2014, sindicalismo de clase para no morir

06.02.2014 | 21:52

Cómo empezar un artículo de opinión revisando lo realizado y mirando hacia un futuro ¿incierto? 2013 ha sido un año plagado de conflictos laborales, sociales y políticos, y, aún así, muchas personas se siguen preguntando dónde hemos estado los sindicatos. Los sindicatos andamos remando a fuerza de impulso en un mar donde se pasa de la marejada a la mar gruesa llegando hasta la montañosa, pero así tiene que ser porque para eso estamos y porque somos parte de la sociedad. Y sí, seguimos ahí, con una afiliación a la que vamos a cuidar más, con nuestra representación, tanto unitaria como sindical y con una clase trabajadora a la que hay que seguir organizando porque es la única forma de plantar cara al capital, sí al capital. Puedo empezar denunciando que en 2013 han recortado 33.000 millones de euros en pensiones y se han inyectado a la banca 36.000 millones de un dinero público que no aparece en la economía real y que no se recuperarán. Recortes en todo el sector público. Empiezo denunciando que las grandes empresas y fortunas representen el 72% del fraude fiscal, y que 30 familias manejen la riqueza del país.
En 2014 añadamos el empobrecimiento fruto de la reducción salarial por la reforma laboral del PP, del desempleo, de las subidas de las facturas del gas, luz, agua, IBI, comida, medicamentos y otros copago. El objetivo de esta ofensiva capitalista es acabar con las conquistas que la clase trabajadora organizada ha logrado estos años. Éste es el escenario actual y de futuro a pesar de los que tratan de convencernos que salimos de la recesión con palabrería gratuita para agradar a una Troika que insiste en que el gobierno profundice en los recortes.
La ciudad de Alicante y comarca ha afrontado conflictos como el de la puesta en venta de Alcoa y el anuncio de cierre de Cemex, en los que CC.OO. y los comités de empresa, negociando al límite, bajo el histórico chantaje capitalista de «o pierdes derechos o pierdes el empleo», actúan responsablemente y exigen a quien corresponde que no se desmantele el tejido industrial, ahí sigue Cemex y Alcoa. Pero nada les parece suficiente: también van a por el transporte urbano de la comarca, el TAM, con un conflicto en el que se han escenificado espantadas de Consellería y desencuentros políticos y de liderazgo que provocaron la convocatoria de huelga en Masatusa y La Alcoyana y que gracias a la organización sindical de la plantilla se rescataron los 65 empleos amenazados, y ahí continúan trabajando desde la cooperación y solidaridad de las plantillas y ciudadanía.
Pero continúa el planificado deterioro de nuestros servicios públicos como Sanidad o Educación, las movilizaciones a lo largo del 2013 han sido de las más numerosas gracias a estar promovidas por plataformas unitarias compuestas por sindicatos, AMPAS, partidos políticos y otras asociaciones, como en la huelga del 23 de octubre, y que siguen generando una marea donde la comunidad educativa en su conjunto pone por delante la defensa de la educación pública, de calidad y en valenciá, diciendo mil veces no a la LOMCE. Las movilizaciones del sector de la discapacidad y dependencia en sus vertientes laboral y social, sectores donde las plantillas no cobran sus salarios, ven sus condiciones laborales degradadas junto a la indefensión de las familias y usuarios ante decisiones políticas donde se les castiga con impagos de las prestaciones y repagos injustos. También ha sido el año del cierre de la RTVV con un boicot decretado por el mismo gobierno que recurre a la arbitrariedad y a las mentiras para tratar de justificar su incapacidad para afrontar su deterioro y corrupción evidenciada en sus propias filas.
El 2014 no se queda atrás, comienza con una huelga de la limpieza viaria recién finalizada y que fue consecuencia de la cerrazón patronal a negociar y mantener un convenio colectivo eficaz desde hace 30 años. Un conflicto en el que tanto los trabajadores/as como los sindicatos integrantes del comité de empresa han padecido interferencias e intromisiones inexplicables con el fin de que el conflicto no se resolviera en un plazo menor, donde el Ayuntamiento de Alicante ha tenido un papel fangoso, malmetiendo al comité y esquiroleando una huelga por las gónadas hinchadas de alguien: así gobierna el PP nuestra ciudad. Pero aviso, esto no ha terminado, CC.OO. denunciaremos estas actuaciones, no vamos a estar impasibles mientras un derecho fundamental, el de huelga, es pisoteado e interferido por los poderes públicos.
La ofensiva del capital sigue, ahora, con una multinacional como Coca- Cola y un ERE que afecta a 1.250 trabajadores/as en todo el estado y que conlleva el cierre de cuatro plantas, la de Alicante incluida. CC.OO. hemos denunciado que este ERE es ilegal y exigimos su nulidad, al tiempo que la plantilla se moviliza en la planta y en la ciudad. Una ciudad, una comarca, que pierde tejido industrial porque gobierno y empresas apuestan por un patrón productivo en el que el empleo sea buscar empleo.
El despropósito de la administración es tan grave que mantiene a 9.000 trabajadores/as sin cobrar salarios e indemnizaciones del Fogasa desde hace 15 meses. Denunciamos una situación que esconde un claro deterioro del servicio público, privatizando parte de la gestión y abandonando a su suerte a la gente, a los currantes.
El listado es interminable, a los despidos se unen los impagos de salarios, los descuelgues o inaplicaciones de los convenios colectivos, que, a veces, se negocian si existe representación sindical y otras imponen ésta a unas plantillas sin información ni la organización necesaria para afrontar estos problemas. Los sindicatos realizamos una labor que, seguro, puede ser mejorada, pero que es incuestionable en muchos sectores donde la responsabilidad en el mantenimiento del empleo y de la actividad económica está siendo sostenida por los trabajadores/as. La reforma laboral pretende debilitarnos al tocar la negociación colectiva, línea de flotación del sindicalismo de clase, y que afrontamos con la capacidad de negociación ligada al conflicto y la movilización.
El escenario en este año seguirá conflictivo, seguro, ya que harán falta al menos 15 años para recuperar los tres millones seiscientos mil puestos de trabajo perdidos; como dice Toxo, el gobierno parece haber decretado el fin de la crisis pero el paro, el empobrecimiento imparable de la clase trabajadora y la ciudadanía está ahí, en nuestros propios hogares, en nuestras familias. Salir de la recesión como anuncia el gobierno no significa salir de la crisis. La propaganda de gobiernos conservadores -conservadores de un sistema económico injusto- y organizaciones empresariales apunta a que «los sin» tengamos cada vez menos, hasta quedarnos sin nada. Nuestra alternativa es apostar por los necesarios cambios sociopolíticos y económicos, en el que la fuerza principal sea la capacidad de organización de la clase trabajadora y la sociedad en su conjunto, otra economía, otra forma de gobernar respetando los principios fundamentales del estado social, democrático y de derecho. Podemos redistribuir la riqueza pero para ello hay que acabar con los explotadores, los que pervierten la democracia. Y en el espacio concreto, micro, las políticas de las administraciones locales no pueden pasar por someterse a dictados superiores porque a quienes deben servicios es a la ciudadanía, por eso hemos dicho y decimos que la ley de racionalización y sostenibilidad de la administración local ( demagogia hasta en la nomenclatura) es un ataque a la ciudadanía que mercantiliza la democracia más cercana.
El sindicalismo de clase, CC.OO. entre ellos, pasa por seguir priorizando a las personas, pasa por seguir reivindicando los servicios públicos como garantes en la lucha contra la desigualdad social; pasa por continuar en las empresas organizando a nuestra afiliación y a la clase trabajadora; pasa por trabajar desde lo colectivo apartando el individualismo que esta sociedad de consumo impone; pasa por ser transparentes en lo que hacemos y gestionamos; pasa por ser contundentes con los que la pifian dentro y fuera de nuestra estructura sindical; pasa por defender la democracia en las empresas y en la sociedad; pasa por hacer oídos sordos a los que se mueven por vendettas y reputaciones personales cuando censuran nuestra acción sindical y posicionamiento sociopolítico. Y pasa porque en Alicante tengamos en el horizonte de nuestras decisiones la movilización sindical y social sostenida con un objetivo, la defensa del empleo, la creación de trabajo decente y de un marco de relaciones laborales justas, por ejemplo.

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