Los cines salen del olvido

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Mario Candela Pueden pasar meses, incluso años, sin que un apartado de la realidad aparezca reflejado en los periódicos, y luego, casi por casualidad, las noticias del tema en cuestión se multiplican, prácticamente simultáneas. Esto es lo que ha sucedido estos días con los cines, pues salas pertenecientes a otra época han vuelto a la actualidad por motivos variopintos, y otras modernas también están en el candelero.
Primero fue el Goya. Fiel a su concepto del mundo, el gobierno del PP autorizó sin titubear un proyecto para edificar en el solar de este cine, tumbando primero el inmueble actual. Ni el más mínimo matiz al permiso solicitado por una constructora, bajo la premisa de que el inmueble no figura en el catálogo de espacios protegidos. El más puro azar, en forma de "hecatombe del ladrillo" ha salvado a este edificio, ya que la licencia ha caducado, por lo que no se puede demoler. El nuevo gobierno tripartito tiene otras ideas y se plantear incorporar el edificio en el susodicho catálogo, pero, en cualquier caso, avisa que si se vuelve a pedir el permiso, instará el mantenimiento de la fachada. Es una medida sensata, toda vez que su característica fisonomía, unida a la del edificio del Monte de Piedad, situado justo enfrente, configura una zona muy especial del centro histórico de Alcoy.
En seguida, nos enteramos de que el dueño del cine Avenida lega al pueblo de Alcoy los antiguos proyectores, dos joyas de la tecnología española de los años cuarenta, dignas de figurar en un museo de maquinaria, como el que se quiere gestar en esta ciudad. El Avenida también tuvo su "caso", pues el maravilloso edificio que lo albergaba, en pleno centro de Alcoy, fue echado al suelo y sustituido por una "caja", que, afortunadamente, también ha desaparecido, levantándose en su lugar algo mucho más digno (en esta ocasión -al césar lo que es del césar- bajo los auspicios del PP).
Ya va la tercera. Ahora todo son complejos de minicines, sin grandes salas, y en esta comarca tenemos dos, a apenas 5 kilómetros uno de otro: en Alcoy y Cocentaina. La coyuntura también es difícil para este negocio y leo que el complejo de Ontinyent ha estado a punto de cerrar sus puertas, salvándose por la campana. Esta información tiene lo suyo, pues fue el primer recinto de estas características que se abrió en la zona -a 25 kilómetros de Alcoy- y acredita que a veces los complejos comerciales que han surgido como hongos no tienen una base tan firme como podría sospecharse. Confiemos en que los estudios previos hayan sido fiables y en que la docena y media de salas que se distribuyen entre Cocentaina y Alcoy puedan tener una larga vida. Confieso que me sorprendería...

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