Tolerancia, derechos y democracia

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Claudio Martínez Möckel A nuestra joven democracia ya le van saliendo algunas arrugas y, a veces, tengo la sensación de que le pasa lo que a esas estrellas de Hollywood que van cumpliendo años y que empiezan a abusar del botox y de la cirugía plástica para estar guapas. Y a base de estirarse el cutis una y otra vez, resulta que al final... pierden la expresividad y no pueden ejercer de actrices, que es para lo que se estiraron la piel... para no caerse del cartel. A base de tolerar demasiado, se mantuvo a ETA en las instituciones. A base de decir cosas que quedan bien para la galería, para agradar los oídos de la masa, se engañó y se falseó la realidad.
La democracia se basa en el principio del gobierno de las mayorías, que es como su instinto de supervivencia. El instinto de supervivencia es un instinto básico para cualquier forma de vida. En democracia, se busca el consenso, pero al final, manda la mayoría. Lo que pasa es que si ese instinto se maneja mal, puede uno acabar paranoico matando a todo el que se ponga por delante, por miedo a perder la propia vida. El instinto está bien si lo manejas adecuadamente. Y no se ha hecho bien. Se ha gobernado de forma demagógica y demoscópica, diciendo cosas falsas para quedar bien. Eso es lo que se ha hecho aquí. Nuestra democracia, ha estirado durante más de treinta años los conceptos de tolerancia y derechos. La última fase de burbuja cirujano plástica, la inauguró ZP, el más nefasto presidente de nuestra joven democracia, diciendo que "ampliaba derechos de los ciudadanos".
La crisis que acaba de comenzar, y que va para largo, es sistémica y comparable a la de los años 30. Hay que trabajar más, pagar deudas, y castigar a quien se quiera aprovechar. Quien no quiera arrimar el hombro y trabajar, que no coma, como dice la máxima de San Pablo. Una máxima muy sana. No hay dinero ni lo va a ver. Hay que recortar lo que no es esencial. Dos tercios del gasto de las Comunidades se gastan en Educación y Sanidad. Y es la única manera de ahorrar, el recortar ahí. Tenemos que exigirnos. Premiar al bueno y castigar al que se aprovecha. Y hay muchos aprovechados. No podemos seguir así, porque esto se está hundiendo, y va para largo.

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