La economía del pesimismo

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Alfredo Masó Suele decirse que un optimista es un pesimista mal informado. En la situación económica actual "vende" mas sostener posiciones pesimistas acerca de la evolución de la economía que el resaltar los aspectos positivos de la misma. Hay ciertos economistas que ya están considerados verdaderos augures de la crisis actual puesto que la predijeron años antes. Por ejemplo Roubini, economista que lleva años anunciando que la economía mundial se encaminaba al desastre. Por fin sus vaticinios se cumplieron en 2008, lo que paradójicamente le ha hecho de oro, montando una empresa de predicción de catástrofes, vendiendo libros por millones y dando conferencias muy bien retribuidas por todo el mundo. Paradójicamente cuanto peor le va a la economía mundial (macro) mejor le va a él (micro). Hay otros que juegan a la baja en el mercado de valores, de divisas etc. A algunos les puede entrar la sospecha de que aquellos que toman posiciones a la baja (que confían en que la situación se va a deteriorar mas) pueden tener incentivos de correr rumores en ese sentido, tras cada buena noticia que se produce. Que el euro se aprecia (lo que daña las exportaciones de países como Alemania, cuyo sector exterior es el que mantiene su actividad económica), pues nada, aparece un "responsable" de alguna cosa de allí y suelta un par de perlas del tipo de que la situación fiscal de los países del sur hacen imposible que se les ayude etc. Esto vuelve a subir la prima de riesgo de estos países y el euro sufre las consecuencias.
Veamos un ejemplo mas cercano. La economía española parece que se encuentra en una situación como jamás antes había estado y no se ve la salida por ningún lado. El mercado de trabajo se toma como ejemplo de esta situación económica. Sin embargo los datos de esta crisis (2008- 2011) sobre el nivel de empleo, población activa y tasa de desempleo, comparándolos con la crisis anterior (1992-1994), muestran lo siguiente:
En 1994 la población activa de España estaba en torno a 15.000.000, la población con empleo era de 11.500.000 y el numero de desempleados de 3.500.000, es decir, teníamos una tasa de desempleo del 24%. Además el ratio de deuda/PIB se disparó al 68%, el déficit del estado al 8%, y se eliminó el 50% de las Cajas de Ahorros, cuyo ratio de morosidad también se disparó como consecuencia del pinchazo de la burbuja inmobiliaria del período de crecimiento anterior (1986-1991). En la situación actual, tenemos que la población empleada está en torno a 18 millones de personas con una población activa de 23 millones y aunque hay un mayor número de personas desempleadas, su tasa se encuentra en el 21%.
Es decir que tras el "nefasto período de crecimiento anterior basado en el ladrillo", la economía española tiene hoy 6 millones de empleos mas de los que tenía a mediados de los noventa. ¿Y esta economía no crea empleo?.Miren, si tras el período expansivo que volverá a tener esta economía, acabamos en una nueva crisis (sobre el 2020, haciendo de Roubini) con otros seis millones de empleos adicionales sobre la situación actual, esto es nos situamos en los 24 millones de empleos, probablemente veremos aumentar nuestra renta per cápita (si el crecimiento de la población total es similar al que se ha dado en este período) al igual que hoy tenemos una renta per capita superior a la de los noventa.
La economía española está inmersa en una crisis mundial y sus debilidades la hacen mas sensible al ciclo económico que al resto de los países de nuestro entorno. Pero al igual que salimos de la profunda recesión de los ochenta (el optimismo de la entrada en la Unión Europea fue clave) y salimos de la crisis de los noventa (la apuesta por nuestra integración en la Unión Monetaria fue un elemento dinamizador esencial), también podemos salir de esta crisis. Probablemente si encontramos un detonante externo, un objetivo, que nos permita canalizar nuestros esfuerzos en una dirección común, saldremos antes. No es tan difícil de motivar e ilusionar a un país que tiene tantas metas por alcanzar.
El pesimismo es un mal. Se engancha en las sociedades y les impide moverse. Genera círculos económicos viciosos de difícil solución. Pensando que todo ira mal, la inversión productiva no se lleva a cabo, los consumidores retraen su gasto y los bancos no prestan por temor al riesgo y a la morosidad. Sin demanda, las empresas reducen el empleo y esto agrava los problemas de financiación del sector público que al aumentar su déficit (intereses de la deuda, subsidios de desempleo) es incapaz de llevar a cabo un gasto público que permita mantener y recuperar la actividad económica.
Probablemente no basta con llamadas al optimismo sin mas y tampoco han funcionado las buenas intenciones de iniciativas que algunos economistas propusieron no hace mucho (entre todos podemos.com). Pero si no somos capaces de tomar una cierta perspectiva y volver a centrarnos en los aspectos positivos de esta economía y de nuestro propio comportamiento, será más difícil y duradera la actual recesión.
Hay que demostrar que somos (lo fuimos) una economía seria y rigurosa, con una población que, fuera de tópicos chovinistas tan al gusto de los países nórdicos, se esfuerza y trabaja duramente. Debemos potenciar valores como el del orgullo por el trabajo bien hecho y la responsabilidad de todos ante el gasto (el despilfarro, el no mantener adecuadamente nuestras ciudades en limpieza y servicios, el abuso de los servicios "gratuitos" del estado). Hay que dejar ya el victimismo (el suponer que siempre los culpables son los demás, o el buscar que el Estado -es decir los impuestos de todos- nos compensen o paguen por lo que nos pasa) y volver a esa actitud pedida por Kennedy a sus ciudadanos de "no pensar que puede hacer el país por nosotros sino que podemos hacer nosotros por el país".

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