¡Dale perico al torno!

23.07.2013 | 22:26

Se ha empeñado y hasta que no lo consiga, aunque sea por aburrimiento, no va a parar. The Princess quiere volver al despacho oficial cueste lo que cueste, porque, como el anuncio de los productos de belleza femeninos, «ella lo vale». Lo que pasa es que –según me cuentan- no tiene el respaldo de los «peperines», y eso es malo, porque no te asegura acceder a la estancia principal del palacete del marquesado de Arneva, sobre todo si estás imputado/a y, además, procesado/a, como parece que es el caso. Con todo, las huestes de la más bella entre las bellas se han pensado muy mucho lo de firmar el cheque en blanco que es el «papelín» que respalda tirar a la calle al tito Rate porque están expuestos a ser arrojados ellos mismos al arrabal y no precisamente a las calles del barrio que –según la historia- paseó la heroína Armengola. Mientras, la seño Mayoral se ha convertido en la más deseada, aunque unos la quieren para una cosa -para que firme- y otros para otra muy diferente, para matarla (en el buen sentido de la palabra, si es que tiene un buen sentido). Incluso se cruzan apuestas sobre si será la próxima inquilina del despachito de marras y a ella, cuando lo escucha, se le ríen los huesos y se le desparraman sus pocas carnes, porque aunque el sillón es caliente también es el más relevante, el más importante y la seño, como The Princess, ha nacido para mandar.
A todo esto Virgilio –nada que ver con el filósofo griego- se ha convertido en una pieza súper mega importante en todo este puzzle, porque los liberales «mancebistas» –seguidores de MacGyber-, que son dos y uno de ellos es él, se agarran como a un hierro ardiendo a lo que diga el fedatario sobre si la «Seño» está fuera de juego o puede centrar al segundo palo para que Pepita remate por toda la escuadra. Y de mientras, Morgana ¡sin dar señales de vida!; cuentan que ha estado apagada y fuera de cobertura –que no desenchufada- durante las fiestas de la Reconquita, aunque, cual Fátima –nombre «moraco» pese a que parezca lo contrario-, dicen que ha estado en la capital del califato, Córdoba la sultana, visitando sus tierras. Y el tito Mon, más valiente que un San Luis y al más puro estilo Juana de Arco, se ha dejado ver, como en Semana Santa, pero en moros y cristianos, por ventanas y balcones, a los que, como en el canto «semanasantero», mucha gente se asomaba. Y los plebeyos –cual «marujas»- cuchicheaban a su paso –el paso cansino de Mon- sobre su continuidad, o no, en el palacio de la Esquina del Pavo. Incluso, en una de esas noches calurosas y morunas alguien se apresuró a contarme que el «papelín» necesario para hacer la ITV en Palacio se firmaba ayer. ¡Cuánta sabiduría la de mi garganta profunda!.

Ahora a esperar acontecimientos y noticias, porque en la Villa y Corte estamos ávidos de ellas. ¡Esto es un sin vivir; es un sin Dios!. Los «sagales» de ahora –no alcanzo a saber el motivo y siempre me ha llamado la atención- cuando celebran una despedida de soltero se bajan al moro –no es que se vayan a Marruecos, aunque conozco a algunos que, en una de esas, han llegado a cruzar el charco para plantarse en Cuba- y se desplazan como el que no quiere la cosa a Mojacar o a Granada (más moro imposible; ¿o no?). Se toman unos «quinticos», unos «gintonis» y «pa» la casa, que llueve. Me cuentan que en las filas «peperinas» se está organizando un «viajesico» de esta índole para celebrar lo que llevan esperando desde hace dos años, porque «el despacho es mío»; ¡qué coño!. Lo que está por ver es si fletan un autobús o si con una furgoneta tienen bastante (todo dependerá de cuantos se apunten a la excursión-sarao lúdico festivo con tintes y ribetes de cachondeo), sobre todo si no se sabe quién corre con los gastos -porque la cosa no está para muchas alegrías económicas- o si se paga a escote, que siempre se ha dicho que así nada es caro; además de que nadie se hizo rico pagando las cuentas de los demás; bueno si te apellidas Barcenas o Urdangarín o si tienes un ERE en el sur peninsular, también, ¡y no te digo nada si vendes pegatinas, «bolis», mecheros o gorras para campañas electorales, ¡te forras, «nano», te forras!.
Lo dicho, The Princess ha puesto en marcha, ¡otra vez!, la estrategia del acoso y derribo al infiel. Ha llamado a filas a Origor para que ensille su corcel negro y cabalgue por las calles y plazas de la Villa y Corte para destronar al verderol. Ha desenjaulado la oropéndola, que en vuelo rasante, ha mostrado la señal de que el día de la Reconquista está próximo. Y oye, ¡a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga!, porque todo apunta a que no hay vuelta de hoja, puesto que la Princesa se ha empeñado en darle Perico al torno y hasta que no lo consiga no va a parar. ¿Quién tiene un «boli» para firmar el papelito?.

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