Democracia instrumental

30.07.2013 | 07:25

Es un error inferir que la crisis del sistema democrático español es lo que determina la necesidad de un cambio de la Constitución. Cuando se insiste en ello se suele ocultar que la raíz de la crisis no es política, sólo, sino que trae causa del modelo económico-social impulsado por las modalidades del capitalismo actual. De ahí que proliferen todo tipo de dicterios sobre los partidos políticos y los políticos en general, proclamando (una vez más) el fin de las ideologías y la desaparición de derechas e izquierdas, y que se reafirme todo el rosario de mantras que adornan, desde hace décadas, lo más florido del discurso neoliberal.

No es extraño que aparezcan formaciones que tienen una visión meramente procedimental de la democracia, caso de Ciutadans y UPyD entre otros, que ponen el foco de sus propuestas en la regeneración democrática, la lucha contra la corrupción, la restauración de una auténtica separación de poderes, la transparencia de las instituciones, más participación de la ciudadanía, más controles hacia los gobernantes y representantes, replanteamiento de la ley electoral para personalizar el voto, así como una reforma a fondo del modelo autonómico, etc. y que subrayan, por otro lado, que «la superación del bipartidismo oligárquico» es la condición necesaria para llevarlo a cabo.

Todas estas propuestas instrumentales de reforma de la democracia son interesantes, discutibles unas y necesarias otras (aunque no novedosas), pero deberían de concretarse algo más, si de lo que se trata es de alcanzar un marco de entendimiento para abordar con éxito una reforma posible de la Constitución y no una reforma abstracta e inviable y evitar, entre otras cosas, que a la profunda crisis económica que padecemos se sume el caos consiguiente de un cuestionamiento generalizado, y sin salida, del modelo de estado constitucional, cuyos beneficiarios últimos de dicho caos todos sabemos quiénes podrían ser.

Me temo que estas y otras iniciativas de regeneración democrática se detienen ahí, en «perfeccionar» el instrumento de la democracia, pero no aclaran cuál es su finalidad. «Está bien se les oye decir vamos a poner el vehículo de la democracia, totalmente inservible, a punto; no queremos que siempre lo manejen los mismos a su capricho, mientras los demás pagamos la gasolina». Y no les falta parte de razón; pero, a mi modo de ver, hay una cuestión previa mucho más importante, que sería: «Dime qué quieres hacer con ese vehículo escacharrado, adónde quieres ir, para que lo quieres utilizar, y vamos y lo ponemos a punto».

El sistema constitucional español requiere reformas, eso es evidente, pero tales reformas no pueden desconectarse del modelo económico-social que se pretenda promover mirando hacia adentro y hacia afuera, es decir, a Europa especialmente y de los problemas que tenemos que enfrentar para preservar y desarrollar el modelo de Estado Social.

Así que conviene saber qué hay de las propuestas de cara a la unión política, económica y social de Europa; qué hay acerca de las políticas de igualdad y no discriminación; qué pasa con los retos de la política monetaria; que se prevé respecto a una Agencia Pública de financiación; Cuáles son las medidas a tomar en materia de política de empleo y en relación con los desequilibrios en las relaciones de trabajo y de negociación colectiva; si se tienen ideas claras respecto al fortalecimiento de las pensiones públicas, la defensa del modelo de sanidad pública, universal y eficiente, y de educación pública y de calidad; si se está dispuesto a consagrar en la Constitución la garantía de derechos sociales tales como el de la salud, y un largo etcétera. En definitiva, si la reforma que se propone de las instituciones, va en el sentido de fortalecer el estado social y defender los intereses colectivos, o si se queda en una mera defensa de los postulados individualistas del liberalismo económico rampante.

Para echar a andar el vehículo, en nombre de la democracia, no está de más dejar bien claro para qué.

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