La reforma de Zapatero

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Alejandro Roselló Nadal Es de falsos aduladores y de "pelotas" mequetrefes dar coba a tus jefes antes de que te echen. Es un poco lo que está haciendo nuestro halagüeño y complaciente presidente antes de agotar su legislatura al buscar la palmadita de Obama/Clinton (Wall Street) y Merkel/Sarkozy (BCE) aplicando con la prisa del que algo quiere esconder una reforma-express de nuestra Constitución. No debemos dejarnos llevar por estas cucamonas y alevosías para que la estrategia de fondo no nos pase como se pretende desapercibida. Como ya nos advirtió Naomi Klein en su libro La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre (2007), la vieja máxima maquiavélica sigue vigente: para los que gobiernan siempre es mejor un pueblo temeroso que un pueblo ilustrado. Con el shock de la crisis y el miedo a que no salgamos de ella y España también tenga que ser rescatada, los ciudadanos -indignados pero más necesitados y/o agobiados- no se oponen a las medidas que sean con tal de salir de la situación de urgencia y volver a cobrar cierta ilusión de seguridad personal y estabilidad doméstica. Lo hizo Bush tras el 11-S, aplicando leyes antiterroristas que le permitían de hecho hacer lo que le rozne. Lo hace ahora nuestro zalamero Zapatero con la excusa y el desastre de la crisis financiera, reformando la Constitución para asegurar los intereses económicos de la actual ideología neoliberal de la UE y del FMI. Si esto lo hace un Gobierno que se dice socialista, ¿qué pasará cuando gobiernen los que se declaran liberales? El gasto social se reducirá tanto que no quedará otra que la privatización radical de los servicios básicos, como está haciendo ya abiertamente Aguirre en Madrid, Cospedal en Castilla-La Mancha y Fabra en la Comunitat Valenciana. Los que se opongan a estos recortes y tijeretazos salvajes serán unos "anticonstitucionales" o bobos que no saben de economía y superávits. En fin, que con esta reforma por los mercados dictada, el capitalismo del desastre llega a España y llega para quedarse. Si siempre no es decir nada.
El pretexto de estrechar así la anónima "mano invisible" de los mercados -el nuevo tirano al que temer- para darle confianza y calmarlo es un cuento chino que nadie entiende. Y es que parece de suyo que se ponga un techo al déficit público, es decir, un límite al posible endeudamiento del Estado, en tiempos de apretarse el cinturón. La lógica -que la tiene- es bancaria y empresarial: no gastar lo que no se puede recuperar; esto es, no dejar al que no te lo va a devolver. ¿Qué pasará entonces con los que no sean ricos y privilegiados? ¿Dónde quedarán los cuatro pilares del Estado del Bienestar: educación pública, Seguridad Social, prestaciones por desempleo y jubilación? ¿Y por qué no limitar también el hiperbólico déficit fiscal autonómico? Sea como fuere, los posibles efectos de tal golpe de Estado bipartidista a la Constitución en realidad vendrán dentro de 8 años o más. No saldremos de la crisis actual, pues, metiendo mano a lo bestia a una Carta Magna virgen desde su bautismo
democrático hace ya demasiado.
Pero, ¿por qué no un referéndum? La respuesta es obvia: la reforma no saldría adelante. Y es que antes como ahora los gobiernos piensan que es mejor un pueblo obediente que un pueblo informado. Lo llaman democracia y no lo es. Es una dictadura y lo sabéis. Así que algo entre todos habrá que hacer... Algunos tacharán a Zapatero de chupacirios por darle excesiva bola a la Iglesia y al papa; otros de chupatintas por no ser más que un empleado subordinado de la banca; quizá incluso alguien piense que nuestro devoto saliente no es más que un chupóptero como la mayoría de los de su especie. Yo, hoy desquiciado por la gravedad del asunto y por la apatía ciega de la gente, me desquito y acuso a Zapatero -también- de "chupabotas": por chaquetero, y por hacer la rosca a los inquisidores del ya único dios mercado. Más, para más indignado. ¿Y tú?

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