Pisando charcos

Padres asesinos

08.08.2015 | 02:01
Padres asesinos

En siete días cuatro niños asesinados por sus padres. La moda de matar a la madre en vida. ¿A qué madre le quedan fuerzas para vivir tras la muerte de sus hijos? Una práctica estremecedora que en su mayoría se produce cuando los menores se encuentran disfrutando de la compañía de esos psicópatas llamados papás. Con el niño a solas, durante la visita o en el momento que le toca la custodia compartida, aprovechan que ese menor, indefenso, confiado a quien le ha dado la vida y debe proporcionarle un bienestar pasa a ser el objetivo, que no objetivo –que es la madre– de la agresión física. Esos padres que arrebatan el bien jurídico más preciado: la vida, el mismo ser indeseable y malnacido que trajo al mundo a ese hijo, en muchos casos lo asesina con la madre delante y después le toca a ella o el suicidio del cobarde. Porque además de agresores son cobardes.

Creo que el hombre que ejerce la violencia sobre la mujer y se da la circunstancia de que hay hijos de por medio, no son merecedores de disfrutar de un régimen de visitas, mucho menos de una custodia compartida en los casos de que esté establecida tras la separación o divorcio sin que la víctima haya denunciado por malos tratos. Afortunadamente, no hay posibilidades dentro del marco legal en caso de que un juzgado de violencia conozca de una causa –me refiero a la custodia compartida–, esto es de lo poco que no habría que cambiar de la actual Ley de Violencia de Genero. El agresor en ese supuesto, es decir, si ha sido denunciado por la víctima, no podrá disfrutar de este tipo de régimen. Del mismo modo, me reitero en mi opinión, como en artículos anteriores he escrito, que al hombre que es denunciado por una mujer por violencia de genero y que no es maltratador, sino que se trata de una denuncia falsa, debe ser tenido en cuenta cómo se están vulnerando sus derechos fundamentales. Tras la denuncia es detenido, privado de libertad sin medio probatorio alguno y puesto a disposición judicial en tiempo récord. En muchas ocasiones es imposible preparar su propia defensa. Y si la denuncia se la han puesto viernes, pasará un fin de semana en calabozos antes de pasar ante el juez.

Insisto, son casos extremos donde tanto en uno como en otro considero que la ley de violencia debe ser modificada en muchos aspectos, ya que puede llegar a ser un claro ataque a derechos fundamentales. De otro lado, en los supuestos que nos ocupan hoy, los de los padres asesinos, agresores o en los casos donde la violencia llega a la culminación del techo de la agresión, debería de endurecerse más la ley, que entiendo queda bastante floja en su catálogo punitivo de penas al maltratador. De este modo evitaríamos ver los malditos titulares que horrorizan, deprimen y nos dejan la mente en blanco ante la impotencia sobrevenida, al ver la existencia real de estos alarmantes sucesos. Estamos ante casos de violencia donde el agresor decide que el mejor modo de atacar a la víctima, su pareja, es ir contra o agredir a los objetos, personas o cosas queridos por ella. Es lo que se conoce como agresión vicaria. Se trata de un desplazamiento de la agresión: el agresor agrede a hijos o cosas, pero con la sumergida intención de hacer un daño irreparable a la víctima.

¿Qué es el summun de todo esto? El culmen de estas acciones es matar a un hijo. ¿Acaso hay algo que quiera o que ame más una madre? El culmen de la maldad, la crueldad, que se regina, se especializa. La maldad se hace más mala cuando matas a un hijo. La crueldad lleva a esos cerebros dominados por el mal a que, según entienden los especialistas, al momento de consumar el asesinato de esos inocentes niños, no los vean como sus hijos ni se sientan sus padres. Se trata de dañar lo más posible al objeto de tu vida. Un lema: «Tú me has dejado, pero no te vas a olvidar de mí», que en cierto modo es lo mismo que lo que todo maltratador lleva grabado en su mente: «Tú eres mía y de nadie más». Esa es la realidad de estos salvajes, asesinos, maltratadores, asociales, basura de sociedades, inhumanos, desalmados y no merecedores de disfrutar de una vida. No me quiero lanzar porque quizás podría hablar hasta de la necesidad de una pena de muerte. No quiero pensar porque me enciendo, me exalto y creo que todo rechazo de sociedad es poco a lo que aunque está tipificado como asesinato, a la hora de clasificar jurídicamente y psicológicamente, estamos ante casos de violencia machista, de género. El Código Penal tipifica hechos, actuaciones del ser humano que son típicos, culpables y punibles. Se etiquetan estas acciones como merecedoras de reproche jurídico. Se tipifica la muerte de un ser humano producida por otro ser humano. Ahora bien, cuando la Criminología, que es una ciencia que complementa al Derecho Penal, analiza el hecho concreto, estos hechos de asesinato, criminológicamente, son distintos a matar a una persona sin más. Son una serie de hechos que nos dicen que estamos ante violencia de género. Estamos ante los asesinos de la sociedad.

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