Temas que duelen: la enseñanza

26.07.2013 | 23:40

Un día, Pérez Reverte se quejaba de que era un disparate que una consejera general y su subdirectora (abogada la una, periodista la otra y ambas en la política desde muy jóvenes) estuviesen ocupando el cargo de Cultura en el Gobierno sin otro merecimiento curricular que su militancia de partido, ni ser verdaderos expertos con prestigio reconocido en Educación y Cultura. Los políticos suelen decir que no es necesario ser entendido en aquello que comandan para gobernar, solo se precisa rodearse de buenos colaboradores. ¿Quiénes?, ¿los famosos consejeros «digitales»?
Y esos señores que nos gobiernan –a veces uno piensa por qué– suelen regar este campo de Agramante en el que se ha convertido España, de frases llamadas «perlas» que nos llegan como misiles destructores de toda esperanza. Vean una de ellas, modélica por demás, dirigida a los jóvenes que luchan por no perder el aliento: «Cuando vayáis a optar por una profesión, no os dejéis guiar por vocación alguna que no os lleve a la rentabilidad€» y yo, ilusa de mí, tuve la levísima esperanza de oír aquel comienzo del poema de Cavafis: «Cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo€», y sigue el poeta aconsejando a los jóvenes que procuren que el camino esté lleno de aventuras, de experiencias, en donde se pueda aprender a aprender de los sabios. Y al final, tras sabios consejos, explica a los jóvenes lo que son las ítacas: el camino es la vida. Es un poema al que recurro con frecuencia. Pero el ministro sugiere matar la vocación y dirigirse hacia el sillón en donde, lleno de dinero y seguridad, se convertirá en un ser prematuramente vitalicio dejando pasar los ambiciosos proyectos, las investigaciones, los descubrimientos que puede ofrecer este mundo, hoy herido por el rayo de la economía, la soberbia de los poderosos y la rapiña de este capitalismo tabernario€, dejando, ay, las «hermosas mañanas de verano» inútiles por no tener su contemplador.
¡Aconsejar a los jóvenes que desoigan los llamados de su vocación, qué desatino€! Es como cercenar el deseo de emprender, de vivir. Podemos tener hambre física, que se aplaca con cualquier trozo de pan, pero el ansia de saber, de investigar aquello que se vislumbra, no se puede saciar con dinero. Hay que abrirles las puertas a estos jóvenes por el bien de todos. Y además, hay que dejar que los investigadores investiguen, los docentes enseñen, los jueces juzguen, los agricultores cultiven y los ministros faciliten toda esa labor, que es de donde sale el rendimiento real y la riqueza.
Ya sé que es difícil aconsejar a los jóvenes que hagan caso a un poeta con la que está cayendo, pero creo que es inmoral dejarles con la ilusión y con ella el verdadero futuro, cercenados. «No todos han de ir a la Universidad» decía otro iluminado, mientras justificaba la tremenda subida de tasas, por lo que los que no tienen dinero tendrán vetada la enseñanza superior. No es preciso que todos vayan a la Universidad, pero los que valen, sí. Tengan o no tengan con qué pagar.
Pues fíjense, quería yo hablar del estado lamentable en el que se encuentra la educación, la enseñanza, y su posible reestructuración pero me quedé en la tristeza, ya casi melancolía, de los jóvenes. Será otro día cuando le pregunte al señor Wert si está realmente satisfecho del parcheo al que ha sometido la estructura sobre la que descansa todo el sistema docente. Exámenes-barrera mediante los cuales pretende saber si los profesores se afanan (o hacen el vago) y los alumnos memorizan bien con el fin de rellenar sus historiales académicos con fatuos dieces. ¿No ha caído usted en la cuenta, señor ministro, de que la enseñanza es conseguir que los estudiantes entiendan el mundo que les rodea, adquieran las destrezas que les permitan expresar sus ideas y razonar sobre todo lo que es importante, de la mano de profesores a los que se les ha propiciado una buena formación para que esto sea posible? Son temas que llevan trabajo, señor Wert; y para resolverlos hay que tener ideas claras, saber pedir consejo a quien sabe y ponerse al tajo, no a perorar€
Estoy muy disgustada con esta época que me ha tocado vivir. Porque tal y como andan las cosas en esta España nuestra, a una no le entra una sonrisa ni contemplando el camarote de los hermanos Marx. Y al divino Rajoy qué decirle, si con tal agazapamiento parece que ni se entera€

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