirse un sinfín de fiestas con cabras, patos, gansos?sin olvidar a las muchas localidades de la Comunidad Valenciana en las que tienen a las vaquillas y a los toros (bous al carrer, bous a la mar?) como protagonistas. En general, no soy partidario de prohibiciones, y todas estas barbaridades desaparecerán el día en que el pueblo adquiera conciencia de la magnitud de las crueldades enumeradas; los encierros de San Fermín, en comparación, son un juego de niños protagonizados por los cientos de tontos que se divierten jugándose la vida corriendo delante de los toros que por la tarde serán sacrificados en la plaza. Allá ellos. Y entre tanta barbarie aparece la figura de un alicantino, Raúl Mérida, sobre el que INFORMACIÓN ofreció el pasado domingo un magnífico -por lo ejemplar- reportaje: «Un lugar para los desamparados». Raúl, a través de la Fundación Raúl Mérida, ha creado en Tángel, y en una finca a diez kilómetros de Alicante, un asilo con más de un centenar de animales salvajes procedentes del tráfico ilegal de especies, maltrato o abandono; es un centro de recuperación de animales donde viven desde leones usados en discotecas a monos que han sido objeto de experimentos. Sin subvenciones de ninguna institución oficial (la alimentación cuesta más de 3.000 euros al mes) se mantiene gracias a las donaciones privadas a través de su página web y de las ayudas de algunas clínicas veterinarias. La desatención oficial clama al cielo por ser una auténtica dejación de funciones y una muestra de que no siempre se predica con el ejemplo. Espero y deseo que la tantas veces criticada concejala Moreno tome cartas en el asunto y dedique parte de sus muchas energías a que el bueno de Raúl continúe su labor con más tranquilidad económica. Raúl Mérida merece no digo una calle, sino un monumento en cualquier plaza emulando a un San Francisco de Asís del Siglo XXI. En un mundo desquiciado por las desigualdades, con cientos de personas muriendo en el Mediterráneo por huir de las guerras o por buscar un pedazo de pan en la vieja Europa, no puede obviarse la atención a los animales víctimas de actitudes inciviles.

La Perla. «La compasión por los animales está íntimamente conectada con la bondad de carácter, y se puede afirmar con seguridad que aquel que es cruel con los animales no puede ser un buen hombre». (Schopenhauer)

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