22 de julio de 2013
22.07.2013

La indulgencia barata en twitter

22.07.2013 | 22:07

En 1517 retumbó en Alemania una de las frases más tremendas y con mayor repercusión en la historia de la Iglesia. El dominico Johann Tetzel vendía indulgencias cuya recaudación era destinada a construir la basílica de San Pedro, en Roma, y con su lengua de fuego exclamaba: «Tan pronto como suena la moneda que cae en el cofre, el alma salta de inmediato fuera del Purgatorio» (el alma de aquel difunto por cuya salvación el fiel había comprado una indulgencia). Aquellas palabra llegaron a oídos de Martín Lutero, cuya irritación fue tal que el 30 de octubre de 1517 clavaba las «95 tesis sobre las indulgencias» en la puerta de la iglesia del castillo de Wittemberg. La Reforma Protestante, el gran cisma del catolicismo moderno, acababa de comenzar.
Varios lugares alemanes exhiben todavía hoy los «cofres de Tetzel», cuyas portezuelas constaban de tres cerraduras: una que abría el representante del Vaticano, otra de la que se encargaba Alberto de Brandeburgo (que había pagado 24.000 ducados a Roma por haber recibido el pastoreo de la archidiócesis de Maguncia), y la tercera, a disposición de los banqueros de la familia Függer, prestamistas del citado arzobispo Alberto.
Y donde hace 500 años figuraban los Függer se ha dado por supuesto estos pasados días que el imperio Twitter, la red social de micromensajes, sería la entidad mediadora para que los católicos ganaran la indulgencia plenaria durante la Jornada Mundial de la Juventud, que, presidida por el Papa Francisco, tendrá lugar en Río de Janeiro del 22 al 29 de julio. La confusión ha sido grande, pues la doctrina católica de las indulgencias lo propicia. Después de la amarga experiencia del referido cisma del Occidente, las indulgencias fueron reformadas y en el presente ya no son de pago. Casi desaparecieron en los años del Concilio Vaticano II, pero el Papa Pablo VI las rehabilitó en la Constitución Apostólica «Indulgentiarum doctrina», de 1967. El edificio penitencial del catolicismo tiene muchas plantas y es complejo recorrerlas. Indulgencia, que viene de indulto, significa el perdón de una pena, su disminución (indulgencia parcial), o su remisión total (indulgencia plenaria). Cualquier manual popular de la Iglesia explicaba que el hombre peca y que en la confesión recibe el perdón. Sin embargo, queda pendiente la reparación, elemento que en muchos casos es imposible (¿cómo devolver a la vida a una persona asesinada?). Por tanto, el pecado, aunque ya esté perdonado en la confesión, deja un vestigio que se ha de eliminar con buenas obras en esta vida o con un paso temporal por el Purgatorio.
He aquí la explicación tomada de uno de esos manuales populares: «El pecado es como un clavo que penetra en la madera. La confesión saca el clavo, pero deja un agujerito en la madera. La indulgencia es como el resanador que tapa el agujero y deja la madera como nueva». En consecuencia, «si recibes la indulgencia plenaria, estarás como recién bautizado, con el alma totalmente limpia de culpa, y si mueres tras haber recibido la indulgencia plenaria, te irás al cielo sin hacer escala en el Purgatorio».
Las predicaciones de Tetzel eran esto más las monedas, pero en una de sus tesis Lutero contraponía que «hay que enseñar a los cristianos que obra mejor quien da limosna al pobre o ayuda al necesitado que quien compra indulgencias». Las indulgencias, con su pragmático mercadeo, caían más bien en lo que el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) denominaba la «gracia barata»: «La gracia barata es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento; la gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado». Pese a no ser objeto de pago (salvo por lo que se cotiza a los operadores de telefonía o de internet), la obtención directa de una indulgencia plenaria al leer una frase de Francisco en Twitter sería tan destructivo como llenar los cofres de Tetzel.
No obstante, el Vaticano aclaró la confusión sobre Twitter. Los fieles que no estén presentes en Río de Janeiro «podrán obtener la indulgencia plenaria si participan espiritualmente en las sagradas funciones a través de la televisión, la radio o con los nuevos medios de comunicación social» (las redes sociales de Internet). Pero sólo ganarán la indulgencia en el caso de que cumplan los requisitos habituales de haberse confesado con un sacerdote, haber oído misa y haber rezado por las intenciones del Papa. Como dice le filósofo Gustavo Bueno, ateo católico, la fe de la Iglesia constituye uno de los planteamientos más materialistas que existe (un Dios que se hace carne, una presencia real del cuerpo y la sangre de Jesucristo en la eucaristía, etcétera). Por ello mismo no hay nada tan materialista –pero no en el sentido de Tetzel–, como que nada de lo que ha de ser material y directo en la Iglesia se confíe al mundo digital.

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