Cambio de programa

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Juan José Millás L o del PSOE ya no sabemos si es disciplina o si son tragaderas. Quizá sea una combinación de ambas cosas, pues lo primero requiere ciertas dosis de lo segundo. Quienes hemos hecho la mili, donde la palabra disciplina se pronunciaba más que la palabra patria, lo sabemos. Al licenciarse, tenía uno que operarse de la garganta para que volviera a su tamaño natural. De lo que no había manera de curarse era de la humillación de aquellos meses eternos. Teníamos un sargento beato y alcohólico que al atardecer, ya completamente colocado, nos obligaba a rezar el rosario de rodillas. Y lo rezábamos, no sé aún si por disciplina o por tragaderas.
Al PSOE le han ordenado que ofrezca misas negras a los mercados financieros y ahí tienen a todo el grupo socialista, con la excepción de Antonio Gutiérrez, arrodillado ante el becerro de oro. Quiere decirse que Zapatero, cual un Moisés inverso, se ha tirado al monte y ha regresado de él con las Tablas de Ley, cuya disposición tipográfica es idéntica a la del Ibex 35 en las páginas de economía de la prensa diaria. Todos los hijos del PSOE se acercaron a ZP y vieron que la piel de su cara resplandecía y temieron acercarse a él. Pero el líder los llamó y todos se congregaron en torno a él y entonces les ordenó votar a favor de lo que a él le habían ordenado los mercados financieros. Y cuando terminó de hablar con ellos, puso un velo sobre su cara.
Viene todo esto a cuento de que en el cambio de programa socialista hay mucha revelación divina, muchas caídas del caballo, muchas conversiones milagrosas. Hace poco veíamos en la tele un reportaje sobre las apariciones de El Escorial y nos causaba asombro la cantidad de seguidores de la embaucadora. Ahora nos causa estupor la cantidad de militantes del PSOE dispuestos a tragarse las nuevas tablas de la ley socialdemócrata. Y no es, rectificamos, por tragaderas ni por disciplina, sino por beatería. Han visto la verdad, qué le vamos a hacer. Tradicionalmente, cuando alguien recibe una revelación de carácter transcendental, un pueblo entero se va al carajo. Y en esas estamos, en irnos al carajo.
Dios nos ampare.

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