Porno-lenguaje en política

 

José Manuel Ponte La obscenidad se apodera se apodera del lenguaje y del pensamiento político. No debería sorprendernos. Es un proceso que se corresponde con el proceso de degradación moral que estamos empezando a sufrir en paralelo a la crisis económica. Las obscenidades en boca de la clase dirigente siempre han precedido a graves convulsiones sociales y son uno de sus primeros síntomas. Hitler y Mussolini, mientras fueron políticos demócratas, dijeron en público clamorosas obscenidades e insultaron a sus adversarios. Luego, vino lo que ya sabemos.
Alguien pensará que este juicio es algo exagerado, y que el mundo no está al borde de un estallido fascista, o de un brote autoritario, pero no es malo recordar. Digo lo que antecede porque la prensa recoge los supuestos insultos de Berlusconi hacia Angela Merkel. Según cuentan los medios, el primer ministro de Italia, habría dicho de la canciller de Alemania que es una "culona mantecosa infollable". El insulto está recogido en la grabación de un dialogo con el director de un periódico italiano que, al parecer, obra en manos de la justicia como consecuencia de uno de los cinco procesos por corrupción y prostitución de menores que se siguen contra Berlusconi.
No es la primera vez que el jefe del gobierno italiano habla despectivamente de las mujeres. En el año 2005, durante una visita oficial a Finlandia, reveló a la prensa que había "desempolvado todas sus artes de "playboy" para seducir a la primera ministra" de ese país y así conseguir su apoyo para que la Agencia de Seguridad Alimentaria instalase su sede en Italia. Las opiniones de Berlusconi sobre las mujeres responden a un esquema mental machista y reaccionario y hasta es posible que escondan una abrumada incertidumbre sobre la propia virilidad. Un anciano de 75 años que utiliza proxenetas para llevar jovencitas a sus orgías, o que presume de haber cohabitado con ocho mujeres durante una noche, compone una figura ridícula. Y hay que sospechar de que padece alguna suerte de priapismo farmacológico. Mussolini, con cuya personalidad histriónica y un tanto disparatada, tiene muchos puntos de coincidencia, también estaba obsesionado con su potencia sexual.
El deslizamiento de una parte de la clase política masculina hacia el porno-lenguaje empieza a ser preocupante. Este mismo año, el alcalde de Valladolid profirió unos comentarios sobre el grosor de los labios de la ministra de Sanidad, Leire Pajin, que veía como muy propicios para algunos usos lúbricos. Se organizó un lío monumental y el alcalde hubo de pedir disculpas , no sin antes hacerse la víctima de una imaginada persecución política. Y recientemente, el cabeza de lista del Foro de Asturias en el Ayuntamiento de Oviedo, Arturo González de Mesa, ofendió a dos concejalas de su partido y a una tercera del PP, aludiendo en público a que una de ellas estaba "mal follada" mientras las otras dos no padecían de lo mismo.
Nos falta por saber la respuesta de la señora Merkel al despropósito de Berlusconi. Aunque dada la distinta situación de fuerza entre Alemania e Italia nos tememos que quien tiene el culo expuesto a toda clase de asaltos es el dirigente italiano

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