EN DIRECTO

Demasiado amor a Benidorm y 189 votos

 01:44  

Arturo Ruiz DADME el poder y os haré poderosos". La cita es de Augusto. El primer emperador de Roma logró acabar con las guerras civiles que devoraban la República para que ningún pueblo bárbaro se aprovechara de las cuitas internas de una ciudad que sólo así, bajo el manto de una paz férrea, comenzó a ser eterna. Casi dos milenios después, a finales de la década de los 80 del siglo XX, la derecha de Benidorm caminaba de derrota en derrota electoral hacia su autodestrucción final, fraccionada entre la gente de Miguel Barceló y la de Vicente Pérez Devesa. Hasta que apareció su particular augusto, un tal Eduardo Zaplana, quien pacificó, unificó y le sirvió a Pérez Devesa una era de cálidas mayorías absolutas. Pero la historia regresa siempre. Ahora, adormecido el poder de Zaplana por el campismo imperante, el PP ha traicionado su propia memoria y se ha roto de nuevo, quebrado entre las huestes de Manuel Pérez Fenoll y las de Gema Amor. Los populares han retornado así a los pírricos resultados electorales de los noventa mientras el PSOE de Agustín Navarro ha sido incapaz de aprovechar el regalito para consolidar aquel gobierno que cinceló a base de transfugismo. El domingo fue crudo con la ciudad y bueno con el CDL de Amor: no hay mayorías absolutas y sí una triunfadora que con sólo 3.360 votos le ha exigido la Alcaldía a unos y a otros. Los bárbaros de la inestabilidad política acechan .

¿Autocrítica? Pérez Fenoll y Navarro lamen sus heridas pero no hacen demasiada autocrítica. Fenoll se limita a calibrar que sumando los votos del centro-derecha este espectro ideológico ha logrado un resultado histórico. Navarro, que Amor le arrebató los votos descontentos con el fenollismo que de otra forma habrían ido a parar a su bolsa. Los dos deberían preguntarse cómo es posible que alguien que en abril aún no había formado el partido con el que se presentó a las elecciones ha sido capaz, en 3 semanas de campaña, de poner en jaque las maquinarias de los dos partidos mayoritarios.

Contengamos la pasión. Ahora bien, con estos mimbres, populares y socialistas se han visto de pronto interesados en componer la misma cesta: desde el domingo, los dos perciben que hay demasiado amor a Benidorm. Y amar es una práctica saludable, pero tampoco hay que pasarse, sobre todo después de que Gema (que no dudó en poner su apellido como slogan electoral) haya proclamado (con esa agresividad un tanto temeraria con la que maneja los tiempos políticos) que quiere la Alcaldía. Reflexionemos, han dicho desde el PP. Contengamos esta pasión, que no era la que nosotros anhelábamos, han sopesado desde el PSOE. Ninguno quiere tanto amor porque sospechan que la portadora del apellido se puede convertir (con el antiguo emperador de finales de los ochenta en la sombra) en una figura demasiado poderosa: a ver qué es capaz de hacer ella con la vara de mando si con un partido como el CDL ya ha hecho tanto en tan poco tiempo. Las familias populares prefieren mantener a Pérez Fenoll, aunque sea en la oposición, con tal de que eso no ocurra. Y el PSOE, después de engordar un problema que no era el suyo piropeando a Amor en plena campaña, tampoco le entregará la Alcaldía por muy apetecible que sea mantenerse en un gobierno donde, además del despacho noble del Consistorio, hay otros manjares que degustar.

Alguien no va a ser alcalde. Queda una pregunta por responder. ¿Aceptará Gema un pacto con PP o PSOE que no le reporte la Alcaldía? Seguro que no con el PP, pues no se acepta como jefe a alguien (Fenoll) del que se ha dicho que debe retirarse de la política por dignidad. Difícil con el PSOE, al ser consciente de que una alianza con los socialistas sin vara de mando es muy poco para un partido como el CDL que pesca en el caladero de la derecha y, si por alguien no siente un especial amor es, precisamente, por Navarro. Sin pactos, sólo puede gobernar la lista más votada: y por 189 votos (por tan sólo 189 votos) ésa es la socialista. Así que una cosa parece clara: de los tres candidatos hay uno que no va a ser alcalde. Salvo sorpresa mayúscula, claro: que esto, al fin y al cabo, es Benidorm.

Enlaces recomendados: Premios Cine