En son de paz

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Mari Carmen Díez Navarro En los colegios, en las políticas, en las televisiones y hasta en las charlas de café, se habla de la paz, como si fuera un buen deseo, como si fuera un "ente" imprescindible a tener en cuenta para vivir "positivamente", como si fuera una de las cartas clave para la magnífica colección de lo bueno, lo justo y lo necesario. Artistas, políticos, maestros y personas de a pie decimos con convencimiento que queremos la paz, que nos preocupa la guerra, la violencia y los ataques, vengan de donde vengan. Y con razón.
Sin embargo, de tanto decirlo, se nos está quedando un poco hueco el sentido de esta añoranza de un vivir más tranquilo, más solidario, más confiado. De tanto soñar con esa paz querida y no tenerla, se nos acostumbra el cuerpo al doble mensaje del "querer y no poder", y nos quedamos en tablas, paralizados ante el fenómeno impactante de la muerte, el dolor y la devastación que suceden cada día en los lugares en los que reina la guerra.
Muchas veces miramos, sin ver, las imágenes terribles del reparto de comida o de mantas en una zona envuelta en un conflicto bélico. O las de los heridos, o los muertos. O las de los niños que caminan entre miles por carreteras sin fin, cargados de lo poco que tienen, de su hambre y de sus ojos tristes. O las de los adolescentes armados de pistolas y de defensivas ferocidades. Vemos esas constataciones del primitivismo humano, y enseguida que podemos, intentamos olvidarlas. Lógicamente, para preservarnos de sufrir. Pero amargamente, porque esa huida de nuestras propias miradas, nos deja con la impresión de haber abandonado, aunque sea simbólicamente, a otras personas.
Entre todo este juego de ver y no querer ver, de desear y saber que seguramente será un deseo en vano, de pedir intuyendo que nos quedaremos con las ganas, están los poderes, las alturas, las decisiones, las economías y los orgullos codiciosos de los países. Genera impotencia pensar que hay guerras buscadas y organizadas por quienes pretenden el mando y el dinero, que cuesta encontrar una paz duradera, que hemos de explicar a los niños que los mayores no han aprendido aún a controlar sus impulsos, a repartir sus ganancias y a mirar alrededor compasivamente.
Ante esta fuerte sensación, lo que quizás lograría movilizar una postura más activa es plantearnos no las guerras que nos pillan lejos, sino las que tenemos cerca, ya sea en el trabajo, en la calle, en casa o en la cotidianidad. Y tratar de encarar los desencuentros con las palabras, la empatía y la búsqueda de arreglos, apaños y demás reparaciones.
En la escuela, los niños desde bien pequeños se plantean las guerras y las paces a partir de lo que escuchan a sus mayores, de lo que ven en la televisión, y de sus propias vivencias. Y a mí me resulta mucho más sencillo y efectivo dialogar con ellos en torno a la idea de una paz cercana y caserita, que de la otra paz, que veo bastante lejos de nuestras posibilidades.
Así que mi propuesta es caminar hacia conseguir posturas abiertas, respetuosas y consideradas con respecto a los demás. Y rechazar las posiciones atacantes, intolerantes y agresivas. Un pequeño remiendo, la verdad, pero al menos un paso concreto en son de paz.
¿A qué os suena "la paz"?
-A mí a "déjame en paz".
-A mí a que te tienes perdonar con otro.
-A mí a que seamos amigos.
-A mí a cuando alguien dice: "Un poco de paz, por favor".
-A mí a paloma.
-La paz es algo bueno.
-¿Y la guerra, qué sabéis de ella?
-La guerra es hacer daño porque se mueren las personas.
-Si matan a otros en la guerra, tienen que enterrarlos.
-Y cuando te matan, las personas que te conocen lloran.
-Lo que yo no entiendo es por qué se pelean.
-Yo sí, están peleándose dos, y le piden ayuda a otros y se pelean todos, y así se empiezan las guerras.
-Ahora hay guerra en Egipto y van a estropear hasta las pirámides, con lo que a mí me gustan.
-En la tele salió que un boxeador le mordió la oreja a otro y le arrancó un trozo y eso sí que es guerra.
-Aquí estamos bien porque no hay guerra y podemos dejarles sitio a los niños de países donde hay guerra, así no morirán.
-Que paren ya con tanta guerra, que yo ya he aprendido a no pegarme con mis hermanos.
-En paz se vive mejor.

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