¿Cuántos cuentos cuentas?

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Manuel Alarcón Mientras Pedro Mancebo se dedica a empapelar con recortes de periódico las paredes de su despacho en el Palacio del Marqués de Arneva, el Partido Popular escucha los cuentos que el alcalde Monserrate Guillén le dedica en los plenos. Mónica Lorente y el PP están muertos y casi cuatro meses después de las elecciones son incapaces de reaccionar y asumir una realidad que lleva camino de fagocitar a uno de los grandes feudos de la derecha en esta comarca y en esta provincia. Y la oposición, esa minoría que tanto desprecia el "lorentismo", está demostrando trabajo y transparencia o al menos que lo que hace lo sabe vender y por ahí comienza una batalla por los votos a largo plazo que lleva camino de ganar. ¡Si hasta el alcalde lee en misa!
Duro es ver día tras día cómo el actual equipo de gobierno machaca a los anteriores gestores de Orihuela con titulares que llaman al descrédito de los que fueron concejales con responsabilidad de gobierno, que han cobrado durante años de los impuestos de sus vecinos por, supuestamente, trabajar para ellos gestionando millones de euros. Duro es ver que la deuda que arrastra el municipio -a diferencia de tantos otros- no se debe exclusivamente a la crisis que sacude este país sino a la falta de capacidad manifiesta para pensar que el Ayuntamiento es la casa de uno y que hay que mirar hasta el último céntimo. Duro es comprobar cómo al Partido Popular de Orihuela, ese que se vanagloria de haber obtenido 15.000 (insuficientes) votos en las últimas municipales, se le sigue acusando de haber contratado a las empresas de los amigos al precio que fuera, de haber metido en el Ayuntamiento y en concesiones a familiares de todo pelo o de haber autorizado facturas a funcionarios de más de 2.000 euros al mes por consumo del móvil municipal. Pero lo más duro es ver cómo nadie abre la boca en el PP. Y ya se sabe, el que calla, otorga.
Mónica Lorente se está cavando una fosa política en su pueblo porque cuando le hablan por la izquierda ella mira hacia la derecha por encima del hombro y a una grave acusación sobre su gestión y a cómo su gente ha llevado el Ayuntamiento contesta con cortinas de humo que hay que leer entre líneas. No da explicaciones a lo que ha estado pasando los últimos cuatro años y de lo que nos espera. Sólo hay que ver que esa lista de concejales que iban a gobernar con ella son más de lo mismo. Que el PP se asienta aún en tres pilares, que son Ferrando, Costa y Rodríguez Barberá, y del resto no se espera nada como oposición (no les voy a decir qué pasaría si ahora tuvieran que llevar áreas de gobierno personas a las que ni se ve por el Ayuntamiento).
El problema no era que alguien le quitara la Alcaldía al Partido Popular después de 25 años, que echara por tierra el trabajo de las, digamos, "familias" del PP que a golpe de mandar de un modo casi siciliano -"si a mí me va bien, a ti también"- se creían los putos amos (la expresión no es mía, obviamente) de Orihuela. El problema es que se han abierto las ventanas y los aires que corren son frescos. Al nuevo equipo de gobierno, con sus errores -que a medida que pasen los meses se irán viendo, como ese conductor novel que tiene su primer accidente sólo cuando se cree un as del volante- se le ha permitido hurgar en las cuentas de un Ayuntamiento que dan pena, tristeza y vergüenza. Lorente decía el otro día con desprecio que eran un cuatripartito, una amalgama de colores, pero, ¿a quién no le gusta el arcoíris?
Han pasado cuatro meses, digo, de las elecciones y la que fuera alcaldesa y santo y seña de esta comarca aún no ha demostrado ni tan siquiera capacidad para separar dentro de su partido a aquellos que le han hecho un flaco favor de aquellos que pueden sumar y así le va. Viendo en la poltrona de la sede popular a día de hoy a algún que otro imputado por el caso Brugal, viendo cómo se dedican a utilizar una información privilegiada en contra de personas por el simple medrar político, a uno sólo le queda pensar si no habrá entre esos 15.000 acólitos del PP que le votan alguien que esté dispuesto a estas alturas a levantar la mano y a pedir explicaciones. A exigir que aquellos que hicieron las cosas mal se vayan y dejen paso a otros.
Mientras que Guillén sigue contándoles cuentos en los plenos y mientras Lorente sigue viviendo en los mundos de yuppy de la política, el PP no levantará cabeza... y ya les digo que hasta pasadas las elecciones generales nadie moverá un dedo ni aquí, ni en Alicante, ni tampoco en Valencia por dar solución a un municipio que, como ya hemos contado en alguna ocasión, nadie del Partido Popular entiende cómo funciona en Orihuela.

Otrosí. Un amigo concejal me contó que lo primero que hizo cuando le ofrecieron ir en las listas por un partido fue irse raudo al Ayuntamiento y pedir la liquidación de todas las cuentas, multas e impuestos impagados. Sólo después dijo sí a la oferta. A Pedro Mancebo esta semana le han sacado los colores porque no paga sus multas. En su derecho está si las recurre o no, pero en su obligación está el pagarlas si tiene moralidad para exigir a sus convecinos que las abonen y, también, para evitar el feo gesto de que lo primero que le embargue Suma algún día sea la nómina que le pagan los oriolanos por su trabajo.

¿Y Torrevieja?. Al bueno de Eduardo Dolón, al que aún no se le conoce una mala palabra o un buen gesto le están cayendo críticas en algunos asuntos como chuzos de punta. Que se ande con cuidado porque Domingo Soler, José Manuel Dolón y Ángel Sáez no se andan con tonterías. Y un consejo: tan bueno es ayudar a los vecinos de la tercera edad en problemas económicos dándoles paguicas como evitar el escarnio de hacerles una fotografía para sacarle rédito político. Eduardo, ¿son ya otros tiempos o son los mismos?

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