Luis Sanchiz, in memoriam

 

Francisco Sánchez Me pillas en París y te vas sin invitarme al café que tomábamos de vez en cuando. No me ha dado tiempo a despedirme, ni a ti tampoco. Tanta gente habría querido decirte algunas buenas cosas, que tu corazón te ha llevado allá donde quiera el alma pernoctar. No ha sido fácil para la gente que te hemos tenido en nuestra lista de amigos. No va a ser fácil.
Te conocí hablando de política y me despedí de ti hace unas semanas, hablando de política. Era nuestro sino. Coincidíamos muchas veces y eso parece que nos unió bastante. Era tan agradable tu conversación, y tu profundidad, que el tiempo discurría rápido, rapidísimo. Eras de ésos a los que te gustaba decir las cosas como te salían, y te gustaba mi desparpajo en mis artículos dominicales. Y sabes, me jode tener que dedicarte un artículo. No porque no te lo merezcas, que te lo mereces, sino porque te escribo desde la tierra y tú estás en los cielos. Me cabrea no poder volver a verte y tomar café. Y hablar. Y a todos tus amigos, que son legión, los has dejado jodidos no pudiendo verte más. Podías haber avisado. Aunque no sé qué es peor: si avisar o irte sin molestar. De todas las maneras, es una faena que te recordaré cuando me llamen a mí para abandonar este mundo terrenal.
Yo creo que hubieses sido una de las personas a las que habría llamado para embarcarme en una aventura de partido político. No sé si habrías aceptado ese guiño o reto. Pero te habría llamado. Creo que tenías el prestigio, y la decencia, de estar en la vida pública, que ya estabas, con mucha dignidad. Eso lo vamos a tener que dejar. Y me molesta.
Conocí a una de mis mejores colaboradoras, Marisa Sanjuanbenito, por ti. Y eso es impagable. Al final, el destino nos va cruzando caminos y personas. Y es así como entrelazamos nuestro círculo de amistades. Es así como hacemos de la relación humana nuestra esencia. Porque al final no es la cantidad de amigos que somos, sino el tiempo que dedicamos a apreciar y a platicar con la gente a la que queremos.
Me ha molestado tener que escribir un artículo de alguien al que verdaderamente tenía como amigo. Es cierto que no pasamos muchas horas juntos, pero nuestra sinceridad valía. Y todos tus comentarios siempre fueron tenidos en cuenta. Nunca supe si eras liberal, socialdemócrata, ácrata, o de Elda o Petrel. Porque eso también te hacía parecerte a mí. Esa indefinición fruto del trabajo intelectual que te hace dudar y creer a la vez.
Caminabas para intentar mantenerte en forma, y te falló el cuerpo. A todos los seres humanos, tarde o temprano, nos falla la maquinaria biológica. Te vas con la mente intacta y repleta de recuerdos cariñosos de mucha gente que te apreció. Sé que no es suficiente. Sé que se va a hacer duro para la mujer y las hijas. Sé que toda esa ausencia no se suple con este artículo, ni con miles de palabras derramadas. No hay espacio para rellenar el dolor de la pérdida tuya. Para qué vamos a andarnos con rodeos. Es un adiós sordo y malaje.
Tendré que ir a Petrel a las fiestas de Moros y Cristianos, y no te veré. Tendré que ir a la gasolinera donde tomábamos café, y no te veré. Me acercaré a muchos actos de la patronal zapatera, y no te veré. Iré a la radio donde compartimos tertulia, y no te veré. Me asomaré a la campaña electoral, y no podré discutir contigo. Y esa desazón, y esa tristeza, no serán breves. Sólo el tiempo nos ayudará. No a olvidarte, sino a recordarte con el afecto de que fuiste una buena persona y un buen amigo. Sentí no poder ir a tu funeral porque estaba fuera. Tú lo tienes más fácil de venir al mío. Porque espero ir allá donde tú hayas sido llamado. Y hasta es posible que montemos algún sarao político. Si nos dejan. Amigo Luis, podías haberte quedado un poquito más. Sólo un poquito más. Descansa en paz, amigo.

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