El reconocimiento del Misteri

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Manuel Rodríguez Maciá El 15 de septiembre de 1931 se declaraba el Misterio de Elche, La Festa, Monumento Nacional. Al día siguiente la Gaceta de Madrid publicaba el texto del decreto firmado por el presidente del Gobierno de la República, D. Niceto Alcalá Zamora, y refrendado por el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, D. Marcelino Domingo y Sanjuán. Con aquella declaración se quería preservar el Misteri, y a la vez poner de manifiesto los valores artísticos, culturales, etcétera, que éste encierra. No es que hasta entonces el Misteri no fuese conocido y reconocido; desde antiguo han sido muchas las personas que visitaron Elche atraídos por el Misteri. La decisión del Concejo Municipal en marzo de 1609, por el que éste tomaba a su cargo de manera permanente la celebración de La Festa, o el rescripto Pontificio del año 1632 en que desde Roma se amparaba la representación son, sin duda, ejemplos de este eficaz reconocimiento. Pero en los tiempos modernos, esta declaración de Monumento Nacional fue una aportación extraordinaria: es la primera vez que en España se declaraba Monumento Nacional a una realidad viva como es La Festa.
El pasado mes agosto publiqué en el suplemento especial del Misteri de este periódico cómo fue la declaración de Monumento Nacional la que inspiró la creación de la figura de Patrimonio Oral de la Humanidad. No se explica lo uno sin lo otro. Y a la vez cómo esta declaración influyó en las leyes sobre Patrimonio Cultural de la Comunidad Valenciana. Lo afirmo con conocimiento de causa, pues propuse al Pleno de Concejo Municipal la declaración de Patrimonio Universal, cuando esta figura no existía, el año 1987, así como tuve parte activa como presidente de la Comisión de Educación y Cultura en las Cortes Valencianas cuando se debatió la ley de 1998. La repercusión de aquella declaración como Monumento Nacional fue enorme.
Aquel decreto de la Presidencia del Gobierno estaba refrendado por el ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, D. Marcelino Domingo y Sanjuán, por cierto, un ministro que en las carteras que ocupó favoreció extraordinariamente a nuestra ciudad, pues a esta distinción de La Festa habría que añadir otras medidas, entre las que cabe destacar la protección de nuestros huertos de palmeras. No podemos olvidar en esta declaración del Misteri la influencia ejercida por D. Óscar Esplá (tal vez el propio redactor del texto), así como hemos de recordar el papel de D. Pedro Ibarra en la labor de investigación, de difusión y de concienciación de la sociedad, sobre el valor y la significación de La Festa; sin su aportación tal vez no se habría llegado a esta declaración.
Del texto del decreto quiero destacar la relación que establece entre las democracias modernas y la protección del patrimonio cultural. El progreso de la sociedad requiere el reconocimiento de su tradición. El nivel de protección del patrimonio cultural de un pueblo es un buen indicador del nivel de calidad democrática de un país. El patrimonio cultural es parte de la memoria colectiva y no podemos construir una sociedad basada en el olvido. Sin memoria no hay puntos de referencia éticos. Construir desde la nada, es la tentación de toda mente totalitaria. Y ya sabemos por experiencias no tan lejanas qué consecuencias tiene todo ello.
De otra parte, la preservación de la tradición contribuye sobremanera a tener una sociedad más cohesionada; un mundo sin tradiciones, sin mitos, sin leyendas, se convierte en un lugar inhóspito.
También en el decreto se hace referencia a la universalidad de La Festa; la fiesta de un pueblo se declara Monumento Nacional y a la vez es de interés universal. La admiración que La Festa causa entre los estudiosos y eruditos españoles y extranjeros se detalla en el texto. Lo local es lo más universal. La Festa es un claro ejemplo de cómo una representación que nos identifica como pueblo nos une a otros muchos que celebran con diversas tradiciones la fiesta de la Asunción. Lo más profundo de lo identitario no es aquello que nos diferencia, sino lo que compartimos. La declaración de La Festa como Monumento Nacional y su influencia en la creación de la figura de Patrimonio Oral de la Humanidad han permitido el reconocimiento de las tradiciones de tantos pueblos, entre ellos, aquellos que no nos han dejado grandes monumentos de piedra, pero sí el testimonio de sus representaciones, sus ceremoniales, sus liturgias, sus voces. Nos sentimos especialmente ligados a ellos y estrechar los lazos de cooperación cultural con ello es un buen modo de practicar la cooperación municipal.
Por último, quiero también destacar cómo la declaración de La Festa como Monumento Nacional tiene como objeto, además de mantener su eminencia artística, su carácter popular. No se puede entender el Misteri sino es desde su dimensión de ser la fiesta de la ciudad, con toda la riqueza cultural que la fiesta encierra en sí y entre estos elementos se debe destacar el litúrgico. Así se pone de manifiesto en el mismo texto de la declaración: "La alianza del elemento litúrgico con el folklórico está tan perfectamente realizada que no encuentra equivalente entre toda la producción polifónica del siglo XVI". La liturgia se nutre del folklore y se convierte en parte de la cultura de un pueblo. El decreto en ese sentido apunta a cómo desde el poder civil, en un estado laico, se protegen los bienes culturales inspirados por la tradición religiosa, pues forman parte de la cultura más profunda del pueblo. Un buen ejemplo también para abordar estos temas en nuestro tiempo, alejándonos de los planteamientos de clericalismo y anticlericalismo que con tanta frecuencia se dan en España.
Al recordar el ochenta aniversario de la declaración de La Festa como Monumento Nacional no podemos olvidar que el secreto de su preservación está en que se preserve su raíz popular, que el Misteri se siga viviendo como la fiesta de la ciudad.

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