12 de agosto de 2015
12.08.2015
Correo urgente

Religión, situación política y sociedad

12.08.2015 | 03:37

Recuerdo algunas de las conversaciones de estos últimos días postelectorales, en las que los partidos que pierden, por ejemplo el Partido Popular, en las que el denominador común sería: «Es que tal o cual partido nos ha quitado escaños», «es que han votado a otros que se han aprovechado de la corrupción», «es que nos quitan el poder con acuerdos vergonzosos», «es que?». Un grave error pensar así, sobre todo para el principal partido de nuestra nación como es el Partido Popular que es el peor parado en las últimas elecciones en cuanto a pérdidas de poder. Tal vez, o seguro que alguno de los «es que» han tenido su parte. Pero la única realidad en política, y más en este caso, es que otros ganan porque nosotros perdemos. Es decir, no echemos culpas a nadie, no busquemos excusas, se ha perdido porque se han hecho las cosas mal, o como ahora después del varapalo recibido se empieza a escuchar de algunos dirigentes «es que no hemos sabido comunicar». También aquí puede haber algo de razón, pero se ha perdido esas cotas de poder porque no se ha sabido gobernar. El PP ha tenido en sus manos, desde arriba hasta abajo, unas mayorías absolutas que no ha sabido encauzar y con las que podría haber hecho lo que se dice en el fútbol «afición». Se han tomado decisiones que iban en contra de todo su electorado, excepto naturalmente de los que llueve o truene lo disculpan todo aun no estando de acuerdo. Esto naturalmente se llama fidelidad. Pero con eso tampoco basta. No se puede negar algún que otro milagro económico general, pero hasta en eso se ha perdido «el caché».

Se ha querido buscar en tierras nuevas y se olvidaron de las antiguas que hacía falta abonar para que florecieran de nuevo.

Dice Louis Evely, en uno de sus libros, «que la religión de muchos de nuestros contemporáneos se caracteriza por ser la religión de la ausencia de Dios», «que nuestros escritores católicos no hacen más que complacerse en la desesperación, en las lamentaciones, en los gemidos», «a nuestros cristianos les falta esa riqueza. Están tristes, desilusionados, cansados? dudan de Dios y de sí mismos. El Espíritu se cuela por ellos en lugar de manar de sus corazones». Utilizo esos textos porque es lo que se está consiguiendo en nuestra sociedad, sobre todo políticamente hablando. Ante tantos manejos, incluso entre grupos que deberían estar al infinito de otros, ante tanta noticia negativa y tanto negativismo en general, la sociedad está ¿avanzando?, hacia la tristeza, la desilusión, el cansancio.

Estamos, o yo lo estoy, terriblemente preocupados por la cantidad de noticias de asesinatos entre parejas, de niños, de maltratos, de falsa sexualidad, de adocenamiento, de más ricos y más pobres, de pagos de enormes cifras a personajes olvidando a las personas. Preocupados por el poder, por los pactos, por ver quién manda y quién cambia lo que hay por lo que sea. Entre tanto, la sociedad sufre esos ejemplos que no son más que consecuencia de una mala política de todos los que «mandan». Dentro incluso de los propios partidos asistimos a un aumento de ese cansancio viendo cómo son mentiras las formas, el fondo es hacer «los equipos» que me mantengan en la «pomada».

No dejemos de dar importancia a muchísimas opiniones que ante estos panoramas hablan de un futuro terrible. Confiemos que no tengan razón. Es preciso que los que están y los que tengan que venir se den cuenta de su responsabilidad, si no serán corresponsables de cuánto ocurra. Tienen que devolvernos la alegría.

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