Poder y ministerios

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Andrés Castaño Lunes
FEM PAIS
Tienen razón quienes afirman que no existe un problema lingüístico en la sociedad catalana; y también es muy probable que los estudiantes catalanes dominen el castellano mejor que sus compatriotas de Madrid. Lamentablemente, ninguno de estos dos datos gozosos tiene nada que ver con que la lengua oficial del Estado sea ostentosamente discriminada en Cataluña y los poderes públicos llamen a incumplir las leyes. Para entendernos, los territorios no tienen lengua propia, como tampoco tienen ataques de apendicitis, una suegra casquivana o un bonobús extraviado. La lengua pertenece a los ciudadanos, infinitamente más fascinantes que una abstracción, y éstos usan la que determinan procesos históricos que los políticos intentan alterar por el motivo más rancio: el poder. La lengua sólo es el viejísimo pretexto para una estafa que excluye al disidente y permite prosperar a los señoritos de la Barcelona glamurosa. Pero los hermanos Gasol arrollan, el Español no desciende y Peret sobrevive con sus rumbas del barrio Carmelo. Por cierto, aquello sí que fue una inmersión.     

Martes
LOS MÁRTIRES
El tsunami de filtraciones sobre la CAM rivaliza con la avalancha acerca de la situación médico-jurídica de Ortega Cano. Y pierde el torero. Lo de menos es quién está propinando estos latigazos informativos con que se flagela a diario a los depositantes. Un titular advierte hoy que la CAM ha perdido mil millones de euros en seis meses y no hace falta ser auditor para comprender que otro par de titulares tan eufóricos lograrán apuntillar el balance. Como en el caso de Ortega Cano, aquí cuenta el factor humano: todos los exconsejeros han salido en tromba para perjurar que no sabían nada. Uno de ellos incluso se ha disculpado alegando que está de viaje y no conoce el asunto. Como si hiciera falta tostarse en el Caribe para estar in albis: son la prueba institucional de que la asistencia a un consejo de administración no garantiza saber por qué se asiste a un consejo de administración, y ustedes disculpen el trabalenguas. Aunque el Banco de España sospeche lo contrario, creo firmemente en su inocencia, digo, en su incompetencia. 

Miércoles
COMIENZA EL ESPECTÁCULO
La primera tontería electoral ya tiene padre: Esteban González Pons. Va para ministro y se le nota. Mariano le encomendó ser el portavoz multiusos de la nueva mayoría y Esteban ha sucumbido a canapés, moquetas, tertulias, foros arremangados de weekend y rayos uva en un gimnasio de Castellana. Finalmente, ha roto aguas: el gobierno del PP creará tres millones y medio de empleos durante la próxima legislatura. Me alegro por estos desempleados a quienes se rescatará de las catacumbas, pero ocurre que en España hay cinco millones de parados y Esteban no ha prometido nada al millón y medio de españoles que continuarán jugando al dominó si sus previsiones se cumplen. Creía que había terminado la época en que se prometía marido a las viudas y lectores a los poetas. El "error Esteban" pasa por la elocuente charlatanería del político que vive en un microcosmos ajeno a la realidad.

Jueves
CULO Y TÉMPORAS
Los australianos se plantean suprimir en sus planes de estudios la distinción cronológica "antes de Cristo" y "después de Cristo" y esta típica bobada del verano tardío sólo puede compararse con la que propone Sarkozy: que los francesitos estudien la diferencia entre el bien y el mal. Nosotros solventamos ambos asuntos hace tiempo: Jesús nació el día de las estrenas y todos los franceses son malos. Pero es comprensible que los extranjeros distraigan su ruina bursátil con estos temas, mientras que nosotros seguimos enfrascados con el bikini de la Princesa de Asturias. Bien, en televisión el veredicto anatómico ha sido unánime: no tiene culo. Un australiano no sabría decir si es un culo anterior o posterior a Cristo y un francés si no tener culo es algo bueno o malo. Las ventajas de una educación densa e inquieta aparecen en los grandes instantes: cualquier español ortodoxo sabe que un buen culo es anterior a Cristo.  

Viernes
LA COSA PÚBLICA
La publicación del patrimonio de diputados y senadores está provocando la reglamentaria catarata de insinuaciones gazmoñas. Personalmente, me parece irrelevante que el patrimonio de Rubalcaba dé para algo más que un Skoda del pleistoceno o que Mariano sea pluriempleado del Estado y del partido. Seamos claros: hay políticos que eran ricos antes de dedicarse a la política, otros que podrían ganar más dinero fuera de ella, algunos que la rentabilizan modestamente y, por fin, bastantes a los que el collarín institucional ha convertido en millonarios. Pero todo esto resulta invisible en un listado de cuentas corrientes, viviendas y automóviles que sólo incluye a seiscientos parlamentarios. Tendría más sentido que además se publicara el patrimonio de concejales, diputados provinciales y cargos de libre designación. Ocuparía varios discos duros, pero constituiría un escáner mucho más ajustado de la casta.

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