Caca de perro

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José María Tortosa Es difícil saber cuántas personas viven en Ciudad de México, la capital de los Estados Unidos de México. Algo así como nueve millones. Eso según una fuente. Según otra, el "Fact Book" de la CIA, se habla de 19 millones de personas, aunque tal vez se refiera a la Zona Metropolitana del Valle de México. Y ya el colmo es el de los que llegan a cifras que se acercan a las de la población española cuando se trata de toda la zona conurbada. No es como para fiarse de esos números: mis colegas, pasando con el coche por el borde de uno de los barrios más complicados de la ciudad, esos a los que la policía no se atreve a entrar, me reconocieron que era imposible saber cuántas personas vivían allí dentro. No te digo si se trata del conjunto de la zona. Pero no voy a discutir esa demografía. Es otra la que me ha llamado la atención.
Se trata de la estimación de cuántos perros viven en esa enorme metrópoli. Y el cálculo habla de tres millones de perros aunque, también aquí, hay otras cifras y tal vez se trate de cuatro millones. No discutamos: aceptemos lo de tres millones.
Aceptándola y según lo que los expertos dicen sobre la biología de dichos animales, resulta que se producen diariamente (insisto, diariamente y calculando 250 gramos por perro y día) 750 toneladas de excretas, deposiciones, cacas, mierdas o cagadas de dichos perros. Pero ese no es el cálculo preocupante. El que llama la atención es que, si eso es así y las cacas de perro son lo que los expertos dicen que son, al día van al aire 15 billones de células de e.coli, la bacteria que tanto ha preocupado a los consumidores centroeuropeos esta primavera y, mucho más, a los agricultores españoles en general y a los cultivadores de pepinos en particular. No voy a bajar a detalles sobre la canción Cómete un buen pepino español de Los Eskombros porque excede a mi capacidad de doble sentido. De todas formas, ya se sabe que hay varias mutaciones del e.coli, más o menos letales para el ser humano, pero la fuente que manejo no dice nada sobre la variedad de la bacteria y se queda en el genérico: 15 billones de células.
Como no estoy para salir a correr por las mañanas (cosa que, por cierto, no he hecho en mi vida), he tenido que sonreír al leer una irónica observación, en la prensa mexicana, sobre los que, en pos de su salud, salen a correr por las mañanas en el Distrito Federal y que lo que consiguen es ponerse en peligro de inhalar alguna de esas bacterias hiperactivas. No llego a tanto, pero reconozco que, cuando salgo caminando por las mañanas a comprar el pan y los periódicos en el pueblo, tengo que ir sorteando las cacas de perros que los madrugadores dueños han sacado a pasear antes de mi desplazamiento. Podía aceptar que pisar uno de tales residuos trae suerte, pero el asunto del e.coli ha sacudido mi fe en ello.
Entonces, ¿a qué se debe mi exposición diaria al e.coli? Pues parece que, en primer lugar, se puede atribuir al poco civismo de algunos vecinos que piensan que "lo que es del común, no es de ningún" y que, por tanto, no tienen ninguna responsabilidad sobre los espacios comunes. En segundo lugar, algunos de los que permiten que los souvenirs de su mascota se queden en el suelo lo hacen porque piensan que "por una caca de nada, no pasa nada". Cierto. Pero el problema es la acumulación de cacas. Y, en tercer lugar, la proliferación de cacas se debe a que el Ayuntamiento, sea cual sea el partido que lo gobierne (en el caso de mi pueblo, hemos cambiado), la crisis de endeudamiento o incluso de quiebra en que se encuentran tiene una reacción previsible: recortes. Y se recorta aquello que se considera menos importante (y, a ser posible, menos visible). La limpieza es un capítulo a considerar, como ya se ha discutido en el caso de Elche.
Volviendo a mi pueblo, sería ridículo evaluar a la nueva corporación por su gestión de las cacas de perro, aunque reconozco que hay quienes la evalúan con criterios todavía más chuscos o incluso sin criterio alguno. Pero sí se puede tomar como un indicador más, sea porque ha convencido a los vecinos a aumentar su civismo sea porque se han preocupado por la limpieza realmente existente.

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