El servicio público educativo

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Daniel McEvoy Bravo Coincidirán ustedes conmigo en que si preguntáramos a los ciudadanos de Elche, o de cualquier otro lugar, cuáles son los dos principales servicios públicos, los servicios públicos que distinguen a una sociedad moderna, la inmensa mayoría de los encuestados respondería que la Sanidad y la Educación.
Del mismo modo, si preguntáramos a esas mismas personas sobre su grado de satisfacción con dichos servicios, los resultados abarcarían una amplía horquilla, desde la máxima satisfacción hasta la crítica más acerba.
Tal vez les interese saber lo que yo pienso, puesto que he dedicado toda mi vida profesional a la enseñanza, desempeñando diferentes responsabilidades, y a menudo me he preguntado por qué esto es así en el ámbito educativo. Siempre he hallado la misma respuesta: los padres consideramos que la Educación es un asunto de la máxima importancia y, en consecuencia, siempre hemos de reclamar su mejora continua.
Pero este hecho no debe ser considerado, en ningún caso, como algo negativo: los usuarios del sistema educativo- padres y alumnos- están en su derecho de reclamar el máximo nivel de excelencia en la enseñanza que reciben, al tiempo que, los que trabajamos en la educación debemos aceptar ese reto y esforzarnos al máximo para conseguir ofrecer a nuestra sociedad la formación que nos demanda y merece.
La consecución de esa educación de máxima calidad es, que duda cabe, un objetivo muy ambicioso. Sin embargo, el camino para realizarlo debe reunir, al menos, las premisas que voy a desarrollar seguidamente.
En primer lugar, tenemos que focalizar todos nuestros esfuerzos en una mejora continua y constante de los rendimientos escolares en todos los niveles del sistema educativo, de modo que los conocimientos que se imparten a los alumnos estén a la altura del tiempo en que vivimos y les otorguen una capacitación profesional que facilite su inserción en el mundo laboral. Con ello conseguiremos, además, que la escuela pública sea un factor prioritario para garantizar la igualdad de oportunidades de todos los estudiantes, con independencia de su extracción social.
En segundo término, es imprescindible que se dignifique la labor que realizan los docentes, reforzar su profesionalización y promover el respaldo de las familias y de la sociedad a los profesores. La Generalitat Valenciana ha dado numerosos ejemplos de iniciativas oportunas y eficaces, tales como el Decreto de Convivencia para los centros docentes no universitarios y la Ley de Autoridad del Profesorado, aprobadas la pasada legislatura. Por el contrario, el Gobierno de España, haciendo como en tantas ocasiones lo contrario que había prometido, ha bajado los sueldos de maestros y profesores, hecho inédito en democracia.
A continuación, sería necesario crear un modelo de educación más flexible, en el que existan diferentes vías formativas que encajen con los intereses y motivaciones de los alumnos y en las que se valoren esencialmente los principios de mérito y capacidad.

Principios de evaluación. En consonancia con ello, el propio sistema también debería promover una cultura basada en los principios de evaluación y rendición de cuentas, principios básicos para fomentar la excelencia y la mejora continua.
Por último, pero no menos importante, es absolutamente fundamental que todos los sectores implicados en la educación (poderes públicos, centros educativos, profesores, familias, alumnos y agentes sociales y económicos) se comprometan a trabajar conjuntamente para la consecución del objetivo propuesto.
Durante los últimos años en Elche no se ha cumplido esta última y fundamental premisa. Muy al contrario, el anterior equipo de gobierno municipal y, especialmente, la ex-edil de Educación, Blanca González, han sido un claro exponente de la máxima que Marx (Groucho, no Carlos) aplicaba a los políticos cuando decía que "la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados". La señora González y el Partido Socialista son los culpables de no haber sentado las bases para que exista la necesaria colaboración entre todos los sectores educativos, especialmente entre el propio Ayuntamiento y la Administración autonómica.
Tengan ustedes la certeza que, a partir de ahora, la Educación no se va a utilizar nunca más como una herramienta ideológica y propagandística, no se manipulará a nadie ni se inventarán problemas, sino que intentaremos solucionar los que ya tenemos.
Al menos yo no lo voy a hacer y, dado que yo-al contrario que otros y otras- redacto personalmente mis escritos, pueden tomar el párrafo anterior como el "leitmotiv" que va a guiar mi actuación al frente de la Concejalía de Educación de Elche durante toda la legislatura.

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