09 de agosto de 2015
09.08.2015
Con estilo

Con alas de Pegaso

09.08.2015 | 02:11
Con alas de Pegaso

Como en las grandes gestas de la mitología, este verano parece que para poder salir de la oficina, la tienda, el despacho o simplemente salir, es decir, salir y poder gozar de una cosa llamada (o mejor dicho, mal llamada vacaciones...) hay que conseguir montarse a lomos de Pegaso. Nacido del encuentro, todo pasión, de Poseidón, rey del mar y los caballos y Medusa, una de las tres górgonas de la mitología griega, es el símbolo de la libertad, el caballo sobre el que se montó Perseo después de matar a la invencible Medusa. Vamos, que si de alguien me he acordado en estos calorets de este inenarrable veranito, que ni los de William Faulkner, es del citado y querido Pegaso; o mejor dicho? de sus alas. Porque me van dando ganas de ponerme alas por montera o si no asimilarme a uno de esos maravillosos gags de películas y, o bien esfumarme como el Coyote, o bien dejarme caer sobre «El día de la Marmota», para entrar en un bucle cerrado que me lleve, sí o sí, entre el sol, las calles ardiendo y la «Insoportable levedad del ser» hasta las mismas «Knockin' On Heavens Door» con Gun&Roses incluido. Y después quedarme tan ancha y tan pancha. La cosa se pone fea en este punto. Porque de verdad que seguro que quien me lea este divino y súper «hot» dominguito, lo más que desea, como hice yo hace dos de estos, es pasarme el finde en bañador y en un chiringuito divino como el Life en la Playa de San Juan, justo debajo del antiguo Hotel Sidi, con mojito en ristre y una sarta de prensa y ganas de escuchar música y bañarte. O mejor dicho, ponerte en remojo en este cálido y tórrido mar levantino, y después volverte a mojar, así hasta que cuando salgas estés ya más arrugada que las papas «mojo pico» de Canarias style.

Pero mientras, Pegaso sigue siendo el ideal para poder volar. Lo digo al hilo de que este verano es digno de volar, ya no sé si en caída libre o en altos de la colina, pero sobre todo de volar con gusto y ganas cual mochuelo, directamente al nido que más te ponga y, con suerte, desgranando los minutillos que te separan de la realidad con el regustillo de olvidarla por un ratillo como sea. Porque dado lo que uno deglute en el informativo de cualquier cadena, la prensa nacional y la de por estos lares, las locuras varias de todos los interfectos de la cosa pública y no tan pública, y las «sanas» intenciones de algunos y algunas? se te va poniendo tremendamente atractivo lo de acariciar la idea de volar. Sí, volar y volar... hasta llegar a un rumbo desconocido que te rehaga como los «reset» de los PC y te deje nuevecito para encaramar la cuesta de este otoño. Porque, queridos amigos, el Otoño promete.

De entrada porque viene cargado de nuevas noticias, de ideas, de un poquito de frío (por dios que alguien se lo pida a Dios, a Ala, Buda o quien corresponda...) y sobre todo de unas ganas tremendas de avanzar.

Se nota y se siente que el personal está empezando a pensar en futuro en positivo y en olvidar tanta mediocridad y comenzar eso llamado reconstrucción. Es genial ver que todo es posible, salvo lo que no se intenta, claro... y sobre todo es más genial que la sociedad entera esté despertando para tomar su sitio, para volver a ser lo que dejó de ser y para que cada Pegaso que llevamos dentro vuelva a hacer de este Alicante lo que toca. Mientras, unas merecidas vacaciones y luego, a currar. Feliz domingo agosteño.

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