Hablar idiomas

25.07.2013 | 21:03

Entre los lugares comunes que se dicen de los españoles está en uno de los primeros lugares el que sostiene que no hablamos idiomas. Al decirlo, queda claro que se trata de lenguas extranjeras, no del problema del catalán, gallego o vasco. No hablar idiomas es algo que se echa en cara a los presidentes del Gobierno, y con razón. Aznar dando conferencias en la universidad estadounidense o Zapatero echando un discurso en el parlamento francés desataban, al margen de las carcajadas, un sentimiento de vergüenza ajena del que deberíamos responsabilizarnos todos. La propia expresión pone de manifiesto la magnitud del problema porque eso de decir que no hablamos idiomas, como lacra en general al margen de cualquier lengua en concreto, pone una barrera absoluta entre una y todas las demás, entre lo que nos resulta familiar y el resto del universo.

Se trata del mismo episodio de paletismoque refleja eso del extranjero como lugar de referencia. Hace unos días entrevistaban en la radio a los transeúntes para saber dónde pensaban pasar sus vacaciones y la elección que se les presentaba era España o el extranjero así, en bloque. Luego venían las razones que justificaban el preferir, como sucedía en todos los casos, el veraneo patriótico. Los entrevistados hablaban del extranjero como si fuese un lugar concreto, esotérico y nada deseable, igual que sucedería con el infierno, dejando muy claro que da lo mismo viajar a Portugal, Francia o Tierra de Fuego.

Es probable que ambos aspectos, el que generaliza poniendo en el mismo saco todo el extranjero y el que hace lo propio con los idiomas distintos a la lengua materna, estén relacionados. Ya lo decía Caro Baroja: el analfabetismo se cura leyendo pero para librarse del que tiene facetas xenófobas hay que viajar. Viajando se aprenden no idiomas pero sí, al menos, alguno de ellos a poco que se insista. Aunque hay también hay alternativas como la de apuntarse a una academia.

Este diario publicaba ayer la noticia de que la Escuela Oficial de Idiomas ha decuplicado las matrículas del primer año de ruso, lengua extranjera donde las haya. Ni qué decir tiene que las razones esgrimidas para que la Conselleria de Educación apoye los programas de enseñanza de ruso son laborales: comienzan a proliferar los turistas con rublos en el bolsillo y no es cosa de perder la oportunidad. Idénticos argumentos se barajan para poner a los chavales a estudiar chino mandarín y no digamos ya alemán que, en algunos colegios, se ofrece como lengua obligada. Yo no sé si de esa forma nos quitaremos de encima el sambenito de que no hablamos idiomas pero estoy casi convencido de que seguiremos hablando del extranjero en abstracto. Los matices vienen sólo de la mano del insulto –forastero, moro, sudaca, guiri– como colofón perfecto. A lo mejor lo que nos pasa es que no hemos terminado de digerir eso de la Reconquista como heroísmo total.

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