Esa especiede los veedores

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Miguel Lizón Especie esa de los veedores que desarrollan papel de relevancia en el mundo del toreo. Veedor es más que simple "mirador". Quien ve pone atención, también intención, en cuanto mira. Veedores de la cosa de la Hispana Patria anduvieron poniendo sus miradas ciudadanas en las urnas el pasado domingo 22 de mayo. Con los resultados que ya todos conocemos y a no pocos, todavía, no dejan de sorprender. Qué cosas tienen los dichosos votos de vez en cuando. En tanto que por campos de bravo, o de menos bravo, los veedores hicieron de las suyas a propósito de la Feria de San Isidro. El veedor, figura de decisiva importancia, decide qué toros son convenientes para qué plazas y para qué carteles de toreros. Sobre todo cuando se trata de primeras figuras. Veedores...
No es una figura de rabiosa modernidad, no, que ya los hubo desde tiempos ya lejanos en la historia. Eso sí, no tenían, ni por asomo, la notoriedad de que ahora disfrutan. Hasta tal punto, que los hay que dedican su actividad "visual" casi en exclusiva a uno o a contados diestros. Suelen tener entrada libre en la mayoría de las ganaderías donde se apartan toros para toreros, generalmente de sonoro cartel. Aceptan o rechazan, los tales veedores, cuanto les viene en gana. Todo a la mayor "gloria" de quienes pagan sus "atinados" servicios. A veces chocan con los veedores de la empresa, que los tiene, sobre todo cuando son cosos de relevante categoría. Y entonces llegan las sustituciones de encierros rechazados, ahí queda el doloroso ejemplo de Madrid en la presente isidrada, con absoluta impunidad y falta de coraje, por parte de la autoridad, de proceder a la suspensión previo puñetazo sobre la mesa. Por respeto al toreo cabal y al aficionado. Veedores, ay...
La empresa de Bilbao envió a su representante, su veedor para entendernos, a que viera los toros de Miura que se lidiarían en su exigente feria. Corrían primeras décadas del pasado siglo XX. Don Eduardo Miura, célebre por sus amplias patillas, así como por su claro carácter, digna hospitalidad para con el visitante, le condujo a un cercado donde pastaban los toros del año. Según el ganadero, había unos ochenta toros. A la pregunta del enviado de la empresa sobre cuáles eran los toros de Bilbao, el ganadero, escueta y rotundamente, contestó : "De los ochenta, seis". Y sin mayores aclaraciones, montó en su cabriolé, junto al derrotado veedor, y se alejaron del lugar. Eso, carácter. A veces sucede que la especie se convierte en especia. De canela o vainilla, tan suaves aromas. No de pimienta. Veedores, esa especie. Alicante. Mayo.

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