Comenzar de nuevo

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Juan Antonio Román Miralles No existen paliativos para calificar la debacle del Partido Socialista. Es cierto que la derrota se esperaba debido a las encuestas que se iban sucediendo, pero el resultado, ahora objetivo, debe empujar a todos a una reflexión en profundidad.
Me resisto a culpabilizar de la derrota a la crisis y el paro, tal y como lo han hecho algunos candidatos, empezando por el propio Zapatero. La crisis ha supuesto un cambio de ciclo para el que el socialismo español no estaba preparado; tanto es así, que a los españoles no les ha dolido las medidas de recorte tanto por el impacto económico en sus bolsillos, que también, sino por la imagen de falta de criterio que ha dado el Gobierno español, que parecía títeres en manos inmisericordes de no se sabe quién: los mercados, el G-20, Merkel o todos a la vez. Lo que ha ocurrido es que el socialismo no estaba preparado, pues no tenía más solución que la prestada por otros.
Tampoco se puede culpabilizar de forma global a la socialdemocracia europea, que vive momentos de penumbra, esperando una revisión que no llega, puesto que la española tiene sus particularidades que la hacen merecedora de un especial reproche. El PSOE no ha ofrecido alternativa, lo mismo de lo que se acusa al PP, y no la ha ofrecido porque no la tiene, a diferencia de los populares, que la disimulan. Desde los años ochenta no ha habido un proyecto político en el PSOE que haya sabido articular las demandas sociales, más bien al contrario, el Partido Socialista ha ido perdiendo su base social, cada vez más desfigurada. Si bien, nos enfrentamos a una mayor atomización de la sociedad que impedirá que el Partido Socialista pueda sostenerse sobre un sector de la sociedad, como lo ha venido haciendo de forma malograda hasta ahora, removiendo sus cimientos y poniendo en claro peligro todo su edificio.
El PSOE debe comenzar de nuevo. No es momento de primarias, pues no está en juego únicamente el cabeza de cartel de las generales, es momento de repensar el partido y el socialismo. Para ello, Zapatero debe presentar su dimisión como secretario general y la gestora convocar un congreso que cambie la estructura y organización del partido y abra el debate sobre las ideas, es decir, se debe iniciar el camino hacia la refundación del PSOE.
El PSOE no es un partido centralista, por tanto, lo mismo debe ocurrir en las federaciones que lo integran, comenzando con la Comunidad Valenciana. A pesar del desgaste de Camps, que ha retrocedido en número de votos, todavía ha sido más clamorosa la derrota. El PSPV ha sufrido un rechazo histórico a su liderazgo, ya sea su secretario general, Alarte, con los peores resultados de la democracia, o su vicesecretario general, Alejandro Soler, al haber perdido el feudo socialista más importante del PSPV, o su secretaria de Organización, Elena Martín, dejando la representación del partido en el Ayuntamiento de Alicante como algo testimonial.
Los intentos de algunos dirigentes de desmovilizar la necesidad de hacer tabula rasa es la peor apuesta que se puede hacer por el partido, pero igual de pernicioso es que la única motivación de algunos sea ocupar los cargos que otros dejen.
No hay vuelta atrás, el PSOE debe dar los pasos hacia una nueva organización y nuevas políticas.

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