No todos somos iguales

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Antonino Fabregat En la Unión Europea -UE- no todos somos iguales. Hay ciertos países -llamémosles terceros- que reciben ventajosos privilegios para exportar sus productos agricolas a Europa al no exigírseles el cumplimiento de la normativa vigente. Esta afirmación se desprende al comprobar que la entrada de cítricos -principalmente limones- de Argentina, Brasil, Marruecos, Argelia y Uruguay se realiza sin el control fitosanitario que exige la Normativa. Extraño privilegio. Es más, a los cítricos producidos en España se les exigen todo tipo de certificados del tratamiento fitosanitario aplicado.
Ante esta discriminación empezaremos por preguntar a los diputados que nos representan en el Parlamento Europeo el por qué no se oponen a este privilegiado desmadre. Los lamentos por la parte española son de todo orden.
Y no decimos que a la citricultura española no se le exija, pero a la par debería aplicarse la norma para los cítricos que llegan desde países terceros. Insistimos, sin control fitosanitario. Hemos preguntado, insistentemente, a entendidos en la materia y no encontramos a alguien que nos aclare este descontrol, privilegio, prebenda o como queramos llamarle, para unos: los de países terceros; y discriminación para otros, en este caso, para los españoles.
Merece la pena aclarar que como se cultivan los cítricos en la comarca del Bajo Segura, en ningún otro lugar del planeta se hace. A las pruebas nos remitimos.
Aquí, y lo vemos muy bien, cada vez que un exportador compra una partida de limones o naranjas, exige al agricultor el certificado del tratamiento, por si la fruta llevase restos de pesticidas prohibidos. Insistiremos una y mil veces: El por qué a los cítricos españoles sí y a los de países terceros no. Con la de plagas que traen.
Ante esta injusticia ¿qué hacen nuestros diputados, además de pasárselo a la sopa boba -dame pan y dime tonto- en Bruselas o Estrasburgo? Viendo tanta calamidad y que no se les mueva la sangre. Exigencias ¡sí!, pero para todos.
Así ocurre lo que ocurre. Se importan limones de los paises relacionados -los de ultramar hacia España entran por el puerto de Cartagena, para otros países de Europa entran por Ámsterdam- y, como quiera que allá el tratamiento brilla por su ausencia, cada limón que llega va acompañado con su plaga correspondiente.
De países terceros han sido "importados" ejemplares tan distintivos como: el minador, que llegó en 1993 desde Marruecos y ha costado miles de millones controlarlo. La mosca ceratitis capitata, la araña roja,ácaro rojo, ácaro de las maravillas, trips del naranjo, prays del limonero, la cancrosi, el greening. Alternando los países de procedencia desde Argentina, Marruecos, Brasil, Uruguay o Argelia.
Por si faltaba poco, ahora se cierne una nueva amenaza. Una nueva plaga, muy extendida en Centroamérica: El dragón amarillo -llamado el sida de la fruta-, aquí no lo conocemos, todavía. Agoreros entendidos en la materia afirman que si este nuevo bicho campa en España, se acabó la citricultura.
Ante tanto favoritismo, conformismo, y agachar la cabeza señores eurodiputados -que por cierto dedican la mayor parte de su tiempo a bostezar, roncar, a la par que gozar de un buen sueldazo-, señores europarlamentarios/as, senatoriales españoles, autonómicos, diputaprovinciales, municipales -¡uf! ¡que agobio de parlamentos!-. Tampoco estaría de más que de vez en cuando se ganasen su jornal trabajando, discurriendo en pro de quienes los/as votamos y les pagamos.

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