Cañete no ha perdido el apetito

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Angélica Pérez Paredes Cañete sabe salir de la crisis. Su "cultura africana" (sic) le incita a consumir cuanto quede en la nevera; en esto cada cual tiene sus límites. Por sus palabras deducimos que su hígado y estómago van como un motor de Red Bull, y así, cualquiera. El tema de las fechas de caducidad y consumo preferente, el del etiquetado en general sólo necesitaban este empujoncillo hacia abajo. Porque si bien hay productos que no necesitan ni siquiera llevar fecha (vinagre), la inmensa mayoría sí. Vamos a olvidar el tema de los aditivos que sí se consumen en España y en otros países no, vamos a dejar de lado los alérgenos que se expresan de forma poética ("fabricado en unas instalaciones donde hayÉ"), olvidémoslo. Cañete come caducado y sus hijos le regañan. Hermosa estampa familiar. Manifiesta irresposabilidad.
Cuando estamos a ver si la gente deja de comer de la basura sale el ministro a decir tal cosa, ¡si le recordamos del tema de las vacas locas! No hace falta que nos diga que su apetito se mantiene intacto. Como el de los niños de los comedores escolares, o el de los abuelos que ceden las proteínas al que trabaja, o al niño, o al enfermo. Y es que en estas declaraciones -si se quiere hasta simpáticas- hay una vuelta a la criminalización: que tiramos mucho y por eso nos falta, que podíamos estirar más.
Ya sabemos que 400 euros dan para teles de plasma, que estando parado te puedes ir a la peluquería o al cine, porque en verdad es un chollo. La señora de Güemes, la hija de Fabra lo dijo claro clarete "que se jodan". Todos no tenemos el mismo carácter y Cañete, campechano, afable y seguramente un encanto de señor, en aras de la salud pública propone consumir los alimentos fuera de las fechas que indican los envases. Y así, todo. Por eso cuando tienes alergias alimentarias te haces con una agenda de teléfonos de atención al cliente. Lo recomiendo a quien pase por esto: hablen con los especialistas de las fábricas, su mensaje es más de fiar que el de un ministro, o al menos, se explican mejor. Les dirán que no consuman fuera de las fechas, y entenderán que el etiquetado es un problema de seguridad alimentaria que no se arregla comiendo en público. También les animo a que soliciten información sobre los alimentos que consumen habitualmente, es muy revelador. Casi tanto como Celia Villalobos hablando del hueso para el caldo. Si de ellos depende nuestra saludÉ

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