Manifiesto de ´salvem el tren´

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Javier Llopis La geografía y el olvido de los gobiernos han condenado a estas comarcas a vivir en el perpetuo aislamiento. La historia de estas tierras es la historia de una lucha continuada por la mejora de las comunicaciones, entendidas como un instrumento para potenciar el desarrollo económico y social de un territorio que ha demostrado sobradamente su capacidad para generar riqueza en las condiciones más adversas. Aquí, nadie nos ha regalado nada. Los habitantes de las comarcas centrales hemos tenido que pelear duramente por cada metro de vía férrea o de autovía, mientras las inversiones públicas caían con prodigalidad sobre otras zonas del País Valenciano mucho menos necesitadas.
La situación del tren Alcoy-Xàtiva es un ejemplo paradigmático de este agravio histórico. Desde hace treinta años, vivimos bajo la amenaza continua de la supresión de nuestra última línea férrea y sólo las masivas movilizaciones ciudadanas han impedido el tan temido cierre. Periódicamente, los gobiernos centrales ponen sobre la mesa la sentencia de muerte de este sistema de transporte y para justificarla nos plantean un diagnóstico que es en sí mismo una falacia: el tren no es útil, la línea apenas tiene pasajeros y acumula un déficit inasumible. Lo que nunca dicen las administraciones es que esta situación la han provocado ellas mismas, al congelar las inversiones públicas en el trazado, sumiéndolo en el más absoluto abandono y convirtiéndolo en un servicio anticuado, con una oferta que no puede competir con el viaje por carretera.
En estos terribles tiempos de crisis económica, en los que unos gobiernos en quiebra arrasan de forma irresponsable con los derechos más básicos del estado del bienestar, el riesgo de supresión del tren es más alto que nunca y la desaparición de la línea se perfila ya como una posibilidad real a corto plazo. Sólo la movilización ciudadana y la presión institucional pueden parar un proceso que a muchos fatalistas les parece ya inevitable. Antes de afrontar esta lucha, hay que tener en cuenta un matiz muy importante: no estamos ante un recorte más, como los que se están aplicando injustamente a la sanidad y la educación; el cierre de la línea afecta a nuestro presente, pero sobre todo afecta a nuestro futuro, ya que borra de un plumazo cualquier posibilidad de que estas comarcas pueden disfrutar del ferrocarril, como un sistema de transporte rápido, ecológico y barato. El final del tren Alcoy-Xàtiva es una condena a perpetuidad, que dejaría a estas tierras fuera de mapa de las comunicaciones modernas.
Vivimos un momento clave para la historia de las infraestructuras en estas comarcas. De lo que hagamos estos días dependerá en gran manera el diseño de este territorio en las próximas décadas. Los ciudadanos de a pie, los ayuntamientos y las instituciones económicas y sociales están obligados a desplegar toda su capacidad de presión política para evitar que se cometa una injusticia que nos condenaría a vivir para siempre en la segunda fila del desarrollo y que nos dejaría desarmados ante los retos del futuro.
Si el objetivo central de la movilización que hoy se inicia ha de ser lógicamente el de paralizar cualquier intento de cierre del tramo ferroviario, la experiencia de otras citas semejantes nos dice que debemos ir un poco más allá. Para ganar esta batalla de forma definitiva es necesario abrir otros dos frentes. El primero está en la calle y consiste básicamente en concienciar a la ciudadanía sobre la importancia del tren; en convencer a los habitantes de estas comarcas de que no estamos ante una mera cuestión de orgullo patriótico, sino ante la defensa de un medio de transporte que puede mejorar su calidad de vida y su capacidad de movimiento en unos tiempos en los que las distancias se acortan gracias a la tecnología. El segundo frente tiene como escenario a las administraciones públicas y pasa por arrancarles el compromiso de potenciar la línea, conectándola con los grandes ejes ferroviarios nacionales, que pasan por Alicante o Villena. Cualquier otra solución sería un parche inútil y provisional, que mantendría el tren en un perpetuo estado de precariedad y que dejaría flotando sobre la línea el eterno fantasma del cierre.
Estamos pues ante una lucha larga y llena de dificultades. A pesar de que esta nueva amenaza de cierre llega en el peor de los escenarios posibles - un País Valenciano empantanado en la crisis y la quiebra institucional- no debemos dejarnos llevar por la resignación. Es precisamente en estos momentos difíciles cuando una sociedad muestra su verdadero pulso cívico. En nuestras manos está evitar que un día tengamos que contarles con tristeza a nuestros hijos que hubo un tiempo feliz en el que nuestro pueblo tenía tren y que acabó perdiéndolo porque no fuimos capaces de defenderlo. En nuestras manos está conseguir que un día dejemos de salvar el tren para limitarnos a viajar en él como ciudadanos normales de un país normal.

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