El adiós del toreo en Barcelona

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Miguel Lizón Y se echó, de manera inexorable, el temido cerrojo a la hermosa e histórica plaza Monumental de Barcelona. El paso rotundo del plazo marcado por la intolerancia, cumplido el tiempo señalado por el acuerdo de los personajes de la cosa pública, devoró las aspiraciones, las emociones, de los aficionados catalanes. Los que quedaban, porque ya se había encargado la apisonadora de la incomprensión en laminar el taurinismo de la región. Se entiende que haya gente que rechace la fiesta brava, respetable sentir a todas luces, pero no que ese rechazo se convierta en furor antitaurino, en anatema para quienes disfrutan del arte del toreo. Por mayoría que no tuvo en cuenta a la minoría, tan cualificada y con rico bagaje de historia. Barcelona, Barcelona...
Esa contundente historia condal que vio cómo Joselito y Belmonte alternaban por vez primera como matadores de toros, dando paso a una de las más encendidas competencias que en el toreo existieron. El mismo Joselito que inauguró la actual Monumental, ya con inmisericorde clausura, primavera de 1916, por ampliación de las 8.000 localidades de la anterior, para matar un toro de Benjumea junto a Posada y Saleri II. Esa plaza que se nos arrebata, con tal furor, que llegó a ser la primera de España en cantidad y rica calidad de festejos. Junto al espléndido coso de las Arenas. Tras Eduardo Pagés, Pedro Balañá padre dio decisivo impulso al toreo barcelonés y, por ende, catalán. Barcelona, Barcelona...
Cómo no recordar el arrollador lanzamiento de Domingo Ortega en aquellas novilladas, otoño de 1930, que dieron paso a su alternativa, marzo de 1931, de manos de un pronto malogrado Curro Puya. Sin olvidar que Marcial Lalanda, todo un ídolo en Barcelona, fue el primer torero que alcanzó el centenar de corridas toreadas en esa capital, tan catalana y española a la vez. Arena de limpia rivalidad entre Manolete y Arruza, tantas tardes, mano a mano de por medio y, ya en la década de los cincuenta, el fervor por Antonio Borrero "Chamaco", el familiar "Chamacu" para el taurinismo catalán. Las tardes espléndidas de Luis Miguel y un arrebatador Ordóñez. Cuando Balañá anunciaba próximo festejo con la fórmula "Chamaco", también con Miguel Báez "Litri" padre, y "dos más". Y las taquillas a tope. Barcelona, Barcelona...
Ahora será José Tomás la referencia última de las emociones de sinceros recuerdos. Torería catalana de Bernadó, Joselito Clavel y, el más reciente, Serafín Marín, que estoquea el último toro de tan amplia historia. Barcelona, Barcelona, ¡Ay! Alicante. Septiembre.

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