La españa posible

 

Andrés Castaño Lunes
LA JUNGLA
Refiriéndose al estatuto catalán, el candidato Alfredo se ha comprometido a impedir que en lo sucesivo los tribunales puedan rectificar las decisiones de los ciudadanos. Pasemos por alto que la idea aniquila varios siglos de paciente construcción de algo llamado Estado de Derecho: enterrado Montesquieu, no hay por qué dispersarse con el absurdo de que las mayorías también están sujetas a las leyes. Aunque en el caso del Estatut sea una mayoría del veinte por cien del censo electoral. No, lo interesante de esta doctrina es que Camps podría acogerse a ella alegando que los votantes disculparon sus deslices hace unos meses y el veredicto de un tribunal no puede imponerse al criterio de los electores. Hay otros casos flagrantes como el de "Sandokán", un constructor que adeuda veinticinco millones de euros al Ayuntamiento de Córdoba y ahora es concejal por soberana voluntad de sus paisanos. Tarde o temprano exigirá la condonación de la deuda "por razones democráticas". Se va a enterar el tal Montesquieu..     

Martes
DOLCE FAR NIENTE
Las novelas por entregas han resucitado gracias al "caso faisán". El folletín: los periódicos del siglo XIX publicaban capítulos de Stevenson o Conan Doyle como los de ahora publican escritos de la Fiscalía o autos de la Audiencia Nacional. Era un género obligado a resumir en cada nueva entrega las anteriores a modo de introducción y esto se hace también imprescindible con el chivatazo. Porque hubo chivatazo a ETA y los jueces lo consideran delito. El problema es el mayordomo o, más propiamente, la ausencia de mayordomo. Parece imposible conocer a los delatores y esto es lo que el pleno le ha dicho hoy al instructor. Volvemos a la sentencia del caso Urquijo y la insondable frase "solo o en compañía de otros" con que fue condenado Escobedo. De "los otros" nunca más se supo y de los faisanes tampoco, al menos hasta que el 20-N sea historia e irrelevante averiguar quién cometió un delito "en interés público".  

Miércoles
A MÍ LA LEGIÓN
Uno de las peculiaridades españolas que entretiene a los turistas son las manifestaciones de profesores y estudiantes. Tienen carácter cíclico (la educación es forzosamente imperfecta) y de trascendencia irregular: no es lo mismo protestar por la falta de profesores que por el rancho del comedor. Pero todas presentan una iconografía invariable que incluye pancartas de los sindicatos, profusión de silbatos, megafonía con pareados mejorables y una reata de alumnos a quienes los profesores urgen a manifestarse. El espectáculo suele ser deplorable en su sentido más denso: el modelo de escuela pública que padecemos es el que defendieron quienes ahora aparentan indignación. Crearon una idiotez que los pudientes evitan huyendo a colegios privados e instauraron el imperio de la mediocridad que ha arruinado las posibilidades de muchos alumnos brillantes. Por cierto, el ugetista que dirige la protesta madrileña ha matriculado a sus dos hijos en un centro de excelencia. Mil euros mensuales.

Jueves
QUIÉN MANEJA MI BARCA
Leo que el fiscal ha pedido la suspensión de un juicio por irregularidades urbanísticas en Alhaurín el Grande porque no sabe cuál es la legislación aplicable. Ya enfrascado en la lectura reposada, ocurre que el fiscal ignora si el plan general que regía en el momento de los hechos es uno u otro y de este matiz depende su relevancia penal. Esto es algo que quizás pueda ocurrir en Alicante: si se confirman los informes policiales, sólo la alcaldesa, su hermano, el exalcalde y su hija saben cuántas alturas se permiten en el último peñascal del término. Y Ortiz, naturalmente. En cierto sentido, la impotencia del fiscal de Alhaurín y de la policía en Alicante refleja el contraste entre la España real y la posible. La España posible, y por momentos improbable, sabe qué vecinos y qué concejales han prosperado con malas artes; la España real descuenta estas tretas con un mohín que aúna el desprecio y la envidia.  

Viernes
HELP
Un familiar de espíritu emprendedor se ha matriculado recientemente en la escuela oficial de idiomas con la pretensión de aprender inglés y por ahora lo único que ha aprendido es a jurar en arameo. No voy a fatigarles con el calendario de desplazamientos, fotocopias, tasas y certificados que ha debido superar. Baste comentarles que, según una encantadora burócrata, la expresión "cursó B.U.P" no significa lo mismo que "cursó bachillerato". El peregrino anglófilo tuvo que solicitar entonces otro certificado en su antiguo instituto, regresó a la encantadora ventanilla y se arrodilló gimiendo "I'm so tired", que quiere decir "estoy tan cansado". Uno de los aspectos menos edificantes de la tradición española es el monolingüismo. No me refiero a las lenguas vernáculas, sino a las propiamente extranjeras y por lo tanto útiles. Un ejemplo: si mi pariente hubiese aspirado a ser ministro y no contable políglota, no habría necesitado mortificarse con una póliza. Bueno, ni con el bachillerato.

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